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domingo, mayo 09, 2010

Dos años después, Rock in Rio otra vez



Foto: FT.
Hace dos años se celebró la primera edición de Rock in Rio Madrid. Recuerdo que me llamó poderosamente la atención el espectacular despliegue comercial llevado a cabo en las instalaciones del megaevento, que me dio una sensación más cercana a la de estar en un centro comercial improvisado que en un festival de música. Por eso, para ilustrar esta entrada elegí una foto de dos promotoras en monopatín eléctrico publicitando unos productos, que me pareció la más adecuada para retratar el festival. Para esta entrada recupero una crónica del festival que escribí para la agencia Reuters, con la intención de hacer un contrapunto con la edición de este año. Aunque aún no se ha llevado a cabo, me da toda la impresión de que podría llegar a escribir (casi) exactamente lo mismo.
¿Será?

Rock in Río: gran festival de música, gran pasarela comercial

MADRID, 7 de julio de 2008 (Reuters) - El festival Rock in Río, quizás la marca registrada más famosa en la historia de los eventos musicales, nació en 1985 en la brasileña ciudad de Río de Janeiro y pasó por Madrid durante los dos últimos fines de semana, dejando inolvidables actuaciones de grupos míticos y el recuerdo de un despliegue comercial quizás nunca visto en la capital española.
Más de 300.000 personas, según los organizadores, se dieron cita en la localidad madrileña de Arganda del Rey, al sureste de la capital, para asistir a conciertos entre los que destacaron los internacionales The Police, Bob Dylan, Lenny Kravitz, Neil Young, Alanis Morrissette, Carlinhos Brown, Ivette Sangalo, Jamiroquai, Amy Winehouse, Orishas, Shakira, Zucchero o Café Tacuba.
Entre el cartel de locales también se destacaron grandes de la escena española como Loquillo, Manolo García, Concha Buika, Estopa, El Canto del Loco o Alejandro Sanz.
Tres escenarios marcaron el ritmo de un festival, que podía ser considerado una salida al campo para grupos de amigos o familia, con la particularidad de que la entrada más barata para un día individual, de los cinco que tuvo el festival, era de unos 69 euros, y el césped, en lugar de ser natural, era artificial.
La organización ha sido casi impecable, con las desinteligencias lógicas que surgen de un evento de semejantes proporciones, y no se trató de un festival de música al uso, sino como la misma organización lo dice, "el mayor festival de música, ocio y entretenimiento del mundo".
Las opiniones de los asistentes eran de lo más variadas. José Angel Lozano, de 29 años que llegó desde Murcia para asistir a la fiesta, se quejaba de que la única bebida alcohólica que vendieran fuera cerveza.
"Cuatrocientos kilómetros para no poder tomarme un cubata", se lamentaba.
La organización decidió restringir la venta de alcohol, porque su lema promocional "Por un mundo mejor", es un concepto que no corresponde con el consumo excesivo de bebidas alcohólicas, según los organizadores.
Elena, una trabajadora sanitaria de 24 años, decía estar "indignada" porque no la dejaban salir y volver a entrar.
"No me gustó que había pocas casetas de alimentación, y que había pocos lugares para sentarse", dijo Cristina, una azafata de museo de 30 años de edad.
Pero no todas las opiniones eran negativas.
Armando, un abogado mexicano de 25 años, de vacaciones un mes en Madrid, estaba encantado con la experiencia, mientras hacía cola en un stand promocional de una marca de preservativos en el cual vestían como novios a parejas que querían representar una boda al estilo de Las Vegas, con un imitador de Elvis Presley como sacerdote.
"La organización está muy bien. Nos dijeron que iba a estar mala, y todo ha salido muy bien hasta ahorita, y Café Tacuba, lo mejor", señaló Armando.
"Ver una banda mexicana acá es algo inolvidable. Nos lo estamos pasando muy bien", agregó, entre azafatas vestidas de enfermeras sensuales que regalaban muestras gratis de sus productos.
Rubén Isaac Albarrán, el cantante de la mencionada banda, se mostró encantado de participar del festival, y antes experimentar la emoción de atravesar casi todo el recinto, a lo ancho, a través de una soga tirolesa, dijo a Reuters que lo hacía porque quería "bajar un poco la adrenalina de haber tocado aquí".
Entre las atracciones extramusicales podían encontrarse también una especie de peluquería desmontable dispuesta por una marca de cosmética para que las damas se lavaran el pelo, o un karaoke de estilo caribeño para aquellos que quisieran emular a sus ídolos musicales, montado por una marca de ron.
Desde el estadio Santiago Bernabéu salían permanentemente autobuses que recorrían los 28 kilómetros que separan Madrid de Arganda del Rey, y transportaron a la gran mayoría de los asistentes, que además de disfrutar de la música también pudieron llevarse todo tipo de recuerdos promocionales: balones hinchables, bolsos, champúes, camisetas o pulseras.
Rock in Rio volverá a Arganda del Rey en 2010.
/Por Feliciano Tisera/

