miércoles, marzo 26, 2008

Los hornos de la nacionalidad

Una ceremonia de jura de nacionalidad es un trámite burocrático con apenas un par de detalles solemnes. Obsérvese en la foto que la jueza lleva toga con puños de encaje. La de al lado, que parece ser secretaria de la jueza, también lleva toga negra.
Toman lista como en el colegio, y después llaman a uno por uno y les repiten una cantinela cortita que termina con un "¿Jura fidelidad (¿o era lealtad?) a la Constitución y al Rey?", y uno, si quiere tener la nacionalidad para terminar la seguidilla de trámites engorrosos y poder entrar y salir del país sin problema (y gozar de otras ventajas relacionadas con el hecho de ser ciudadano español) tiene que decir "Sí".
El quía del extremo izquierdo era algo así como el secretario de inmigración de la Comunidad de Madrid, que ese día estaba de visita para presenciar la salida del horno de nuevos españoles, y hacer acto de presencia, para que después no digan que no se mezcla con la gente que es el objeto de su trabajo. Solemnemente la jueza había dicho antes que ese día nos honraba con su presencia fulano de tal y esas cosas que se dicen estos casos.
Un amigo español se reía de que al menos él no tuvo que jurarle ninguna lealtad a ningún rey. Aunque con sus impuestos le tribute la lealtad que realmente les importa a ellos.
Uno se va de ahí sin ningún papel, sólo con la promesa de que le va a llegar en tres meses, aproximadamente, al domicilio que haya consignado, una carta con la partida de nacimiento para que vaya a tramitar su documento nacional de identidad y, si quiere, su pasaporte.
Eso es un poco más impresionante. Uno llega a la comisaría por la tarde, cuando no hay mucha gente, espera cinco minutitos que lo atiendan, con la partida de nacimiento expedida por el registro civil central español, con una foto y con la tarjeta de residencia. Entrega la partida, la tarjeta (que no ve nunca más, con el cariño que uno le tenía), y la foto, que es pegada en un cartoncito blanco por la funcionaria, quien posteriormente se lo alcanza y le pide que firme en un recuadrito que hay. Después de hacer eso, mete el cartoncito en un escáner y le pide que pase los dedos índice por un cuadradito de vidrio que hay en el mismo aparato. En el escritorio hay una pantalla mirándote, aparecen tus datos y la funcionaria te pregunta si esos datos están bien. Uno le dice que sí, si están bien, y entonces la mujer aprieta un botón y va hacia un hornito que hay atrás y del cual sale automáticamente el plástico ya confeccionado.
Después meten el DNI un rato en una ranurita que tiene el escáner a un costado y te cargan unos datos que vaya uno a saber qué son, y uno se siente partícipe de una escena de ciencia ficción. Más aun cuando te entregan un papelito de esos que tienen un pin oculto, y te dicen que ese es tu número secreto, mediante el cual podés hacer trámites administrativos del Estado desde internet, sin moverte de tu casa, lo que facilita mucho, si funciona, la vida de las personas. Terminado ese trámite de unos quince minutos, uno va a otro escritorio y pide el pasaporte. La funcionaria mete una libretita en una impresora, le alcanza a uno el pasaporte y ya está. En veinte minutos uno tiene ya todo. El DNI costaba 6,80 euros, y el pasaporte, 17,20. Hasta te podés olvidar la plata, le decís a la funcionaria que vas hasta el cajero a sacar, y cuando volvés lo tenés ahí al pasaporte, calentito y con las paginitas vírgenes, recién salido del horno, esperándote.
De todos modos, no se crean los nuevos españoles, si son también argentinos, que no les seguirán diciendo todo el tiempo, especialmente la gente que no los conoce ni tiene ningún tipo de confianza, "¡Che! ¡¡¡Boludo!!!", y pondrán cara de pánfilos esperando su aprobación al chiste. Uno puede optar por ser simpático y sonreír, o como los que ya están hartos, responder, "¿Qué pasa, gilipollas?", y encantarse con la cara de estupefacción del interlocutor que quiso ser simpático y no fue otra cosa que un, efectivamente, boludo.

martes, marzo 25, 2008

Tengo muchas ganas de escribir una entrada, pero no se me ocurre nada

Estaba yo una mañana trabajando en la redacción en la que trabajo, una del primer mundo, en donde se escucha la radio porque hay que estar atento por si pasa algo, para informar o desinformar a nuestros abnegados lectores de noticias a través de lo que cuentan los periodistas que ejercen, circunstancialmente, el periodismo real -aquél que cuenta las cosas de primera mano, que casi ya no existe-, cuando de repente escuché esto:

Entonces yo, que acababa de llegar de Argentina, me hinché de orgullo (un orgullo sólo entendido por mí, se entiende) y dije: "Esa es una canción de moda allá en Argentina"(sic).

-Claro, es que en este programa hablan con gente de diferentes países y ponen la música que allí se escucha en ese momento-, me responden. Yo pensaba que iban a rasgarse las vestiduras al descubrir el estremecimiento en sus cuerpos y en sus sensibilidades varias provocadas por una canción como "Pila pila". Pero no.

La entrada sobre el malogrado recital del Pity que escribí ya hace más de un mes no fue de las peores que he escrito, y entonces se me ocurrió la idea de contar esto, pues realmente me pareció curioso escuchar al Pity y a ese tema tan, digamos, particular, en España, y en ese lugar... y mi intención era meter hoy una grabación que encontré del recital en el cual ocurrieron todas esas cosas curiosas, para que escucharan qué barbaridades eran las que íbamos a escuchar con tanto sacrificio y ahínco (y, por supuesto, no lo comprendieran, porque es incomprensible), pero no logré, por incapacidad técnica, bloguear la o las canciones que quería.


Supongo que esta ha sido la peor entrada de la breve historia de La Posta... (y mire que ha habido malas, eh) pero no quería dejar pasar tanto tiempo sin escribir nada. Y para que los que esto leen sepan que el blog sigue, que no se cierra, que no se vayan, que no nos dejen, que en breve estará al palo con cambios, renovaciones, entradas más a menudo y alegrías y tristezas aseguradas. Y si no queda satisfecho, se jode: el dinero no se devuelve porque es gratis. Sí, ya sé que su tiempo vale. Bueno, váyase si quiere. Bueno... también pueden exigir más a través de los comentarios, ¿no?

