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domingo, agosto 14, 2011

Cuerpo, de Harry Crews (¿Todavía no lo leíste?)

“¿Dónde estaba el americano[1] que tuviera alguna cosa y no deseara que fuese la más grande de todas cuantas existiesen?”, se pregunta uno de los personajes de Cuerpo, la desopilante y muy ágil novela de Harry Crews, que nos acaba de traer a España la unión entre las editoriales Acuarela Libros y Antonio Machado.

De músculos grandes, y de otras cosas, habla Cuerpo (Body), cuya publicación es un hito en la edición hispanohablante: es el primer libro traducido a nuestra lengua de Harry Crews, autor de culto y referencia de la literatura del sur estadounidense, ese sur que ha hecho posible la aparición de genios como Mark Twain, Eudora Welty, John Kennedy Toole o Carson McCullers.

Crews, que también pertenece a esa estirpe de escritores estadounidenses malditos que nos retratan el lado más oscuro de la opulenta sociedad estadounidense, narra en esta novela las vicisitudes de Shereel Dupont, aspirante al mayor título de fisicoculturismo del mundo, el Miss Cosmos, cuando su carrera hacia lo más alto se ve sacudida por el terremoto que significa la llegada imprevista de su rústica familia sureña (de Waycross, Georgia) para asistir a la consagración de la hija pródiga.

El certamen de Miss (y Mister) Cosmos tiene lugar en las instalaciones del hotel Blue Flamingo de Miami, concebido expresamente para que sea el paraíso de la tribu de los culturistas. Pero la llegada de los Turnipseed (en inglés, semilla de nabo) lo ha convertido en un infierno.

Los Turnipseed son la familia de Shereel Dupont, quien decidiera enterrar su nombre original, Dorothy Turnipseed, porque, evidentemente, ningún jurado otorgaría el máximo premio mundial a una participante apellidada Semilladenabo. El cambio de nombre, impulsado por su mentor y entrenador, Russell Muscle Morgan, fue abrazado con entusiasmo por la nueva Shereel. Ambos esperan que eso la ayude a superar a su gran contrincante, la escultural y negrísima Marvella Washington, entrenada por el archirrival de Russel Muscle, Wallace The Wall Wilson (autor de la pregunta que abría esta reseña).

La poderosa prosa de Crews (o la muy poderosa traducción de Javier Lucini) nos sumerge en un maremágnum de situaciones hilarantes y absurdas dignas del mejor Tom Sharpe, protagonizadas por un elenco de personajes tan grotescos y logrados que nos recuerdan a los de John Kennedy Toole.

No por ágil (que lo es) ni por divertida (que lo es) carece la novela de Crews de profundidad. Hablando desde la superficie de unas situaciones y unos personajes para los que la imagen es (casi) todo, Crews nos muestra el cariz más sórdido de sus anhelos, la fragilidad de los espíritus que se esconden bajo sus cuerpos olímpicos.

En Cuerpo no faltan el amor, la ternura, ni la tensión sexual. No faltan la violencia, las ambiciones desmedidas ni la sangre. No faltan el humor, el ritmo trepidante ni los diálogos envenenados. No faltan el alcohol, las armas ni las jeringuillas. Falta, sí, el aburrimiento.

Cuerpo nos habla de las bajezas de un heterogéneo grupo de seres humanos mediante la muy efectiva y sanísima tradición anglosajona de contar historias, tan lejos del terreno de las aburridísimas disquisiciones mentales en las que desgraciadamente se ha instalado gran parte de la fauna literaria hispanohablante. Con honrosas excepciones.

Este libro es tan bueno que es capaz de mostrarnos belleza en esos cuerpos moldeados a través de la hipertrofia muscular a nosotros, ciudadanos de a pie que no solemos ver en ellos sino un exceso de carne más cercano a la monstruosidad que al virtuosismo. Dicho de otro modo: Crews sumerge al lector en la piel y en la atmósfera de esta novela, no importa cuál sea la temática. Y a partir de ahí, a disfrutar.

Así que sólo me queda agradecer a los muchachos de Acuarela que nos hayan acercado a Crews. Y que estén preparando la traducción de su primera novela, The Gospel Singer. La esperamos con ansias.