martes, mayo 12, 2009

Hasta siempre, Antonio

Foto: FT.
Hoy murió Antonio Vega. Un grande.
Mucho se ha hablado sobre la movida madrileña de los ochenta y sobre los grupos que se formaron en ese ambiente. Estoy leyendo un libro en el cual se cita a Alaska diciendo que no existía una movida como tal (algo que en general comparten todos los que vivieron esos años), y que si el grupo en el que estaban gente como Nacha Pop (el grupo de Antonio), Los Secretos u Hombres G eran la movida, el grupo de gente con el que solía juntarse ella (Tino Casal, Fabio McNamara, Pedro Almodóvar, los Costus, etc.) no era la movida. Ya querrían los de Hombres G el talento de Antonio. Como ya querrían Alaska y los Pegamoides el talento de Tino Casal.
Hace unos años, en abril de 2005, Antonio Vega volvía a tocar en Madrid después de varios años de ausencia de los escenarios, y yo escribí esto sobre ese concierto, en el que también hice algunas fotos. Se trata de una crónica de agencia. Le hice un par de correcciones de estilo porque había un par de cositas que, leyéndola ahora, no me gustaban. No es un gran reportaje, pero quise rescatarlo en este día como un humilde homenaje a un grande.


Volvió el mejor Antonio Vega, en andas de su música y sus musas

Antonio Vega demostró el sábado en Madrid que su música está más viva que nunca, y que sus talentosas musas no han dejado de visitarlo ni de bendecir sus creaciones.
El ciclo Veranos de la Villa organizado por el centro cultural Conde Duque hizo posible el reencuentro de Antonio Vega con su
público, meses después del lanzamiento de su disco “3.000 noches con Marga”, título que rinde homenaje a su mujer recientemente fallecida
Miles de seguidores llenaron el patio de butacas del Conde Duque para presenciar su concierto, una armoniosa mezcla de canciones de su último disco - el primero que Vega lanza en solitario tras cuatro años de silencio - y de sus clásicos.
El espectáculo comenzó poco antes de la diez de la noche, con la oscuridad avanzando sobre el cielo que cubría el patio. La balada
Anatomía de una ola fue la encargada de comenzar el recital, e inmediatamente dio paso a la primera canción de su último disco, Pasa el otoño, un homenaje al Madrid otoñal y lo que éste evoca en el artista.
Tras esas dos primeras canciones quedó claro que el patio contaba con un sonido más que aceptable, y que la voz de Antonio Vega estaba tan bien como siempre.
El tercer tema,
Me quedo contigo, fue el primero en recibir una respuesta efusiva del público, tras el cual siguió otra canción del último disco, Ángel de Orión, en el cual tanto la banda como él una excelente compenetración.
El concierto se movió siempre en clave de canciones nuevas intercaladas entre sus clásicos, con una presentación impecable cuya intensidad musical fue de menor a mayor.
Antonio Vega estuvo muy activo con varios solos de guitarra, tanto eléctrica como acústica, y aunque el cantautor madrileño no se caracterice por una gran efusividad ni por jugar con el público en sus actuaciones en vivo, nunca dejó de estar completamente concentrado en su papel interpretativo.

CONCIERTO VARIADO
El repertorio varió desde canciones más lentas y emotivas como
Se dejaba llevar por ti o El sitio de mi recreo, a otras con ritmo más roquero, como La última montaña o Pueblos blancos.
El solo de guitarra más refinado de Vega en la noche fue en esa última, cuando los músicos lo dejaron solo con su solo varios minutos, manteniendo una intensidad envolvente.