Después hacer esta entrada, yo pensaba tirarme una siestita...

martes, febrero 12, 2008

Costumbres argentinas: El secretario

Unzueta es un productor chico. Tiene un molino harinero, familia, deudas, empleados, y el Gobierno le debe setenta lucas.
Setenta mil pesos para él es una buena plata. Le hace falta. Es chico. Hace rato el Gobierno se los debe.
Después de terminar, en varios meses, todo el papelerío que le pedían, y presentarlo, Unzueta espera que le digan cuándo le iban a pagar su plata.
Como pasaron varios meses y no le pagan ni le dicen nada, Unzueta toca a un amigo que le consigue una audiencia con un hombre importante a nivel nacional.
A Unzueta, productor chico pero adulto grande, el hombre importante no lo atiende en Buenos Aires. No está. Lo atiende el secretario.
Camisa rosa el secretario, gemelos de oro, anillo medallón dorado. Bronceado el secretario.

-¿Qué querés pibe?, le pregunta al llegar el secretario, unos diez años menor que él, calcula Unzueta. Pibe.
-Quiero ver cuándo voy a cobrar una deuda.
-¿Y es grande la deuda, che?
-No. Poco. Setenta mil pesos.
-Ah, bueno, setenta mil pesos. Pero... ¿vos presentaste todo? ¿Tenés todo bien?
-Sí. Yo presenté todo hace rato. Tengo todo bien.
-A ver, vamos a ver en la computadora-, dice el secretario, y se sienta a la computadora, y se fija- Sí, pibe, acá dice que tenés todo bien.
-...
-Vamos a hacer una cosa, haceme un cheque de quince mil pesos y lo tenés.
-¿Dentro de cuánto lo tengo?
-Y... una semana.

Unzueta saca la chequera y le hace un cheque a quince días, no vaya ser cosa que lo cobre antes de que el Estado le pague lo que le debe.
Hace un par de años, el secretario era chofer del que ahora es hombre importante.
A Unzueta la deuda le queda en cincuenta y cinco. Se va conforme de cobrar.

lunes, febrero 11, 2008

El Kinky

"Un festival... Mil historias... Tuviste la tuya", rezaba el titular de un suplemento publicitario pagado por los patrocinadores del Cosquín Rock 2008 el lunes 11 de febrero en el diario La Voz del Interior de Córdoba. La Posta va a contar su historia.
Después de unas dos horas de viaje, parados en el pasillo del colectivo, con la demora causada por el embotellamiento de vehículos en las inmediaciones de la Comuna de San Roque, en donde se llevó a cabo el festival, caminamos, con mi amigo Damián, un par de kilómetros hasta la entrada del mismo. El paseo estuvo amenizado con un par de minis de ferné con coca.
A la entrada, los policías cordobeses mostraban su hombría mirando con cara de pocos amigos a todo aquél que no vistiera de uniforme; vimos a varios ensañarse con un joven de pelo verde que había hecho lo mismo que habíamos hecho muchos que no llevábamos el pelo verde: mear contra el alambrado campestre.
Una vez adentro, después de los cacheos policiales correspondientes y de atravesar la multitud, cometimos la estupidez de irnos adelante de todo, a la zona del pogo, y allí un guaso comenzó a apoyarse en mí con cara de reventado. Quienes lean esto se podrán ir imaginando cómo sigue la historia: después de que el tipo se pasara unos cinco minutos apoyándose en mí se pasó a apoyar en mi amigo Damián; yo le dije que menos mal que el tipo se le estaba apoyando a él y ya había dejado de apoyarse en mí. Todo eso en medio de un bardo descomunal, gritos, cantos absurdos, empujones, sudor, barro, música, ruido, cansancio, alcohol en el aire, drogas en los organismos, y un largo etcétera.
Antes de la entrada de Intoxicados, la única banda que nos interesaba ver en vivo, en los dos últimos temas de la banda que tocaba antes, Las Pelotas, veo a uno que saca su celular para tomar unas fotos al escenario, a escasos dos metros nuestros, y estimé que no había peligro de que te robaran violentamente el móvil, por lo que me dispuse a sacar el mío para descubrir que ya no había teléfono que sacar del bolsillo delantero de mis bermudas, anchas pero con bolsillos profundos y protegidos con botones que habían sido prolijamente desprendidos, seguramente, por el individuo apoyador que, en medio del agite, se las ingenió para birlarme el aparato sin que me diera cuenta. Al percatarme de la desaparición de mi celular, se lo comento a mi amigo Damián, quien inmediatamente se toca el bolsillo delantero, abre los ojos grandes y dice: "A mí también". Estaba claro que había sido el hijo de puta apoyador quien nos había robado, pero en ese momento nuestra cabeza, en medio del ruido y la agitación, estaba lejos de tener claridad. Vi que Damián empezaba a gritar en vano, algo ridículamente, hacia la multitud enfervorecida, que había gente robando celulares. Mi motivación era mucho más egoísta: intentar darme cuenta de quién podía haber robado el mío para recuperarlo. Damián comenzó a increpar a uno que seguramente era inocente, pero él lo encaraba muy convencido y yo lo seguí en medio de la confusión. Un amigo o compinche del individuo me decía , amenazadoramente, algo que sonaba como "¿Qué, so cobani vo?", y a partir de ahí ya no supe desde dónde me empezaron a caer las piñas y las patadas, y me retiré rápidamente del lugar. Fui a pedir hielo a la barra porque me dolía la nariz: en principio me negaron la entrada, pero me franquearon el paso, con cara de lástima, cuando les expliqué el motivo de mi visita.
En caso de perdernos, habíamos quedado con Damián en un punto X, pero antes habíamos quedado en un punto Y: yo, confundido, fui al punto Y en lugar de al punto X: nunca nos encontramos. El punto Y, en el cual me encontraba, estaba al lado de la zona VIP, hacia donde yo miraba pensando, con el hielo en mi nariz: "A los 31 años, ¿quién me manda? Yo soy un boludo... ahí tiene que estar uno, en el VIP, viendo el espectáculo tranquilamente...".
Vi seis o siete temas de la banda que quería ver, pero como estaba enojado y no lo disfrutaba, decidí irme a la mierda. En el camino se largó a llover torrencialmente, y justo se me cruza una combi cuyo conductor me preguntó si iba a Córdoba. "Sí, ¿cuánto?", pregunto. "Diez pesos", me responde. Subo adelante pues atrás ya no había más lugar. Me dispongo a pagar y me doy cuenta de que sólo me quedaban cuatro pesos en el bolsillo. "Me cagaron a trompadas, me robaron el celular y me dejaron sin guita, ¿no me llevás por cuatro?", le digo. "No puedo, es que a los de atrás les cobré diez. Si querés te dejo en la parada", me responde, haciendo referencia a la parada de buses regulares que ese día hacían turno ultra reforzado con motivo de tan concurrido festival, y que quedaba un par de cuadras más adelante. En ese momento aparecen, desde los asientos traseros, las manos de dos parroquianos que, sin decir palabra, me alcanzan sendos billetes que ni vi de cuánto eran, pasándoselos de inmediato al chofer. Si eran de dos, se sumó ocho, cantidad que el hombre juzgó suficientemente digna como para llevarme. No se pronunció palabra por el camino, y agradecí mucho al bajarme a los que colaboraron. Pensé que el colmo de la mala leche ese día hubiera sido que al Pity se le ocurriera cantar el cover de su amigo Andrés Calamaro Sin documentos, ya que el apoyador manoteó, además de celular y guita, mi DNI.
Mi amiga Laura me dijo, días después: "Eso te pasa por ir a ver al sucio del Pity Álvarez; esa es la gente que lleva". Mi mamá me dijo, rebautizando al cantante: "Con razón, si vas a ver al Kinky ése. Ya estuve leyendo en La Nación que fue un desastre". "Sí, ¿cómo vas a ir a ver al Kinky? Vos y el otro grandote pelotudo, faltó que los culearan, nomás", agregó Carlos, adscribiendo al rebautismo. Mi amigo Bati me dijo que le habían comentado que la técnica del apoyamiento era muy empleada por los cacos recitaleros. A mi primo Facundo también le robaron el celular en un recital, terreno propicio para este tipo de hurtos: así que ya saben, no celulares en recitales.
Había pensado en titular esta entrada "Esto sí que es Argentina", parafraseando la letra de una gran banda de los 80, Sumo (en referencia tanto al robo como al pago del pasaje a un individuo desconocido que ni siquiera lo pidió). Pero me hizo más gracia el juego de palabras: quien se pregunte qué quiero decir con esto, que averigüe qué quiere decir kinki en España, ya que en La Posta hablamos tanto de las diferencias y similitudes entre España y Argentina...
Y yo que tanto me quejaba de la falta de pasión que creía ver en la juventud española cada vez que iba a ver un recital...
(Hablando de robos, la foto que ilustra esta entrada está tomada de La Nación y fue sacada por Irma Montiel: robo y aviso, ya que las fotografías que pudieron haber sido sacadas con mi celular no las pude hacer yo).

