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miércoles, enero 07, 2009

Sandra Castillo, una mujer y una misión

Foto: Feliciano Tisera
"Yo no sé qué misión es la que yo tengo en este lugar. Si me daba cuenta de que este lugar estaba en esas condiciones, jamás hubiera hecho entrar a mi familia a vivir aquí"
Su nombre, Sandra Castillo: un paradigma de todas las virtudes de la mujer dominicana, una líder de una fortaleza y una capacidad de lucha admirables, que genera admiración y respeto en quienes han visto de cerca sus batallas por mejorar la vida de su comunidad.
En 1996, la comunidad de Paraíso de Dios, en el municipio de Haina, vecino a Santo Domingo, República Dominicana, fue calificada por la Fundación Blacksmith como el tercer pueblo más contaminado del mundo.
El motivo era una fábrica de reciclaje de baterías de la empresa Metales y Óxidos S.A. (Metaloxsa), responsable de las baterías Meteoro, unas de las más populares del país, cuya publicidad se halla por doquier en enormes carteles de las grandes avenidas de la capital.
La empresa dejaba residuos de plomo abandonados al aire libre en solares vecinos a las viviendas, y muchos niños, los más vulnerables a este tipo de contaminación, han quedado con secuelas irreversibles.
Cuando este asunto salió a la luz, Sandra, la líder comunitaria encargada de los temas medioambientales de la Junta de Vecinos de Paraíso de Dios, ya llevaba varios años en una lucha que llegó a esperar quince años para ver que las autoridades se decidieran a limpiar los focos contaminantes.
"Lamentablemente, en este país, cuando usted tiene un conflicto siempre se piensa que hay otros intereses. Así que nosotros hemos sido imparciales en esta situación. Luchamos por algo justo. Y de ninguna manera queremos que nadie se confunda. Porque yo he dado mi vida en esta lucha", me decía en una entrevista para un reportaje en profundidad sobre la contaminación en Haina.
No está claro aún si se limpiará todo como se ha prometido, pero el secretario de Medio Ambiente anunció que la zona será cubierta con una capa vegetal y que a continuación se construirá un parque ecológico en el lugar donde se antes estaban los residuos.
La contaminación por plomo es un problema que afecta no sólo a República Dominicana. Casos como el de Paraíso de Dios se conocen en diferentes países de América Latina.
Sandra es una líder tan ejemplar que la productora audiovisual Index, está elaborando un documental sobre su ella, Plumbemia, dirigido por María del Carmen Silva y producida por Fer Figheras, dos argentinos afincados en República Dominicana.
Aquí pueden ver el tráiler.

jueves, enero 01, 2009

Por una juerga desarmada

En los establecimientos de esparcimiento nocturno dominicanos es muy común ver carteles como éste:Tales avisos no son descabellados en una sociedad en la que uno se encuentra normalmente con gente que va por ahí con su pistola en el cinturón o en el bolsillo, tomándose una cerveza, un café o una malta india al lado tuyo. Es una situación un tanto violenta para tratarse de una sociedad democrática. Por ejemplo, si estás meando en el baño y el tipo del lado, armado, te mea el zapato sin querer, no se te va a ocurrir reprocharle su descuido. Ni si te tira la cerveza encima. Ni si le toca el culo a tu chica.
Por si alguien se sintiera violentado en su derecho de portar armas libremente, el establecimiento puede, como en el caso que voy a mostrar, utilizar los mingitorios para explicar su filosofía de diversión al cliente. Así, mientras uno mea, es aleccionado:Eso sí, tampoco se te ocurra ir mostrando el sobaco, porque además de preocuparse por tu seguridad, se preocupan por tu elegancia:

viernes, noviembre 28, 2008

Gladys, mamá dominicana

Foto: FT.
Días después de llegar a Argentina desde República Dominicana, donde unos de los temas en los cuales trabajé es el de la emigración, me llamó la atención la cantidad de personas de ese país que vi en la ciudad de Necochea, en la provincia de Buenos Aires.
Así que me fui a hablar con la peluquera dominicana de la ciudad, sabiendo que cuando se juntan varias dominicanas en un sitio no puede faltar un salón para que las muchachas se arreglen sus moños malos.
Gladys tiene 34 años de edad y lleva 9 en Argentina. Acaba de traerse a sus cuatro hijos de su país. Dos chicas y dos chicos.
Lo primero que me llama la atención es el acento bonaerense con el que hablan y el fuerte contraste que deben sentir con su cultura alegre en una ciudad que, salvo en verano, tiene un ambiente triste, frío y nada simpático.
“A mí me gusta, dice Gladys. Es otra onda. Cambiar de ritmo. Me gusta. Acá cambiamos el carácter. Nos ponemos del mismo estilo de los de acá”, dice.
Por desgracia, pienso yo.
A poco de llegar, Gladys, que se venía con las esperanzas de hacer una diferecia, se encontró con un país cayendo en una de las peores crisis económicas de su historia.
“Yo siempre lo vi positivo. Si tenés algo para comer y estás bien con tu familia, la diferencia no la notás mucho”, señala, optimista, esta mujer oriunda de Puerto Plata que primero llegó a Buenos Aires, pero no le gustó.
“Me parecía que no era la ciudad ideal para yo traer a mis hijos. Vine aquí por vacaciones, me gustó la ciudad, me renté un departamentito, empecé a correr la voz, empecé a trabajar”, cuenta.
¿Los primeros tiempos fueron duros?
“Amigo, duro es poco. Te cuesta, los primeros tiempos te cuesta. Después que uno encaja, tienes que cuidar”, confiesa.
La peluquería de Gladys es un punto de referencia para los dominicanos en Necochea.
“Acá nos reunimos todos, todos los días, los fines de semana. Si viene gente nueva, vienen acá, me visitan, porque yo soy una de las que llevo más tiempo, conozco más gente. Entonces nos damos ánimos. Tomamos un cafecito... ¿No te hicieron café nunca en Dominicana?”.
“Nosotros cuando hacemos una reunión dominicana, nos invitamos todos los que conocemos. Todos ponen un puchito, nos juntamos y hacemos una joda hermosa. Porque si no acá en la bailanta nos discriminan, no nos dejan entrar. Son muy pocas las bailantas que te dejan entrar. Vos vas y te dicen que es fiesta privada. Por negros, no nos dejaron pasar. Es lo único malo que veo yo acá”.
Entonces han optado por las reuniones con su grupo de amigos.
“Nos la pasamos muy bien, la verdad. Nos distraemos tranquilos, estamos entre nosotros, con alguna gente de acá que nos acompaña porque son esposos o parientes de alguna de nosotras. Te adaptas".
Sin embargo, admite que extraña.
“Nos hace falta la onda nuestra. Vos si estuviste en Dominicana te diste cuenta de que la música allá se escucha alta. Acá a las diez de la noche tenés que bajar porque si no te llaman a los milicos. No podés. Y si te tocó una vecina jodida, fuiste. Es muy complicado. ¿Y a vos te ha ido bien acá en Necochea?.
No, le digo, "yo visito acá a mi mamá, pero me aburro mucho.
“Es aburrida la ciudad, eso sí”, me reconoce.
Sus hijos Demis, de 17 años, José Manuel, de 16, Leidy, de 12 y Stefany, de 10, también están contentos con el cambio.
“No es lo mismo una persona que se cría en un país a uno que llega después. Mis hijos van a subir con una cultura diferente a la que tengo yo. Es así”.
Duro es poco, nos había dicho Gladys recordando sus sacrificios: “He ido una sola vez en nueve años que tengo acá. Cuando fui, la más chica tenía cuatro años, y cuando vinieron, vinieron tan grandes que ni los conocí".
"Un esfuerzo lindo. Y ellos están contentos. Adoran totalmente estar conmigo. Me aman a mí, aman a su padre. Es lo más lindo, a los chicos cuando los crías en el amor, se crían de otra manera”
.
Así es Gladys, la típica madre dominicana.