Después anunció la entrada de cuatro instrumentistas de viento para dar más fuerza a la última parte del concierto.
Durante todo el concierto Vega mostró una gran versatilidad, cambiando muchas veces de guitarra y manteniendo siempre una solidez musical que contrastaba con su apariencia de fragilidad física.
Sobre el final del concierto - antes de los bises- Antonio se animó incluso a bailar y a estimular al respetable al ritmo de la música en
Cada sombra en la pared, jugando con la concurrencia y con sus músicos.
Océano de sol puso el punto final al concierto antes de los obligados bises con otro solo muy logrado de un Vega con guitarra roja particularmente grande.
Su actuación culminó con dos bises muy intensos en los que cantó en todo momento con la misma gran guitarra roja sobre su pecho.

El primero de los dos últimos temas fue la popular La chica de ayer, presentada por Antonio como “una para que cantemos todos”, y en la que se lo vio muy emocionado, aunque tranquilo, demostrando que no perdió las tablas ni el talento pese a los cuatro años lejos del público.
El final de este concierto que nos hizo reencontrar con el mejor Antonio Vega fue Llena de papel, tras la cual el público puede haber, tranquilamente, pensado en que hay Antonio Vega para rato, veinte años después de sus apasionados y agitados ochenta.

Foto: FT.