miércoles, enero 30, 2008

En construcción

Siguiendo con el tema de las construcciones, me llamó la atención una familia de turistas que miraba encantada lo que va a ser una torre de departamentos frente a la playa, en Necochea.
Venían de una tarde playera, como se ve. El padre señalaba la pintura y le decía a su mujer: "Mirá qué lindos que van a quedar".
Este boom inmobiliario en Argentina se produce por varios motivos.
Uno es la desconfianza de los ciudadanos en las entidades financieras después de que éstas, en connivencia con el gobierno y las grandes empresas nacionales y transnacionales que operaban en el país en 2001, se quedaran con ingentes sumas de dinero de personas mediante una serie de medidas económicas que llevaron a que una gran proporción de la población argentina perdiera sus ahorros. Muchos quedaron en la ruina. Algunos murieron por no poder sacar el dinero para costear una intervención quirúrguica que les hubiera salvado la vida. Así, los que se quedaron con algo o los que ganaron dinero después de 2001, comenzaron a invertir en ladrillo, una inversión más confiable y, sobre todo, palpable.
La devaluación de la moneda argentina llevó a que tanto aquellos que aún tenían ahorros en dólares como muchos argentinos que viven en el extranjero -e incluso extranjeros a secas-, buscaran terrenos, departamentos o propiedades para comprar en el país.
La subida en los precios mundiales de cereales, en especial de la soja, llevaron a que los productores agrícolas ganen grandes sumas de dinero que fueron destinadas a la construcción. Y las empresas constructoras y las inmobiliarias aprovechan el filón.
De esta manera, la industria de la construcción se convierte en un motor más de la reactivación de la economía argentina, como en su momento lo fue de España.
En tanto generadora de empleo y motor económico, la industria de la construcción me parece muy bien. E indudablemente me parece mucho mejor que se invierta dinero en propiedades antes de que en las ruletas financieras y en la especulación bursátil.
Esperemos que la norma de la nueva ola de construcciones sea el respeto a la legalidad y al sentido común, y que los atropellos al paisaje, al medio ambiente y al mercado, sean la excepción. O sea, al revés de lo que sucedió en España.
¿Hay más motivos para ser optimistas al respecto que los que hay para ser pesimista?

lunes, enero 28, 2008

Productos argentinos decadentes

Después de la crisis que alcanzó su pico en diciembre de 2001, comenzó en Argentina un proceso de devaluación de la moneda nacional que llevó a que ahora un dólar, que antes equivalía a un peso argentino, equivalga a más de tres.

Independientemente de que tal relación cambiaria sea, indudabemente, más acorde con la realidad económica de nuestro país, este cambio trajo aparejado un gran incremento de los costes de fabricación de muchos productos, con la consiguiente bajada en las ganancias de las empresas, tomando la moneda estadounidense como patrón de referencia.

Las consecuencias de esto no iban a dejar de pagarlas los argentinos de a pie. Muchas empresas que antes utilizaban insumos importados comprados en dólares para fabricar sus productos, comenzaron a utilizarlos más baratos y de menor calidad.

Por consiguiente, se ha producido una masiva berretización de muchos productos. Un ejemplo son los alfajores. Hoy te comprás un Terrabusi tradicional y es una porquería: antes tenía más chocolate y más rico, más dulce de leche y de mejor calidad. Ni los tan famosos Havana son lo que fueran. Hay ejemplos de este tipo para tirar para arriba.

Otra de las estrategias de las empresas grandes para que se alteren lo menos posible sus cuentas de beneficios es vender menos cantidad del producto en cuestión.

Así es que una bolsa de jabón para la ropa Skip que antes traía un kilo, ahora trae 800 gramos, o que el típico porrón de cerveza Quilmes que antes se tomaba en los bares contenga ahora 500 mililitros, cuando toda la vida tuvo 650. Y los precios finales para el consumidor siguen creciendo.

Sin embargo, es de justicia reconocer que algunos productos, como el vino, han mejorado notablemente en su calidad, gracias a una serie de factores concretos que se han dado en esa industria concreta que en algún momento quizás comentemos. O no.

domingo, enero 27, 2008

100% Lucha

Argentina es cien por ciento lucha. Como si supieran lo que les espera en la vida, los chicos cuyas edades aún no cuentan con dos dígitos están enfervorizados con un espectáculo de catch cuyos responsables están haciendo caja gracias a este nuevo furor infantil.

La troupe luchadora se dio cita en Necochea. La organización citaba a las 21 horas, pero llevé a Álvaro y Juan Bautista a las 20:30 para encontrar lugar. A esa hora la cola era ya kilométrica. No entramos al sitio hasta las 21:30, y el espectáculo no comenzó sino pasadas las 22:00. El retraso parecía un favor a los vendedores callejeros que hacían su agosto en plenor enero vendiendo máscaras, cinturones de campeón, vinchas, remeras, pósters, fotos, y demás parafernalia de los luchadores, especialmente de La Masa, Gorutta Jones, y el super ídolo de los niños, el oxigenado Vicente Viloni.