[1] La excelentísima y enormemente lograda traducción de Javier Lucini utiliza el gentilicio “americano” como sinónimo de “estadounidense”, como es ampliamente aceptado en España.

domingo, marzo 14, 2010

Películas de libro, y viceversa

Mi amigo Cristian Vázquez escribió una entrada en su excelente blog literario Una birome sobre la relación de la literatura con sus adaptaciones cinematográficas. El tema da para escribir no un libro, sino varios, pero al empezar a escribir un comentario en su entrada, me enrollé mucho y decidí que era una buena oportunidad para tocar un tema que me interesa mucho en una entrada en este blog.
Una película y un libro son obras diferentes.
Se puede efectuar el ejercicio, sumamente placentero, enriquecedor y, por lo tanto, recomendable, de leer primero el libro y después ver la película.
Hay casos en los que la novela fue escrita después de la película. Marcelo Figueras escribió su novela Kamchatka, después de haber escrito el guión de la película, e incluso después de que ésta fuera comercializada. Si bien, como dije antes, no es del todo correcto comparar una película con un relato o novela debido a que son obras diferentes, con formatos y capacidades comunicativas distintas, como en definitiva los seres humanos tenemos libertad de opinión, voy a decir que me gustó mucho más la novela posterior que la película (que ya era muy buena).
Estoy de acuerdo en que la "fidelidad" al original no tiene por qué ser blandida como una virtud a resaltar. Es más: dicha “fidelidad” tendería a hacer más defectuosa la obra "fiel", dada la imposibilidad de trasladar "fielmente" un contenido o un significado de un formato a otro. Además, ¿para qué carajo queremos "fidelidad" en el arte si, justamente, el arte (literatura, cine, pintura, teatro, etc.) tiene la maravillosa capacidad de provocar en cada uno de nosotros interpretaciones diferentes y esa es una de sus mayores riquezas?
Incluso hay casos, como el de Eduardo Mignogna y su novela y posterior película homónima La señal, en los que el propio autor escribió el guión con cambios importantes en el argumento (que no comentaré para quien quiera leer el libro y, después, ver la película¹). A mí me gustaron ambas, novela y película, y no me atrevo a decir cuál de las dos es mejor. Pero sí tengo claro que me parecieron diferentes y que sería un error intentar compararlas con la intención de sacar conclusiones definitivas: sólo serviría hacerlo a modo de análisis enriquecedor de la experiencia.
Mignogna, autor de la excelente y recomendable novela Cuatrocasas (antecedente, para mí, de La vida entera, de Juan Martini), ya había incursionado en la experiencia de filmar una novela suya, con La Fuga. La película –que vi varias veces- me pareció excelente, aunque aún no tuve la oportunidad de leer la novela. Voy a buscarla.

¹La versión fílmica de La señal iba a ser dirigida por el propio Mignogna, pero el novelista y director falleció sorpresivamente en 2007 cuando estaba por empezar la filmación, por lo que su protagonista, Ricardo Darín –quien ya había trabajado a las órdenes del novelista y director en el El faro y La fuga-, se hizo cargo de la dirección junto a Martín Hodara, asistente de Mignogna.

martes, febrero 09, 2010

“Publicar un libro en coautoría es intentar hacer frente al miedo”