sábado, julio 26, 2008

Nadie más grande

Foto: FT
En el ideal entorno del patio de butacas del madrileño Conde Duque tuve la fortuna de ver por primera vez en concierto a Pablo Milanés, un coloso cuya grandeza sólo puede entenderse escuchándolo. Así que me abstengo de consideraciones, por ahora, y vamos a contar el hecho.
El hombre sale, vestido de negro, y posa su voluminoso cuerpo en una silla ancha, grande, y prácticamente no se mueve, como un buda ante su cohorte de seguidores.
El concierto empieza con Vengo naciendo, y en seguida demuestra que su voz inconfundible, partida y suave, está más partida que nunca y tan suave como siempre: mejor que nunca. La noche prometía. Tras presentar a su tecladista y saxofonista, Germán Velasco, siguió con Días de gloria, canción de añoranza, de tristeza, de desamor, en un escenario intimista. La tristeza sigue en la tercer canción, En saco roto, para la cual el iluminador decoró el fondo del escenario con unas luces que simulaban el tejido de una bolsa (saco) rústica. Pese a la desgarradora letra de esta canción, empiezan los primeros ritmos caribeños a poner ritmo a la cosa.
Sigue con Nostalgias ("Para mi amiga Alba", dedica), donde agarra por primera vez la guitarra. Después suena la conmovedora melodía de Si ella me faltara alguna vez, el primer tema en el que imponen su base rítimica el bajo de Luis Ángel Sánchez y la batería de Osmani, también, Sánchez. En este tema aparece por primera vez el melodioso saxo de Germán Velasco para cerrar una balada impecable que me hace sentir la primera piel de gallina de la noche.
El siguiente tema se queda enganchado a la fuerza del anterior, aunque esta vez empiezan a sonar los timbales también: la musicalización del poema Canción de "Nicolás Guillén, nuestro gran poeta nacional", rebautizado por Milanés De qué callada manera, en el que hace la primera dejadita al público con su mano para que acompañen su canto. Un tema pulenta.
Ya metidos de lleno en una atmósfera más alegre, la banda sigue con Soñando, una canción que "pretende reflejar los pensamos (queremos) todos los ciudadanos del mundo que sea nuestro planeta", una canción con ritmo y momentos de cerecita musical que provocan mi segunda piel de gallina de la noche.
De allí pasa a otra canción optimista y hasta campestre (en la onda de Como esperando abril del otro más celebre nuevotrovero cubano, Silvio Rodríguez), Matinal, que, muy atinadamente, empieza Velasco con la flauta traversa. Después toca Diario de Mauricio, de la banda sonora de la película Páginas del diario de Mauricio. Milanés presenta al protagonista como alguien que nunca votaba afirmativamente en las reuniones del PCC (al momento de mencionar al partido se oyeron algunos aplausos y vítores) y que "terminó frustrado, nada más con el orgullo y la dignidad de haber sido como ha deseado ser". Lo que no es todo, pero casi. En medio de la canción presenta a Miguel Nuñez, pianista y director musical del grupo, antes de terminar la canción con un sostenido "Iiiiiuuuuu" en el que hace un alarde de esa salud vocal que la hace inconfundible. Si Diario de Mauricio habla, según Milanés, de un frustrado digno, puede ser tomado como la bisagra que da paso, de nuevo, al pesimismo de La libertad. Solo piano y él. Una canción durísima, para pegarse un tiro, por la letra y la música, de su disco Regalo, el más crítico con la revolución que ha hecho hasta el momento. Sigue con una canción de letra dura pero más cotidiana, Dos preguntas de un día, de música más alegre, del mismo disco, en el que toca temas de actualidad, como la inmigración o las restricciones a la libertad de movimientos de sus ciudadanos impuestas por el régimen cubano.
Después, el percusionista Eugenio Arango arremete con ritmos africanos con sus timbales y empieza a cantar cosas de santería en alguna lengua africana, probablemente congo, iniciando un virtuoso diálogo musical con Dagoberto González, el violinista-tecladista-corista, que se convierte en una base de jazz que sirve como introducción a Identidad, "dedicada a la juventud cubana, a esa estoica juventud cubana". En ese "estoica" se deja caer la posición más crítica que Milanés adoptó con el paso de los años, ya que antes, en su lugar, decía "fantástica".
Después toca Mírame bien, tema triste en el que otra vez se hace presente la flauta traversa, y que sigue con La soledad, gran ejemplo de esa marca registrada de Milanés que son los temas de letras desgarradoras que, de todos modos, gustan y llenan de gozo, no de pesimismo.
Y ya que estaban en ese registro tan particular, Milanés deja caer el primer gran himno de letra triste pero con música inspiradora: Años. A partir de aquí es muy difícil intentar hacerse el, más o menos, objetivo. Antes de esta canción estuvo la banda un rato haciendo una introducción bastante sinfónica, que Milanés esperaba de una manera muy concentrada, como si estuviera metiéndose de lleno en lo que iba a cantar. Después de cantar esta canción de manera muy sentida, se tomó un buen trago del vaso de cerveza que tenía a su lado y que hasta el momento no había tocado, como para reponer fuerzas después de semejante entrega de sentimiento. Todo resultó muy conmovedor.
Y ya que estaba en la estela de los clásicos, llegó el turno de Yolanda en una versión acústica en la que después del primer "te amo", hizo un gesto al público para que responda "te amo", y en la cual agarró la guitarra en medio de la canción.
Para que no decaiga el frenesí emocional (civilizado, entendámonos) en el que iba entrando el público, el artista sacudió al respetable con El breve espacio en que no estás. La piel de gallina ya era permanente, la gente miraba extasiada y casi todo el mundo estaba visiblemente emocionado. Y ahí, antes de que termine la canción, se piró.
La gente, sabedora de que faltaban los bises, hizo el juego, sin embargo, y lo convocó muy alegremente, todavía presa de la emoción en la que este hombre y su banda la habían sumido. El patio de butacas se puso en pie casi en su totalidad dando palmadas para que volviera, llamándome poderosamente la atención que todo el mundo estuviera tan, a la vez, emocionado y sonriente como estaba yo.
Foto: FT
Y Pablo Milanés volvió a darse un baño de multitud breve, junto a sus músicos, saludando antes de ponerse de nuevo manos a la obra con las que serían sus últimas dos canciones. La primera, Para vivir, una canción de desesperanza, que quizás haya sido aquella con las que más se movió en su silla, como si el público lo hubiera contagiado de su entusiasmo.
Antes de poner punto final a la velada presentó a sus técnicos, y la batería y el bajo enmarcaron musicalmente los momentos previos a la canción más pedida de la noche. Estos instrumentos pararon para dar lugar al paroxismo total de las sensaciones musicales con Yo no te pido, tan pedida que en los momentos iniciales del concierto tuvo que pedir que no la pidieran tanto, que ya la iba a tocar, pero que le dejen tocar las otras canciones. Una versión jazzera y con un ritmo muy marcado, como de marcha, para esta canción infinita que es tan grande que es capaz de brillar más allá de cualquier estilo o matiz que quieran darle.
Y antes de que la banda terminara de tocar, saludó y se fue. Pasó por Madrid con más años y sin la fabulosa melena que lo caracterizó en años anteriores, pero musicalmente parece estar mejor que nunca. Tiene la ventaja de no necesitar corretear por el escenario para dar un concierto.
Faltaron Yo pisaré las calles nuevamente (ese tema dedicado a Chile hecho por un cubano y que me hace sentir tan chileno como si nunca hubiera conocido otro país), No ha sido fácil y La vida no vale nada . Pero fue tan bueno que ni siquiera las extrañé. No importa. He visto uno de los mejores conciertos de mi vida, de un número uno, de un insuperable que se mostró así, enorme, sin piedad con el tiempo y los años.