Entre los espectadores de 100% Lucha también hay clases sociales, como en toda Argentina: las populares, donde fuimos nosotros, costaban 30 pesos, te obligaban a ver el espectáculo más alejado del ring y sobre unas tribunas tipo escalinata de hormigón que por lo menos a mí me hicieron doler el culo después de pasarme dos horas sentado en ellas sin respaldo para apoyarme. Entre escalón y escalón había un agujero a través del cual, aquél niño que así lo quisiese, podía arrojarse al vacío.

Así, por un lado, los afortunados de las plateas que se sentaban en sillas de plástico, y por otro, el populacho. Yo pude comprar unas máscaras de La Masa para los chicos, pero el pibe de atrás nuestro le pedía a la madre y ésta le decía que no había llevado plata.

Frente al polideportivo municipal en donde se llevaba a cabo el espectáculo
(este)
estaba instalada la carpa del Circo del Asombro
(esta)
cuyos abnegados actores repartían folletitos promocionando su show, con la esperando de que el frenesí comercial vecino pueda proporcionarles espectadores.

A la salida, un actor del circo que tenía pinta de ser el director o algo así me alcanzó una, pero yo le dije que ya teníamos, a lo que él me respondió "También hay que traerlos a la cultura".
En los espectáculos también hay clases.

Cuando conté, tras el show, que uno de los relatores era el mítico comentarista de boxeo Osvaldo Príncipi me dijeron: "Qué bajo que cayó Príncipi". Pero estará levantando moneda, y él siempre fue hombre de reírse de sí mismo, sabiamente sacándole partido a ese no tomarse tan en serio.

Sabedores de que la vida es cien por ciento lucha, Príncipi y su compañero presentador dijeron que iban a presentar a míticos luchadores de Necochea, y comenzaron a señalar a padres que allí estaban con sus hijos y a inventarles hazañas más o menos generales: una ocurrente reivindicación de la verdadera lucha que hay detrás del espectáculo, y un agradecimiento irónico al esfuerzo de esos laburantes que dejaron su dinero allí porque sus hijos tenían ilusión de ver a sus héroes.

Debo decir que pocas veces en mi vida he visto una multitud tan enfervorizada como la horda de niños vociferantes tras el triunfo de Vicente Viloni sobre el escocés McFloyd. Ojalá todos los verdaderos luchadores recibieran a diario esa dosis de aliento para seguir adelante.
Pero los niños son aburridizos y volátiles, como Argentina.

jueves, enero 24, 2008

Primera línea de playa


La cosa es así: en Necochea, en primera línea de playa, a un vivo se le ocurrió hacer un barrio privado con casas con una vista absolutamente privilegiada.

En la foto puede verse: no se trata de edificios criminales al estilo Levante español, sino de casas modernas y bonitas, y además son pocas. Pero quería comentar el caso.

Ese tipo de construcciones está prohibida. Sin embargo, las casas y el barrio privado se construyeron (tiene, sobre la playa, hasta una atalaya de madera muy bonita y rústica con un muñeco vigilante ahí que debe estar chocho de la vida en su mangrullo laburando al sol mientras el personal se pasa sus regios momentos al solete y se divierte haciendo malabares para que el viento no te vuele la sombrilla ni te meta arena en los ojos pero están de vacaciones).

Ahí fue que alguno de la municipalidad apareció y dijo: "Achalay, que esto está prohibido. Vamos a tener que derrumbar".

"Eh, loco", le dijeron, "pará que estas casas ya están construidas".

Entonces unos fueron y se apuraron y se metieron a vivir.

"Eh, loco", le dijeron, "pará que hay ya gente viviendo, familias que ya pagaron su plata, no se las puede perjudicar así".

Entonces las autoridades hicieron un pacto: dejarían lo que hay, pero estarían vigilantes a que no vuelva a pasar.

Que cada uno saque sus propias conclusiones.

PD: En Cantabria, Estado español, eso de construir ilegalmente y esperar el perdón municipal pasa mucho, pero a gran escala. Han destruido kilómetros y kilómetros cuadrados de algunos de los paisajes naturales más bellos del norte español.

martes, enero 22, 2008

Destrucción y Construcción


En el barrio de Nueva Córdoba en la ciudad de Córdoba, la segunda más importante de Argentina, se comenta acerca de la demolición de un montón de casas más o menos antiguas, de esas de superfices grandes, de habitaciones amplias, de patios enormes, para hacer edificios. Esta foto es un ejemplo, en ese barrio, de una vieja casona demolida en el bulevar Illia, en donde se empezará a trabajar... ¿adivinamos para qué?

¿Hace falta realmente que se haga esto? ¿Existe verdaderamente un déficit habitacional
preocupante? ¿O es simplemente que tirar abajo una casa vieja y construir departamentos es un buen negocio? ¿No es un buen ejemplo a no imitar lo que ocurre en el Estado español, en donde el 40% de las viviendas están desocupadas y sus dueños están, simplemente, esperando el mejor momento para venderlas, mientras los alquileres, ante la escasez de oferta y el exceso de demanda, suben cada vez más? Lo pregunto como ciudadano no especialista en la cuestión.

En la ciudad de Necochea, en la costa atlántica, han ocurrido una serie de atropellos que comentaré próximamente, con foto, como siempre, en La Posta.

lunes, enero 21, 2008

Lo que vemos cuando volvemos


Hay reactivación económica en Argentina. Se ven un montón de autos caros. La foto es de Necochea, una localidad balnearia, 120 km. al sur de Mar del Plata. Una amiga me dijo que esta ciudad le encantaba porque no hay chetos. Nunca me había dado cuenta, pero es verdad.

La reactivación económica en Argentina implica que haya un montón, por ejemplo, de Ford Ecosport, unas camionetitas 4x4, que valen como 20.000 dólares, casi lo que cuesta un departamento en este país. Pero los chicos que piden en la calle, en la cafeterías, los limpiavidrios de los coches, siguen estando.