Lorena Álvarez de Sotomayor y Belén Espiga, escritoras noveles

Lorena Álvarez de Sotomayor y Belén Espiga decidieron llevar a libro doce años de amistad. Años en los que compartieron fortunas e infortunios, amores y desamores, alegrías y tristezas. Doce eneros está conformada por una especie de diálogo entre un texto y otro, algunos de ellos poemas, otros relatos difíciles de clasificar, y es el primer libro que publican después de que uno de los editores de Incógnita, una editorial que pretende dar difusión a autores noveles, sugiriera que le dieran forma a tanta sustancia acumulada. Una periodista y una profesora se unen para ser coautoras de un libro en el que desnudan sus más sentimientos más íntimos.
¿Cómo se les ocurrió llevar doce años de amistad a un libro?
Lorena: Yo no le había enseñado mis poesías prácticamente a nadie. Los conocía Rubén, el editor, que es amigo personal, y poca gente más. De mi familia no las había leído nadie. Cuando se las llevé a Rubén, quería era que él, como parte de una editorial, me diera una opinión. Y de repente me dice: “Bueno, ¡vamos a publicar!”.
Belén: Yo al principio no tenía ganas, pero Lorena es muy impulsiva, es embaucadora. Te dice: “Vamos a ver esto, y te envuelve”. Es una conversación, llevamos muchos años de amistad y hemos hablado de todo eso que se menciona en el libro. No en poesía, evidentemente.
¿La poesía es un poco un escape de vuestras tareas cotidianas, una como profesora y otra como periodista?
Belén: La poesía me ayuda, creo que en vez de ir al psiquiatra yo tengo la poesía. Soy profesora de secundaria y me angustia ver a los niños que no hacen nada, no se sacrifican, no salen adelante. Me preocupan mucho las vidas que tengo en mis manos y que no veo un mundo para ellos. El otro día escribí una poesía sobre eso
Lorena: Coincido con Belén. Para mí, escribir es un desahogo. Me pareció curioso que cuando la gente leía nuestros poemas, nos decía: “¡Qué horror, debéis haber sufrido muchísimo las dos”. Y no es que hayamos sufrido un montón, pero normalmente escribimos cuando estamos mal. De todos los poemas que tengo yo, positivos hay dos o tres. Cuando estás contenta no te pones a escribir, disfrutas del momento. Cuando estas mal, te desahogas.
¿Cómo se sienten desnudando sentimientos tan fuertes que antes eran de su esfera más íntima?
Belén: En la presentación, yo sentía realmente que me estaba desnudando ante la gente. Estaban mi madre, mis dos hermanas, mis mejores amigos, mi novio… la gente clave de mi vida. Y de ellos, absolutamente nadie había leído ni una sola vez mis poesías. Tenía la sensación de desarmarme. Y lo más grato de todo es que mi hermana, que siempre ha sido muy critica conmigo, me abrazó y me dijo “Qué talento tienes Belén, yo esto no lo sabía”. Yo escribo desde los trece o catorce años, y siempre me ha dado vergüenza mostrar algo, porque es una cosa muy personal, son sentimientos muy fuertes.
Lorena: A mí me daba miedo que la gente dijera “¿Y ésta qué está escribiendo, qué dice está loca?... Vaya cursilada”. Tenía mucho miedo a la hora de publicar mi libro porque era como mostrar las tripas. Pero ahora ya no lo pienso tanto, y es curioso, porque ahora es cuando la gente realmente tiene el libro y va a empezar a leerlo. Yo siento que me he quitado un peso de encima, es como que ya voló. Antes de publicarlo era peor.
El libro está presentado en un formato bastante poco habitual, un diálogo entre poesías y textos de otro tipo.
Lorena: Lo de Belén es poesía, y lo mío en realidad es un poco raro, son ideas que se me ocurren, minirrelatos, prosa poética, no sé ni lo que es… Después de mostrar mis poesías en la editorial y de que yo metiera a Belén en este sarao, los editores nos propusieron darle más la forma de un libro, graficando cómo había sido el dialogo y a partir de eso empezamos. Hicimos la primera selección, la segunda selección y la organización del orden cronológico y en secciones.
Esto de hacer un libro en coautoría, ¿es una forma de restarle importancia al ego?
Lorena: Y de restarle importancia al miedo, porque la verdad es que uno solo, ahí, con algo tan fuerte… Yo creo que era más una cuestión de miedo que de ego. Estar con alguien al lado lo hace todo más fácil.
¿Y las ilustraciones que acompañan el libro?
Belén: Es la tercera pata de esta historia. Él no quiere protagonismo. En el libro no quiso salir en portada. Es un amigo nuestro, dibujante y artista, y le dijimos que las ilustraciones de los capítulos no las hiciera conforme a nuestros poemas sino que, sabiendo la temática de cada capitulo, hiciera una creación propia. Y eso hizo.
¿Cómo han logrado publicar en una editorial pequeña? ¿Ustedes financiaron la edición?
Lorena: No. Incógnita Editores es una editorial para gente que está empezando. Así demuestran que les encanta lo que hacen y que realmente quieren sacar a la luz a la gente nueva y apoyarles. Ellos tienen sus trabajos y hacen esto por amor al arte, no para sacar dinero, porque como mucho sacarán treinta euros de todo esto. Ellos editan, dan su opinión, sus enfoques, lo corrigen, lo maquetan, lo llevan a imprenta, no te cobran nada y corren con todos los gastos. El día de la presentación se venden los libros, y con lo que obtienen con la venta de esos ejemplares, prevén recuperan los gastos de impresión. Hacen las horas de edición gratis y una vez que han recuperado la inversión inicial, de los ingresos por el resto de los libros que se vendan ellos se quedan el 45 por ciento, mientras el 55 por ciento restante es para los autores. Ellos venden también los ejemplares anteriores a través de su página web. Esos porcentajes son muy generosos comparados con los de las editoriales grandes, que te garantizan una distribución pero suelen dar al autor entre un 5 y un 10 por ciento, y que al tener una red comercial grande, te pueden decir que han vendido 10 y han vendido 100 y no tienes forma de comprobarlo…
¿Volviendo al tema personal, ustedes desde cuándo se conocen?
Lorena: Belén fue mi profesora, nos conocimos cuando yo estaba en el colegio, tenía catorce ó quince años. Cuando ella dejó de darme clases nos fuimos haciendo amigas y desde entonces hemos mantenido la amistad y el contacto permanente.
¿Y ahora están creciendo juntas las dos?
Belén: Evidentemente, ella más rápido que yo. La gente que elijo para mi vida es gente que crece. La gente gris no me gusta, me gusta la gente que aprende, que quiere renovarse día a día. Yo siempre digo que hasta que no me muera, me seguiré renovando. Y como creo en el más allá, me seguiré renovando en el más allá.