domingo, abril 06, 2008

Una vuelta de la juventud

Mi amigo Faustino Rizzi se puso en su blog a rememorar unas cosas de nuestra juventud (la foto, de Luciano Menardo, pertenece a esa época) relativas a un concierto que dio Charly García en 1999, en el club Ameghino de la ciudad de Villa María, Córdoba. La entrada fue exitosa. Mi amiga Elena, que también escribió sobre ese recital, hizo referencia a un diálogo telefónico mantenido por mi amigo Bati con una gente del entorno del bigote bicolor, y yo reproduje ese diálogo en otro comentario.

El diálogo fue parido allá por el tiempo en que ocurrió, como una copia lo más fiel posible del original oral, y como un corpus con entidad propia, pero ahora viene a ser recuperado gracias a que Rizzi lo trae a la memoria. Como Elena trajo a la memoria que yo cometí la asquerosidad de tomarme medio trago de menta que había dejado Charly García en el boliche cuando se fue, porque yo estaba al lado de él.

Un bloguero musical que leyó esa entrada, que se hace llamar Bonito Lunch y de quien desconocemos su verdadera filiación, ha pedido en los comentarios que se convierta en una entrada de blog. Y le vamos a dar con el gusto.
En su momento, el cuento-diálogo, no fue titulado, sólo tuvo, todos estos años, un nombre de archivo, Baticharly.

Acá va, después de casi diez años en capilla:

Riiing, riiing.

_ Hotel Presidente, buenas tardes.
_ Hola, buenas tardes. ¿Me podría comunicar con Charly García, por favor?
_ ¿Quién habla?
_ El Bati.
_ ¿Quién?
_ El Bati. Él sabe quién soy, ustedes le dicen y él me va a atender.
_ Bueno, este... a ver... ya le paso.

.........................................................................................................................

_ ¿Hola?
_ Sí, hola, ¿esa es la habitación de Charly García?
_ Sí, ¿quién es?
_ El Bati.
_ ¿Quién? ¿El Mati?
_ El Bati, Bati. ¿No estará Charly por ahí?
_ Sí, acá está, pero ahora está tocando. ¿Y vos qué sos?
_ Un común.
_ ¿Un común?
_ Sí, sí, un común.
_ ¿Vos decís que Charly es un común?
_ No, no, Charly, no, cómo va a ser Charly un común, yo soy un común.
_ Aaaah.
_ Che, ¿y no me podés dar con Charly que anda por ahí?
_ No, no, por que está tocando, está sacando un tema y si lo interrumpen se copa mal.
_ Ah, está tocando el piano.
_ Sí, sí, está tocando el piano.
_ A ver, poneme el tubo ahí al lado del piano así lo escucho.
_ ¿Escuchaste?
_ Sí, loco, qué bueno.¿Y no quieren venir acá con nosotros que estamos en una pileta, tomando cosas varias, y con mujeres guapas?
_ ¿Hay mujeres guapas?
_ Sí, hay mujeres guapas.
_ ¿Y vos dónde estás ahora?
_ En la piscina.
_ Ah. Nosotros estamos acá tomando unas cosas.
_ Bueno, chau loco, nos vemos.
_ Chau Mati, nos vemos, que andés bien.