Eso es Argentina: un país en el cual los coches nuevos salen como casas, más o menos.
Donde la cerveza es horrible.
Donde las sendas peatonales no faltan, pero sólo como elementos decorativos.
Donde las revistas de mujeres mostrando el culo, algo que a nadie le importa, ocupan más lugar en los kioscos que los diarios.
Donde todo el mundo tiene un celular pero no hablan por el costo prohibitivo de las llamadas: el paraíso de los sms.
Donde el cielo es más hermoso que en cualquier otro lugar, pero donde el sol es el más dañino del mundo por la cercanía del agujero de ozono.
Donde los colmillos insaciables de los constructores pretenden destruir el paisaje como lo han hecho con España y no parece que haya voluntad de detenerlos ya que la construcción es una parte importante de la reactivación económica que permite que la gente esté contenta comprando cosas en cuotas con un precio final que duplica o triplica su precio al contado, haciendo cada vez más ricos a los dueños de las tiendas-financieras dedicadas a este pingüe negocio.
Donde se bebe buen vino y se come bien.
Donde, pese a todo, la gente sigue resisitiendo. Y yéndose de vacaciones.
Los que pueden.

viernes, enero 18, 2008

Márketing e intenciones

‘Meme’ es un término que se ha popularizado en la blogosfera, son conversaciones distribuidas que se van contagiando de un blog a otro, de manera que el blog que origina el meme enlazado desde muchos otros blogs y recibe muchas visitas, dependiendo del éxito del mensaje. Se podría decir que los memes son campañas de promoción viral o también llamarle márketing viral... (Definición tomada de Zaping.info)
La Posta de la Vida fue concebida, en un principio, como un blog en el que yo metiera cualquier cosa que se me ocurra, animado por el enorme fotógrafo y circularmente crítico pensador argentino Luciano Menardo.

Por motivos nada claros abandoné mi blog durante un año y medio hasta que tuve que quitarle las telarañas y cambiarle la cara: así es que se convirtió en un blog callejero, el lugar en el que pondría las cosas que me llamaran la atención de la vida vista en primera persona.

Pero como es necesario, dable y deseable interactuar con gente que te apoya, acepto la propuesta de la compañera Kim Basinger de participar en una meme de ésas, aprovechando unos días de sequía productiva por no estar saliendo mucho a la calle con mi cámara.

Es así:
1. Cada jugador comienza con un listado de 8 cosas que quiere hacer antes de morir, no importa las que sean, pero ocho.
2. Hay que escribir esas 8 cosas en su blog junto con las reglas del juego.
3. Hay que seleccionar a 8 personas más, invitarlas a jugar y anotar sus nombres o el nombre de su blog.
4. Es importante no olvidar dejar un comentario en el blog desde donde nos invitaron a jugar.

Ahí vamos con mis deseos:
1. Ver todos los días escenas como la de la foto de arriba (una señora negra con turbante charlando amigablemente con un señor mayor, español, blanco, en un autobús de Madrid) o como ésta de abajo:

(dos chicas repartiendo abrazos gratis por las calles de Madrid).
2. Escribir un par de libros y verlos editados (aunque no se venda ni uno).
3. Tener hij@s (dentro de mucho tiempo).
4. Conocer Madagascar y Colombia.
5. Escribir un par de canciones que después sean cantadas por músicos de talento.
6. Encontrar un lugar en el que realmente me apetezca quedarme a vivir (una amalgama de los mejor de Latinoamérica con lo mejor de Europa, quitando lo malo de cada uno).
7. Tener un trabajo en el cual viajar por el mundo sea una parte fundamental del mismo.
8. Leer la Constitución de mi país y que no me parezca ciencia ficción.

Se lo mando a
1. Tatino, que hace tiempo que no actualiza su blog. (http://frescopachomba.blogspot.com/)
2. La Negra Elena, cuyos escritos son como canciones exclusivas. (http://elwincoverbal.blogspot.com/)
3.Una amiga suya joven e inteligente, llamada Victoria (http://nosabeperocontesta.wordpress.com/)
4. El Menardo, uno de los mejores fotógrafos del mundo, también vago con su(s) blog(s) (http://fotosdichas.blogspot.com/).
5. A un pibe que descubrí por Internet, que hace tiempo que no actualiza su blog, que escribe muy bien, y se apellida como yo, pero de nombre Gustavo, y que es la primera vez que tiene noticia de mí, supongo. Una vez recibí un mail suyo en blanco, supongo que para comprobar, para su desdicha, que el "tisera" de gmail ya estaba pillado, por mí. (http://eldetonadorastral.blogspot.com/).
6. A la fluyente y hermosa Bari, que estrenó blog hace poquitín. (http://www.sofiabari.blogspot.com)
7. A la Angelita, africana de nacimiento, española de adopción y colombiana por opción (http://porfinmenecesites.blogspot.com/)
8. Y a Yaiza, potente inteligencia ibérica con quien suelo desacordar cariñosamente (http://santosalebrijes.blogspot.com/).

lunes, enero 07, 2008

Los días de basura del metro de Madrid

Después de 21 días, ha finalizado la huelga de los trabajadores de limpieza del metro de Madrid, después de que la empresa del transporte subterráneo haya llegado a un acuerdo con las tres empresas que le brindan este servicio.

Durante estos días he tomado muchas veces el metro y pensaba en escribir algo al respecto, pero nunca lo hacía: no encontraba qué decir.

Una de las actividades más características de los blogueros es "robarse" contenidos entre sí o a otros (¿qué son sino esas colgaduras de vídeo en las bitácoras?). Y no lo digo en sentido peyorativo.

He encontrado que mi amiga Neira la Meiga ha escrito en su blog exactamente lo que yo hubiera querido decir respecto a la huelga de limpieza. Así que hago acto de vagancia y promoción, y les paso el vínculo para que se enteren de la verdadera posta de este conflicto. Yo aporto la foto.

domingo, diciembre 30, 2007

Agitaciones de fin de año

Ir un 30 de diciembre al centro de Madrid es una locura. La muchedumbre y el agobio que provoca la aglomeración de personas llevan a la gente a exaltarse y a que los ánimos estén a flor de piel, por lo que el más mínimo roce puede llevar a una discusión que, probablemente, en otras circunstancias no tendría lugar. Y, por supuesto, las circunstancias sociales de los implicados en cualquier incidente influyen decisivamente en el desarrollo del mismo.

Me explico: en medio del trayecto de la línea 5 entre Chueca y Gran Vía, veo aparecer a un guardia del metro recriminándoles a unos individuos veinteañeros su conducta por haber cruzado de un vagón a otro con el tren en marcha, a través de las puertas del extremo del vagón.

Les gritaba y les daba sermones, les preguntaba si hablaban español, y los sermoneados, extranjeros aparentemente de Europa del este, se hacían los boludos, como si no fuera con ellos la cosa, pero sin pasarse.

Al salir del vagón en la siguiente parada, el guardia (muy grandote, por cierto) sale a perseguir a estos muchachos, presumiblemente con la civilizada intención de ponerles una multa o algo por el estilo.

En la estación bajaba un montón de gente y, aprovechando la confusión, los muchachos intentaron abrirse paso aceleradamente pero con cierta discreción para no llamar la atención, con el fin de evitar que los agarren los guardias, que iban atrás de ellos. Al principio, sin mucha convicción, pero unos instantes después de bajar el grandote empezó a perseguirlos con más vehemencia.