martes, octubre 28, 2008

Yocasta y Liliana

La lucha contra el sida y la creciente concienciación de los dominicanos sobre la peligrosidad de practicar sexo sin protección ha logrado bajar el índice de infecciones por VIH en el país a menos del 1% de la población. Esta cifra, sin embargo, crece en los bateyes a un porcentaje fluctuante entre el 5 y el 7 por ciento.
Por eso no debería sorprender que en un momento de mi trabajo en el que estaba fotografiando escuelas apareciera ante mí, de repente, esta imagen:
En seguida llegó una camioneta, que no me quedó claro si paró ofreciéndose a llevar a los integrantes del cortejo o venía especialmente a buscar el féretro y su cortejo.
"Murió la chica que tenía sida", le dijo Belkis a Esteban. Ellos son dos trabajadores de Visión Mundial que acababan de acompañarme en mi recorrido por los bateyes de la zona.
"No llegamos a tiempo. Se lo detectamos hace sólo unos días, cuando vino a hacerse la prueba", agregó.
Yocasta Rafaela Castro era dominicana y tenía 30 años. Dejó una sola hija, Liliana, de 11 años. Liliana tiene tres hermanas más por parte de su padre, Raúl Peña, con quien Yocasta vivía en el batey Los Blocks. Suponían que él le contagió el virus, aunque no está confirmado porque Raúl no se había hecho el análisis hasta ese momento.
Quizás no fuera el mejor momento para fotografiar el bellísimo rostro, lleno de dolor, de Liliana, mientras iba a darle el último adiós a su madre, a un pueblo cercano de donde ella era oriunda, Uvilla. Pero qué más da. Lo único importante es seguir trabajando, como lo hacen Belkis y Esteban, para que cada vez haya menos pérdidas como la de Yocasta, irremediable pero evitable, y menos dolores como el de Liliana. Ella sabrá labrarse el mejor futuro posible dentro de sus circunstancias: no me es posible pensar otra cosa.

lunes, octubre 13, 2008

Gelatina de uva

Foto: FT
(Esta es la primera de una serie de entradas que haré con pinceladas de episodios vividos en República Dominicana, a donde he viajado para hacer una serie de reportajes de texto y fotos).
En la fotografía aparece una mujer curando a un burro. Yo pensaba que el animal había sido víctima del clásico embichamiento (moscas que ponen huevos en pequeñas heridas y los gusanos que nacen de ellos horadan la carne de la pobre bestezuela, pudiendo provocar una infección que derive en su muerte si no es tratado a tiempo. El embichamiento se cura fácilmente si no se llega a tal extremo, por medio de un aerosol. Si el agujero dejado por los bichos es muy grande o profundo, puede necesitar una cirugía reparadora).
Pero no. No podrán decirme: "¿Y vo? ¿Tanto viaje pa'ver un burro embichao?".
Mis compañeros de viaje me informan de que ese burro es utilizado para transportar el carbón, que los habitantes más pobres de los bateyes dominicanos utilizan para cocinar. Así que el estado de la espalda del burro se debía a un abuso de su capacidad como animal de carga.
Por cierto, ese mismo carbón que lastima la espalda del burro es el que, quemado para cocinar en viviendas unihabitacionales, provoca que los pulmones de sus habitantes, en su mayoría niños, respiren dióxido de carbono en cantidades excesivas. Al menos no lo utilizan en la noche para calentarse, al tratarse de un país tropical, como sí sucede en otros países.
El sufrimiento del burro quizás sea poca cosa comparada con otras consecuencias de la utilización de carbón por falta de infraestructuras y medios que les permitan tener gas. Por ejemplo, la tala indebida de árboles en zonas forestales, especialmente en el oeste del país.
Pero a mí me impresionó que el animal tenía esa parte de la espalda, la que le estaban curando, como una gelatina de uva.