martes, marzo 25, 2008

Tengo muchas ganas de escribir una entrada, pero no se me ocurre nada

Estaba yo una mañana trabajando en la redacción en la que trabajo, una del primer mundo, en donde se escucha la radio porque hay que estar atento por si pasa algo, para informar o desinformar a nuestros abnegados lectores de noticias a través de lo que cuentan los periodistas que ejercen, circunstancialmente, el periodismo real -aquél que cuenta las cosas de primera mano, que casi ya no existe-, cuando de repente escuché esto:

Entonces yo, que acababa de llegar de Argentina, me hinché de orgullo (un orgullo sólo entendido por mí, se entiende) y dije: "Esa es una canción de moda allá en Argentina"(sic).

-Claro, es que en este programa hablan con gente de diferentes países y ponen la música que allí se escucha en ese momento-, me responden. Yo pensaba que iban a rasgarse las vestiduras al descubrir el estremecimiento en sus cuerpos y en sus sensibilidades varias provocadas por una canción como "Pila pila". Pero no.

La entrada sobre el malogrado recital del Pity que escribí ya hace más de un mes no fue de las peores que he escrito, y entonces se me ocurrió la idea de contar esto, pues realmente me pareció curioso escuchar al Pity y a ese tema tan, digamos, particular, en España, y en ese lugar... y mi intención era meter hoy una grabación que encontré del recital en el cual ocurrieron todas esas cosas curiosas, para que escucharan qué barbaridades eran las que íbamos a escuchar con tanto sacrificio y ahínco (y, por supuesto, no lo comprendieran, porque es incomprensible), pero no logré, por incapacidad técnica, bloguear la o las canciones que quería.


Supongo que esta ha sido la peor entrada de la breve historia de La Posta... (y mire que ha habido malas, eh) pero no quería dejar pasar tanto tiempo sin escribir nada. Y para que los que esto leen sepan que el blog sigue, que no se cierra, que no se vayan, que no nos dejen, que en breve estará al palo con cambios, renovaciones, entradas más a menudo y alegrías y tristezas aseguradas. Y si no queda satisfecho, se jode: el dinero no se devuelve porque es gratis. Sí, ya sé que su tiempo vale. Bueno, váyase si quiere. Bueno... también pueden exigir más a través de los comentarios, ¿no?

Después hacer esta entrada, yo pensaba tirarme una siestita...