Una señora no muy mayor, de unos 45 o 50 años, le dijo al guardia: “Ésos son albano kosovares. Son mangantes, vienen a robar en el metro”.

“Déjese de hablar tonterías, señora”, dije yo, que venía a su lado. No sé si esos muchachos eran albano kosovares (seguro eran del este, pero no podría precisar exactamente de dónde), y tampoco sé si eran punguistas de metro: de lo que estoy seguro es de que la señora sabía lo mismo que yo, o menos. Sabiendo que no hay que dejarse llevar por las apariencias, creo oportuno señalar que los muchachos no tenían mucha pinta de ladronzuelos.

Era tal la cantidad de gente que bajaba que al final seguí mi camino y llegué a la salida antes que los protagonistas del conflicto, así que me puse a esperar para ver qué sucedía. Resulta que la persecución, bastante absurda en sus formas, se desarrolló con los muchachos caminando rápido delante de los guardias, con el grandote bastante exaltado que los seguía sermoneando, mechando en su discurso algún que otro insulto.

Pasadas las puertas de salida, el guardia grandote parece que se queda allí sin dejar de gritarles cosas, y al final uno se da vuelta y le dice algo al guardia, cuando ya creía que no lo iba a seguir. Entonces el de seguridad sale disparado detrás de él, con sus compañeros que intentaban sosegarlo, y lo agarra, lo zamarrea y le da un par de collejas, no demasiado fuertes. Al final lo deja ir, a instancias de sus compañeros de guardia, a quienes aparentemente no les parecía que los muchachos hubieran hecho nada merecedor de una paliza.

Me llamó la atención la exaltación del guardia grandote, quien parecía estar esperando algún incidente, por pequeño que sea, para descargar una ira que vaya uno a saber qué origen tendría, contra alguno que le diera un motivo, por insignificante que éste fuese.

En medio del revuelo no me fue posible sacar ninguna foto aceptable con mi móvil, y aunque no llevara mi camarita digital, tampoco hubiera sido posible hacer una foto en condiciones por la cantidad de gente que había y por las características del incidente.

Me pregunto, y seguramente mis lectores ya adivinan cuál será la respuesta que me doy a mí mismo, si la reacción del guardia grandote hubiera sido la misma si, por ejemplo, quienes hubieran cometido la falta de pasarse arriesgadamente de un vagón a otro por la puerta del extremo y con el tren en marcha hubieran sido unos muchachos madrileños de apariencia más convencional.

viernes, diciembre 28, 2007

La Navidad de Olya


Madrid puede ser alienante, como toda gran ciudad, pero es apasionante si se va con los sentidos alerta, ofreciéndote imágenes humanas como ésta: una rubia bien vestida ofreciendo La Farola a la entrada de una tienda en una de las zonas más comerciales de Madrid en plena época de frenesí consumista de fin de año.

En mis más de seis años en Madrid no recuerdo haber visto nunca una mujer ofreciendo la revista. Y menos a una rubia como Olya.

Los viandantes, en su ímpetu comprador, recorren alienados las calles Goya, Alcalá y Conde de Peñalver: durante los momentos en que me detuve a observarla, sorprendido de que una chica de su aspecto estuviera ofreciendo en la calle la conocida como la “revista de los indigentes” o el “periódico homeless”, nadie pareció compartir mi extrañeza.

Olya me dijo en un perfecto inglés, pues el español aún no lo domina bien, que acaba de llegar de Rusia, y que espera conseguir pronto un trabajo normal, pero que “hay que empezar por algo”.

Me mira a los ojos con firmeza: no noto en ella el más mínimo atisbo de vergüenza ni fastidio. La vida hay que tomarla como viene y hacer con ella lo que se quiera y pueda, y así vamos avanzando: tirando.

Me dice que algo saca, que le alcanza para sus gastos. Me pregunto si su aspecto la ayudará un poco. Probablemente: Olya es rubia, guapa, viste a la manera occidental; es una de nosotros y debemos ayudarla. Su situación es accidental. La de los negros, en cambio, no: ellos están acostumbrados a ser pobres. Es ley de la vida, piensa Occidente.

jueves, diciembre 27, 2007

Amabilidad


En mis años de vida en España he visto o me he enterado por fuentes fidedignas de muchos episodios de violencia, intimidación y abusos de autoridad por parte de fuerzas de seguridad españolas, tanto privadas como estatales.

Recuerdo el caso en la Gran Vía de un negro flaco y alto, fuerte y fibroso, pero no de físico imponente, a quien un grupo de unos ocho policías había detenido por no se qué asunto y le pegaban para hacerlo entrar al coche, algo a lo que el africano se resistía a la vez que gritaba que no le robaran el móvil ni sus pertenencias.

"¡Policías españoles ladrones, españoles ladrones"
, gritaba en un perfecto español con fortísimo acento de algún país de África. No logró que no le quitaran el móvil; nunca sabré si efectivamente se lo habrán robado. En términos de precisión en el lenguaje periodístico formal quizás sea incorrecto hablar de robo en ese caso. Pero a mí me gusta pensar que es eso y no otra cosa que la policía le quite el móvil al negro y no se lo devuelva. Extremo que desconozco.

Otra cosa que suele verse mucho es a grupos de extranjeros que trabajan con sus mantas vendiendo en la calle productos muchas veces falsificados, que la gente consume con fruición, salir disparados ante las persecuciones de la policía, que le confisca todos los bienes si los agarran. Otro día hablaré con más detalle sobre ello.

Lo que la semana pasada me llamó la atención fue que bajaba yo por una de las escaleras del metro con dos hombres de seguridad, y vi a un negro vendiendo discos con la manta. El ambiente estaba muy tranquilo y no había mucha gente. Amablemente, los dos se acercaron al negro y le hicieron señas de que se fuera. Antes de que le hicieran la seña, el negro estaba levantando ya su manta, sin prisas ni violencia directa: no pedimos que se permitan actividades fuera de la ley como la venta de productos falsificados fabricados masivamente para su distribución en el mercado negro con mano de obra empleada abusivamente.

Pero sí agradeceríamos que, por regla general, sean estos los modos de combatirlo. Y, por supuesto, que ese combate tenga su epicentro en desarmar las bases de este comercio ilegal, no en los extremos más debiles, los manteros.

lunes, diciembre 17, 2007

Otro chandalero que golpea a una extranjera en el metro

Viernes 14 de diciembre de 2007. Línea 6 de del metro de Madrid.

Un chaval español de unos 19 años, alto, rubio, ataviado con chándal, mantenía un intercambio de opiniones con un boliviano.