domingo, agosto 30, 2009

Bryce Echenique: "Tras 35 años en Europa, lo que más aprendes es hasta qué punto eres peruano"

Entrevisté al escritor peruano Alfredo Bryce Echenique en 2002, después de que su novela El huerto de mi amada fuera galardonada con el premio Planeta de ese año.

Bryce estaba bastante contrariado porque acababa de perder el manuscrito de una novela que tenía lista para las correcciones finales, algo que atribuía al ajetreo de su vida de promociones y viajes, pasando de un hotel a otro, de una ciudad a otra, armando y desarmando maletas, dando conferencias, ruedas de prensa y entrevistas sin parar, algo que para él resultaba “muy incómodo”.


Acababa de regresar a vivir a Perú después de treinta y cinco años residiendo en Europa, y esta nueva experiencia de vida lo estaba afectando y enriqueciendo mucho. Hablamos de su literatura, de sus motivaciones y su metodología de trabajo, de su vida como exiliado y su regreso a Perú. Hablamos de política, de la realidad de su país y de Latinoamérica. El presidente de Perú todavía era Alejandro Toledo, y Lula no se había convertido aún en el mandatario de Brasil. Al igual que hice en muchas de mis entrevistas de esa época, no dejé de preguntarle por las analogías que veía entre su país y Argentina, cuya actualidad en esos años era muy seguida en la prensa del mundo hispanohablante debido a su carácter de paradigma de la caída de un modelo, el neoliberal, que fue un triste ejemplo de cómo una sucesión de malas gestiones y una ineficiente e inescrupulosa actuación de organismos económicos internacionales pueden llevar a todo un país a la ruina. Puede que, como entrevistador, buscara hablar de los temas en los que me podía mostrar más seguro, evitando entrar en terrenos que dejaran demasiado en evidencia mis falencias, mis lagunas y mis desconocimientos (aunque esto fuera un imposible: no hay que tener pavor a que tus lagunas terminen saliendo, pues tarde o temprano, aparecen. Hay que mostrarlas con humildad y dignamente).


Bryce aún no había recibido acusaciones por el plagio de varios artículos periodísticos. Tras varias acusaciones en este sentido a partir de 2007, el peruano Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi) condenó en 2009 al escritor a pagar una multa de unos 40.000 euros debido a pruebas irrefutables de plagio. Ya en la entrevista Bryce manifestaba cierto cansancio por sobrecarga de trabajo, al decir que antes de su viaje a Europa (que lo retendría en el viejo continente durante más de medio año) había enviado por adelantado artículos "casi para un año", y confesaba sentirse agobiado por el ritmo que le imponían sus compromisos literarios y periodísticos.

La entrevista fue realizada el 16 de julio de 2002 en Santander, y un extracto de la misma se publicó el diario ABC al día siguiente. La página original del periódico puede ser consultada al comienzo esta entrada.


Con ustedes, la entrevista completa.


Que la disfruten.

LEER LA ENTREVISTA COMPLETA

viernes, agosto 21, 2009

Juan José Saer: "Siempre trato de que escribir no sea una tarea forzada"

Una de las pérdidas más importantes para la literatura argentina y mundial de los últimos años fue la de Juan José Saer, en 2005. Su muerte, muy prematura (no había cumplido aún los 70 años), nos ha privado de las obras que Saer habría escrito en el caso de seguir vivo más años.

Tuve una conversación muy animada con él en abril de 2002, cuando estuvo en Madrid promocionando un lanzamiento triple: las novelas La pesquisa y Las nubes, y el libro de relatos Lugar. En el diario ABC, donde trabajaba, sólo se publicó un fragmento muy pequeño de la misma.