lunes, febrero 11, 2008

El Kinky

"Un festival... Mil historias... Tuviste la tuya", rezaba el titular de un suplemento publicitario pagado por los patrocinadores del Cosquín Rock 2008 el lunes 11 de febrero en el diario La Voz del Interior de Córdoba. La Posta va a contar su historia.
Después de unas dos horas de viaje, parados en el pasillo del colectivo, con la demora causada por el embotellamiento de vehículos en las inmediaciones de la Comuna de San Roque, en donde se llevó a cabo el festival, caminamos, con mi amigo Damián, un par de kilómetros hasta la entrada del mismo. El paseo estuvo amenizado con un par de minis de ferné con coca.
A la entrada, los policías cordobeses mostraban su hombría mirando con cara de pocos amigos a todo aquél que no vistiera de uniforme; vimos a varios ensañarse con un joven de pelo verde que había hecho lo mismo que habíamos hecho muchos que no llevábamos el pelo verde: mear contra el alambrado campestre.
Una vez adentro, después de los cacheos policiales correspondientes y de atravesar la multitud, cometimos la estupidez de irnos adelante de todo, a la zona del pogo, y allí un guaso comenzó a apoyarse en mí con cara de reventado. Quienes lean esto se podrán ir imaginando cómo sigue la historia: después de que el tipo se pasara unos cinco minutos apoyándose en mí se pasó a apoyar en mi amigo Damián; yo le dije que menos mal que el tipo se le estaba apoyando a él y ya había dejado de apoyarse en mí. Todo eso en medio de un bardo descomunal, gritos, cantos absurdos, empujones, sudor, barro, música, ruido, cansancio, alcohol en el aire, drogas en los organismos, y un largo etcétera.
Antes de la entrada de Intoxicados, la única banda que nos interesaba ver en vivo, en los dos últimos temas de la banda que tocaba antes, Las Pelotas, veo a uno que saca su celular para tomar unas fotos al escenario, a escasos dos metros nuestros, y estimé que no había peligro de que te robaran violentamente el móvil, por lo que me dispuse a sacar el mío para descubrir que ya no había teléfono que sacar del bolsillo delantero de mis bermudas, anchas pero con bolsillos profundos y protegidos con botones que habían sido prolijamente desprendidos, seguramente, por el individuo apoyador que, en medio del agite, se las ingenió para birlarme el aparato sin que me diera cuenta. Al percatarme de la desaparición de mi celular, se lo comento a mi amigo Damián, quien inmediatamente se toca el bolsillo delantero, abre los ojos grandes y dice: "A mí también". Estaba claro que había sido el hijo de puta apoyador quien nos había robado, pero en ese momento nuestra cabeza, en medio del ruido y la agitación, estaba lejos de tener claridad. Vi que Damián empezaba a gritar en vano, algo ridículamente, hacia la multitud enfervorecida, que había gente robando celulares. Mi motivación era mucho más egoísta: intentar darme cuenta de quién podía haber robado el mío para recuperarlo. Damián comenzó a increpar a uno que seguramente era inocente, pero él lo encaraba muy convencido y yo lo seguí en medio de la confusión. Un amigo o compinche del individuo me decía , amenazadoramente, algo que sonaba como "¿Qué, so cobani vo?", y a partir de ahí ya no supe desde dónde me empezaron a caer las piñas y las patadas, y me retiré rápidamente del lugar. Fui a pedir hielo a la barra porque me dolía la nariz: en principio me negaron la entrada, pero me franquearon el paso, con cara de lástima, cuando les expliqué el motivo de mi visita.
En caso de perdernos, habíamos quedado con Damián en un punto X, pero antes habíamos quedado en un punto Y: yo, confundido, fui al punto Y en lugar de al punto X: nunca nos encontramos. El punto Y, en el cual me encontraba, estaba al lado de la zona VIP, hacia donde yo miraba pensando, con el hielo en mi nariz: "A los 31 años, ¿quién me manda? Yo soy un boludo... ahí tiene que estar uno, en el VIP, viendo el espectáculo tranquilamente...".
Vi seis o siete temas de la banda que quería ver, pero como estaba enojado y no lo disfrutaba, decidí irme a la mierda. En el camino se largó a llover torrencialmente, y justo se me cruza una combi cuyo conductor me preguntó si iba a Córdoba. "Sí, ¿cuánto?", pregunto. "Diez pesos", me responde. Subo adelante pues atrás ya no había más lugar. Me dispongo a pagar y me doy cuenta de que sólo me quedaban cuatro pesos en el bolsillo. "Me cagaron a trompadas, me robaron el celular y me dejaron sin guita, ¿no me llevás por cuatro?", le digo. "No puedo, es que a los de atrás les cobré diez. Si querés te dejo en la parada", me responde, haciendo referencia a la parada de buses regulares que ese día hacían turno ultra reforzado con motivo de tan concurrido festival, y que quedaba un par de cuadras más adelante. En ese momento aparecen, desde los asientos traseros, las manos de dos parroquianos que, sin decir palabra, me alcanzan sendos billetes que ni vi de cuánto eran, pasándoselos de inmediato al chofer. Si eran de dos, se sumó ocho, cantidad que el hombre juzgó suficientemente digna como para llevarme. No se pronunció palabra por el camino, y agradecí mucho al bajarme a los que colaboraron. Pensé que el colmo de la mala leche ese día hubiera sido que al Pity se le ocurriera cantar el cover de su amigo Andrés Calamaro Sin documentos, ya que el apoyador manoteó, además de celular y guita, mi DNI.
Mi amiga Laura me dijo, días después: "Eso te pasa por ir a ver al sucio del Pity Álvarez; esa es la gente que lleva". Mi mamá me dijo, rebautizando al cantante: "Con razón, si vas a ver al Kinky ése. Ya estuve leyendo en La Nación que fue un desastre". "Sí, ¿cómo vas a ir a ver al Kinky? Vos y el otro grandote pelotudo, faltó que los culearan, nomás", agregó Carlos, adscribiendo al rebautismo. Mi amigo Bati me dijo que le habían comentado que la técnica del apoyamiento era muy empleada por los cacos recitaleros. A mi primo Facundo también le robaron el celular en un recital, terreno propicio para este tipo de hurtos: así que ya saben, no celulares en recitales.
Había pensado en titular esta entrada "Esto sí que es Argentina", parafraseando la letra de una gran banda de los 80, Sumo (en referencia tanto al robo como al pago del pasaje a un individuo desconocido que ni siquiera lo pidió). Pero me hizo más gracia el juego de palabras: quien se pregunte qué quiero decir con esto, que averigüe qué quiere decir kinki en España, ya que en La Posta hablamos tanto de las diferencias y similitudes entre España y Argentina...
Y yo que tanto me quejaba de la falta de pasión que creía ver en la juventud española cada vez que iba a ver un recital...
(Hablando de robos, la foto que ilustra esta entrada está tomada de La Nación y fue sacada por Irma Montiel: robo y aviso, ya que las fotografías que pudieron haber sido sacadas con mi celular no las pude hacer yo).