El boliviano venía con un amigo; parece que de trabajar.

Alguno de los dos (el español o el boliviano), pisó o empujó al otro, y hubo una discusión con una pequeña trifulca, con algunos golpes y empujones no demasiado violentos.

El chaval español estaba bastante enojado con el boliviano, que más bien lo que quería era evitar meterse en problemas, y el amigo del boliviano, también boliviano, se interponía entre ambos con palabras conciliadoras.

Un colombiano con un afeitado de esos medio dibujados que se hacen algunas personas de estética maquinera, y que conocía al español del barrio, intentaba mediar en el conflicto con palabras dirigidas al boliviano. Por ejemplo: “Te voy a romper esa carita tan linda que tienes”.

El otro boliviano también intentaba mediar, diciendo cosas como “hay que tenerse respeto” y se colocaba frente al español y al colombiano para evitar agresiones contra su amigo.

La situación era de mucha tensión, con todo el pasaje del vagón mirando, en hora pico, pero la violencia física no se salía de control. Alguna cachetada, algún empujón, nada más.

También un señor español de unos 60 años se cansó de la discusión y comenzó a mediar para que se dejaran de joder, y después de unas tres paradas de discusiones absurdas, el boliviano mediador se llevó a su amigo al otro extremo de la fila de asientos, frente a la puerta contigua, en un intento de que la situación se distendiera.

Cuando todo parecía calmado, el joven portador de chándal bajó en la estación de Usera, salió del vagón por la puerta de la discusión y se paró frente a la puerta donde estaban los bolivianos. Antes de que el metro cerrara sus puertas, le metió una patada bastante violenta en la espalda a Liliana, una chica ecuatoriana que venía de hacer las compras, haciéndola caer a ella y a su carrito a los pies de los bolivianos.

Los pasajeros miramos asombrados, pero ninguno hizo nada. Yo no tenía mi cámara conmigo y el móvil estaba apagado, por lo que no me daba tiempo de encenderlo para hacerle una foto al golpeador. Alguno de nosotros podría haber ido a darle una buena paliza al rubio chandalero. Ninguno lo hizo.

Liliana no quedó lesionada. Le pregunté si estaba bien y me dijo que sí, que no estaba dolorida, que lo peor fue el susto.

Cuando le conté la anécdota a una amiga , su opinión fue que el chandalero era un cobarde que le iba a pegar a mujeres, y además a una que iba con un carrito de bebé. Yo le dije que no, que el carrito era de la compra. Y me di cuenta de que al chandalero le hubiera dado exactamente lo mismo.

martes, diciembre 11, 2007

El chandalero, los negros y la señora china


19:27 Hora pico en el metro de la línea 10 antes de la estación de Batán. La gente viene estresada del trabajo, apretujada, en el ambiente de sofocante encierro se entremezclan perfumes y aromas de mujeres, y olor a sudor acre de hombres.

De repente, pero muy de repente, un chaval de chándal de unos 16 años salta de su asiento y le asesta, a una señora china de aproximadamente 40 años, una brutal patada en plan karateca que la estampa contra una de las puertas del metro.

La señora queda tirada en el piso, y tres negros africanos grandotes que vieron la agresión toman al chaval del cuello, de los brazos, de donde sea que lo hayan agarrado, y con gran exaltación debaten qué hacer con él, mientras la noviecita del chaval, también de chándal, con un piercing dorado sobre su labio superior y bastantes joyas de similar estilo, grita que no le peguen, que es menor. Los pasajeros miran, hablan entre ellos, dicen cosas, íntimamente a la mayoría de ellos les gustaría que el chaval se lleve una buena paliza, pero nadie se quiere meter en un problema que no es suyo.

19:28 Uno de los negros mira a la señora china y observa que la cara se le comienza a hinchar por el golpe contra la puerta. El grafismo de la violencia termina de sacar de quicio al negro, que le arrebata al chaval a uno de sus amigos y toma la justicia por su mano: le revienta la cara contra el cristal de una puerta, que se resquebraja, entre los gritos histéricos de la novia.

19:29 Desconozco los sistemas que tienen los vagones de metro para que el conductor se entere de lo que pasa, pero el tipo enseguida aminoró la velocidad y anunció por los altavoces: “Se informa a los señores pasajeros que debido a incidentes ocurridos en uno de los vagones de este tren, vamos a entrar lentamente en la estación de Batán, a donde espera la policía”. La tensión duró alrededor de un minuto, y los tres negros se apostaron frente a la puerta, listos para salir corriendo en cuanto se abriera para no ser atrapados por la policía.

19:30 Las puertas se abrieron y los negros no salieron corriendo, aunque sí a paso firme, sin mirar a los canas. La gente no dijo nada porque no quería meterse en quilombos que no eran de ellos. La novia del chaval estaba más preocupada en decirle a los canas que el pibe era menor y que lo llevaran al hospital que en continuar la movida con los negros. Seguramente era lo mejor para todos. La policía tomó declaraciones a algunos pasajeros y, por supuesto, a la pobre señora china. Se desconoce el posterior desarrollo del caso.

En España pasan cosas como ésta, pero en realidad, proporcionalmente, son muy pocos los incidentes entre inmigrantes y españoles.

Indudablemente el chaval merecía una reprimenda, pero la violencia no soluciona nada: ¿Qué pasará si este chaval y su pandilla (que por desgracia supongo que existen altas probabilidades que sean un atajo de descerebrados como él) se cruza con algún negrito más joven por ahí, sea un negro 'puro' africano o un mulato dominicano?

De todos modos, lo más habitual es ver a inmigrantes y españoles perfectamente integrados. La interacción en los ámbitos laborales, escolares, académicos o de esparcimiento lleva a que la gente pueda entenderse y acercarse a partir de las cosas que tienen en común, que vistas con un poco de optimismo siempre son más que las que los separan. Incluso creo que el temperamento español en general, más abierto que el de los países del norte de Europa (resalto: temperamento, no mentalidad), favorece la integración de todos.

A veces aparecen tarados como el chaval del chándal que rompe de una patada todos los esfuerzos de acercamiento entre las personas. Pero no pasa a menudo.

viernes, diciembre 07, 2007

Dat y la destilería de tristezas

Me crucé con Dat frente a la Plaza de España. Me vio que venía fumando un pucho y me pidió uno.

Fuimos fumando por la Gran Vía un par de cuadras, intentando entender lo que nos decíamos. Creo haber comprendido que llevaba como desde el comienzo de 2007 (cuando Rumania entró en la Unión Europea) vagando por España, intentando infructuosamente trabajar dignamente. Y seguramente trabajando muchas veces en condiciones de explotación inaceptables.