Saer se mostró extremadamente cercano, con una naturalidad que me hizo sentir más como si hablara con mi viejo o con un amigo de su generación que con uno de los mejores escritores del mundo en ese momento.

Muchas veces, la versión escrita de una entrevista no hace justicia con la oralidad, que brinda matices y sentidos que se pierden con la transcripción. Por eso siempre intento que en las transcripciones se mantenga lo más posible el sentido de la oralidad del entrevistado, pese a las obligadas correcciones que es inevitable hacer para que el texto sea inteligible.

Tras esta breve introducción a la entrevista, los dejo con el entrevistado.

Que disfruten.

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domingo, agosto 16, 2009

Juan Forn: "Estamos empezando a vivir con una actitud menos tilinga y superficial"

Esa frase es de 2002, y me la dijo Juan Forn cuando lo entrevisté, muy poco después del estallido de la crisis de diciembre de 2001, una de las más grandes que experimentó Argentina. Él estaba en Madrid presentando su excelente novela Puras mentiras, y en la entrevista queda claro que aún estábamos los dos muy afectados por los acontecimientos sociales y políticos de nuestro país. Creo que siempre es bueno releer lo que decíamos hace años, porque nos brinda una visión más profunda de dónde estamos ahora (en todo sentido). Nos sirve para ver en qué mejoramos, pero, sobre todo, en qué empeoramos.

En la entrevista hablamos de todo: de la crisis, de la vida en las ciudades, del oficio de escribir, del papel de su grupo generacional en la Argentina de los '90, y más.

Como de costumbre, se publicó en su momento un fragmento en el diario ABC, donde yo trabajaba en ese momento: aquí pueden leer la entrevista completa.

Que la disfruten.

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viernes, abril 24, 2009

Los verdaderos protagonistas

Mi nombre es nadie. El viaje más antiguo del mundo es el título de un libro con cuatro CDs de audio, con treinta reportajes radiales dedicados a esas personas que arriesgan su vida lanzándose en precarias embarcaciones, desde diversos países africanos, para llegar a España, donde consideran que tendrán más posibilidades de lograr una meta sumamente ambiciosa: cumplir sus sueños. Más ambicioso es, de todos modos, el hecho de lanzarse a tal viaje arriesgando seriamente su vida.
Una gran obra periodística que, como los mismos autores explican, incluye una introducción para explicar quiénes son los africanos, qué es África, por qué se van, cómo llegan, describe los lugares por lo que pasando en su viaje, los último puntos de partida hacia Europa, el papel de la familia, las asociaciones que intentan que se respeten sus derechos, la especial situación de las mujeres y los menores, las mafias, la actuación de los gobiernos y las autoridades, los regresos y las repatriaciones, la vida de los que llegan, y por supuesto, historias individuales.
Sus testimonios, un rosario de engaños, estafas, violencia y atropellos por parte de los patrones de los barcos y de las autoridades de los diferentes países - en el caso de las mujeres se añaden los abusos sexuales -, permite ponerles una identidad y conocer a fondo un fenómeno del que permanentemente recibimos noticias superficiales, cuyos protagonistas vemos a diario en las calles - aquellos que lograron llegar, que no cumplen sus sueños, pero que no quieren volver a su país - pero del cual sabemos muy poco. Casi nada.
Las fotografías son de Juan Medina, argentino universal, compatriota y compañero, posiblemente quien mejor ha retratado el drama de quienes llegan a España procedentes de países africanos en una odisea en la que se juegan la vida. Y de quienes no llegan pero sí el que fuera su cuerpo, aunque sea para que sea retratada la brutalidad de este asunto.
En una ocasión, Juan me decía, hablando de un premio ganado por un colega de quien yo destaqué cierta valentía para meterse en sitios poco recomendables en busca de las mejores imágenes: "Pero eso no importa".
- ¿Y qué importa?
- Los que salen en las fotos.
Comparto absolutamente ese punto de vista. El periodista no importa. Importan los que salen en las fotos. Desprecio a aquellos colegas que se creen más importantes que los protagonistas de sus historias.
El elogio de esta obra no debe hacernos perder el norte: lo que importan son los verdaderos protagonistas. Aunque los autores de este libro se llamen Carla Fibla y Nicolás Castellano. El cometido de estas producciones periodísticas no es el éxito de sus autores, sino algo mucho más simple e importante: dar voz y poner nombre, dar una identidad, a los protagonistas de sus historias.