sábado, mayo 20, 2006

Volviendo a la música moderna de los '80 - '90

Gracias al Ares (ya que no me gustan el Kazaa ni el E-mule, y además, desconozco por qué razones técnicas, nunca podía descargar nada de esos programas -la lista de espera siempre era muy larga-, y también me parecen muy invasivos) he recobrado parte de mi adolescencia: los primeros cuatro (y, bueno, podemos agregar algo del quinto) discos de Fito Páez.
Su quinto y su sexto LP solista son de transición (Tercer Mundo anunció el cambio que se venía, y El amor después del amor lo materializó, aunque manteniendo algunas oscuras genialidades que lo hicieron verdaderamente grande en tiempos más inmaduros de su vida, cuando uno es tan joven que aún no tiene verdadera conciencia de la existencia de ese instinto de conservación-ismo y ahorro en todo sentido que aparece con los años: por eso era mejor su arte por entonces, creo yo, humildemente, aunque vehementemente lanzado a opinar sobre la obra de un músico... eso es lo que solemos hacer los periodistas, algunos con algo más respeto que otros: hablar de los demás, qué tristeza de profesión). En todo caso, me sentí agradecido a Fito Páez por esas canciones.
Fue increíble darme cuenta de cuánto tiempo hacía que no escuchaba temas como Tres agujas, Cable a tierra, Tatuaje falso, Por siete vidas (Cacería), Pomba Bye-Bye, B-Ode y Evelyn, o Ámbar Violeta, por mencionar algunos de los que más me conmovió volver a sentir. Ese darme cuenta de cuánto hacía que no los escuchaba tiene que ver con esa conmoción: parecía, a nivel sensaciones, que en el fondo, esas canciones se habían quedado ahí adentro esperando que alguien les abriera la válvula para volver a sonar: que necesitaban escuchar su propio eco dentro de mi cuerpo, eco del sonido que entraba por mis oídos, para remover mis más profundas entrañas.
Hace ya una semana o más que ando copado bajando temas de algunos de la troupe rosarina, incluyendo las infaltables interpretaciones de Silvina Garré y Baglietto.
Y entre tanto furor bajativo, me puse a bajar canciones de Tino Casal, un español símbolo de la movida madrileña de los ochenta, de quien yo no conocía mucho. Y la sorpresa fue tan o más agradable que cuando me dispuse a descubrir a Loquillo (y los Trogloditas), de quien también me gustaba lo que había escuchado pero no había intentado conocer más antes de conocerlos. Claro que Loquillo sobrevivió a esa época y hoy sigue más vigente que nunca, resistiendo a las multinacionales pero sin ir por ello de víctima renegada, sino peleando con hidalguía y, lo mejor de todo, venciendo.
Así que, para los que no los conozcan, a bajarse a Loquillo pero, sobre todo, a Tino Casal. No les cuento más nada porque pueden encontrar más información en estos seis vínculos: 1, 2, (en este te podés bajar la cola de una película homenaje a él), 3, 4, 5 y 6. Y en You Tube buscar vídeos y entrevistas de él. Chau.