Me decía que no tenía pasaporte (o yo creo que es eso lo que me decía en rumano), y me mostraba como único documento identificativo una hoja A4 doblada y ajada de tanto llevarla en el bolsillo y expedida por alguna dependencia de la Generalitat de Cataluña. No sé qué decía, pero ese era su documento identificatorio en España.

Un par de esquinas más adelante vino a abordarnos el típico ofertante de prostitución cabaretera granviesca y yo, que esa noche estaba preguntón, quise saber de dónde era.

Resulta que Katali, que así se llamaba, también era rumano, y me costó bastante hacerlos hablar a ellos dos en su lengua para que se entendieran. Era como si les pareciera raro que un argentino intentara que dos rumanos se comprendan entre sí. Yo le decía al tarjetero del breca que le diera una mano a su compatriota y viera si podía encontrarle un laburito de eso. Y éste, tras la extrañeza inicial, se copó y se puso a explicarle a Dat cosas del laburo, como que se paraba en no sé que esquina y hacía no sé qué, y le decía algo del salari.

En fin, que seguimos, y probablemente Dat vaya un día a hablar con Katali para conseguir un salari.

Dat seguía caminando a mi lado y entonces le pregunté a Jenny, una puta nigeriana guapísima de 19 tristes años y que temblaba de frío, dónde había rumanas.

“En Montera”, me dijo, y a Montera fuimos. No sé qué carajo quería yo que hiciera Dat con las putas rumanas, quizás creía que le podían decir dónde dormir o algo así, porque suponía que entre compatriotas se entenderían.

Suponía mal. Una puta de 22 años y ojos como cielos llamada Alina empezó diciendo que ella no hablaba con rumanos: “Tú, sí; él, no”. Dat reía.

Fuimos a otro grupo de rumanas. Dom (o así le entendí yo que me decía) me quería llevar a la catrera, pero le dije que no tenía dinero. “¿Cómo se dice dinero en rumano?”, le pregunto a Dat. Ella responde: “Nam”. Dat reía, yo también. Dom también se negó a hacerle caso alguno a su compatriota.

De las pocas cosas que le entendí a Dat en rumano fue que su embajada ni siquiera le hacía el pasaporte, que no lo ayudaban en nada, y que por eso andaba con un papelito de mala muerte de la Generalitat catalana por si la policía lo paraba, y ya en tono más jocoso, que las rumanas no querían saber nada con rumanos cuando dejaban Rumania. Ni siquiera las prostitutas.

Nos saludamos con un buen apretón de manos. Le di un par de puchos para que tuviera.

Así es Madrid. Dat está en la calle, joven y sano, ciudadano de la Unión Europea, y no puede trabajar. Está lleno de putas nigerianas en la calle. Está lleno de putas colombianas, ecuatorianas, brasileñas, rumanas y españolas.

En Madrid, las putas argentinas no son de calle, sino de departamento, y contactan a sus clientes por Internet, agencias o avisos clasificados. Las uruguayas igual.

La Gran Vía y sus inmediaciones son una intensísima destilería de tristeza humana. Como el mundo.

sábado, mayo 20, 2006

Volviendo a la música moderna de los '80 - '90

Gracias al Ares (ya que no me gustan el Kazaa ni el E-mule, y además, desconozco por qué razones técnicas, nunca podía descargar nada de esos programas -la lista de espera siempre era muy larga-, y también me parecen muy invasivos) he recobrado parte de mi adolescencia: los primeros cuatro (y, bueno, podemos agregar algo del quinto) discos de Fito Páez.
Su quinto y su sexto LP solista son de transición (Tercer Mundo anunció el cambio que se venía, y El amor después del amor lo materializó, aunque manteniendo algunas oscuras genialidades que lo hicieron verdaderamente grande en tiempos más inmaduros de su vida, cuando uno es tan joven que aún no tiene verdadera conciencia de la existencia de ese instinto de conservación-ismo y ahorro en todo sentido que aparece con los años: por eso era mejor su arte por entonces, creo yo, humildemente, aunque vehementemente lanzado a opinar sobre la obra de un músico... eso es lo que solemos hacer los periodistas, algunos con algo más respeto que otros: hablar de los demás, qué tristeza de profesión). En todo caso, me sentí agradecido a Fito Páez por esas canciones.
Fue increíble darme cuenta de cuánto tiempo hacía que no escuchaba temas como Tres agujas, Cable a tierra, Tatuaje falso, Por siete vidas (Cacería), Pomba Bye-Bye, B-Ode y Evelyn, o Ámbar Violeta, por mencionar algunos de los que más me conmovió volver a sentir. Ese darme cuenta de cuánto hacía que no los escuchaba tiene que ver con esa conmoción: parecía, a nivel sensaciones, que en el fondo, esas canciones se habían quedado ahí adentro esperando que alguien les abriera la válvula para volver a sonar: que necesitaban escuchar su propio eco dentro de mi cuerpo, eco del sonido que entraba por mis oídos, para remover mis más profundas entrañas.
Hace ya una semana o más que ando copado bajando temas de algunos de la troupe rosarina, incluyendo las infaltables interpretaciones de Silvina Garré y Baglietto.
Y entre tanto furor bajativo, me puse a bajar canciones de Tino Casal, un español símbolo de la movida madrileña de los ochenta, de quien yo no conocía mucho. Y la sorpresa fue tan o más agradable que cuando me dispuse a descubrir a Loquillo (y los Trogloditas), de quien también me gustaba lo que había escuchado pero no había intentado conocer más antes de conocerlos. Claro que Loquillo sobrevivió a esa época y hoy sigue más vigente que nunca, resistiendo a las multinacionales pero sin ir por ello de víctima renegada, sino peleando con hidalguía y, lo mejor de todo, venciendo.
Así que, para los que no los conozcan, a bajarse a Loquillo pero, sobre todo, a Tino Casal. No les cuento más nada porque pueden encontrar más información en estos seis vínculos: 1, 2, (en este te podés bajar la cola de una película homenaje a él), 3, 4, 5 y 6. Y en You Tube buscar vídeos y entrevistas de él. Chau.

viernes, mayo 19, 2006

Hijo de puta, hay que decirlo más

En España, mostrar esto entre gente entendida ya estaría un poco pasado de tiempo. Pero como a mi blog lo ven más que nada argentinos, aquí les pego este videito, que me recomendó Tatino, y la verdad es que indescriptiblemente bueno y genial. Es de una especie de Cha cha cha español llamado La Hora Chanante. Claro que lo dan por cable, si acá en España intentaron que tuviera éxito la mejor serie que vi en mi vida, Vientos de agua, y les fue tan mal que "no duró ni dos telediarios", como dicen acá. La telebasura española no tiene nada que envidiarle a la nuestra. Miren el video y que lo disfruten tanto como yo. Y ojo que envicia.