jueves, septiembre 03, 2015

Aylan

Aylan Kurdi era un poco más pequeño que mi hijo Manuel. Tenía los bracitos y las piernas gorditas que tienen los niñitos de esa edad, reminiscencias de su paso por la etapa de la vida en la que somos bebés. Los padres queremos que la carne de esos bracitos y piernas siga siempre así de mullida, pero los seres humanos vamos creciendo y vamos dejando de ser amables (de amar) y adorables para ir convirtiéndonos en pequeñas bestezuelas hasta pasar a la horrorosa edad de la adolescencia antes de convertirnos en adultos, después en viejos, y finalmente dejar de ser de carne y hueso. Consumirse así es lo natural: es lo humano.
Aylan era como mi hijo Manuel, sus padres lo vestían igual: pantaloncito azul, remerita roja, zapatillitas pitucas. Aylan yacía en la playa, muerto, en la misma posición, boca abajo y con el culito para arriba, en la que muchas noches Manuel yace en la cama, durmiendo y reponiendo fuerzas para volver a la acción al día siguiente.
¿Qué habrá pensado el papá de Aylan antes de embarcarse con él en esa aventura de vida que es intentar llegar en una barcaza a las costas europeas? Lo habrá pensado mucho antes de arriesgarse a subir allí a su hijito. Habrá pensado algo así como: "Es un riesgo, pero las posibilidades de llegar son más que las de morir, y Aylan merece un futuro mejor, y sin seguridad no hay futuro posible para él. Si llegamos a Europa él podrá ir a una escuela pública y tener una vida normal. Yo trabajaré de taxista, barrendero o de cualquier oficio de baja cualificación (aunque fuera un egresado universitario) pero al menos él tendrá unas posibilidades de vida que acá no tendría, en medio de los tiros y la arbitrariedad, en este país en el que la vida no vale nada en que se ha convertido Siria. Nos arriesgamos. La mayoría llega. Espero que nos salga bien. Quedarse es un riesgo quizás mayor para su vida". El papá de Aylan pensó lo que podría haber pensado cualquiera en su lugar.
Aylan no tuvo la suerte que tuvo Manuel de que su papá naciera en Argentina y llegara a Europa, como todos los argentinos que llegan a Europa, en avión. Que casi nunca se caen. No tuvo la suerte de que su papá naciera en un país cuyos ciudadanos sólo requieren dos años de estancia legal en España para solicitar la nacionalidad. Aylan tampoco tuvo la suerte que tuvo Manuel de nacer en la Unión Europea. Aylan podría haberse llamado Manuel, Diego, Isaac, Pablito o Mateo. Pero se llamó Aylan. Y por esa maldita suerte, y no por otra cosa, nadie podrá ver jamás cómo sus bracitos y piernas van dejando de ser mullidos como los de los bebés para convertirse en brazos de niño, de adolescente, de adulto y de viejo. Nadie podrá ver cómo sus zapatitos dejan de ser adorables para convertirse en los menos adorables zapatos de niño, de adolescente, de adulto, de viejo. Ya nadie podrá ver cómo el paso del tiempo va transformando ese ser humano pequeñito en un hombre. Aylan ya no podrá convertirse en escritor, saxofonista, ingeniero o repositor de supermercado. No tendrá la oportunidad de convertirse en un hombre de bien, ni de enriquecer al mundo con su talento o con su sentido de la justicia.
El papá de Aylan tomó, pensando en su hijo, la misma decisión arriesgada que podríamos haber tomado yo, tú y el que está a tu lado mirando la pantalla de su móvil y sonriendo al ver un video de su hijo jugando en el parque mientras escucha con los auriculares puestos el sonido más hermoso que puede escuchar una persona: el de su hijo riendo. Cuántas veces el papá de Aylan habrá sonreído al escuchar el sonido más bello del mundo. Ese que ya no volverá a escuchar por una mera cuestión de suerte. Por haber nacido los dos en el lugar equivocado del mundo.

miércoles, mayo 20, 2015

Carta abierta de una trabajadora de Summa 112 a la Comunidad de Madrid

Una UVI móvil del Summa 112. / ÁlvaroBA - Flickr
Una trabajadora del Summa 112 de la Comunidad de Madrid me hace llegar esta carta abierta al Gobierno regional para que le dé difusión. Ahí va:
Carta abierta de una trabajadora del Summa 112 a la Comunidad de Madrid...
[ ] Señor Ignacio González,
Me gustaría hacerle unas preguntas, ya que usted siempre ha presumido de tener los mejores servicios de Emergencias, Summa 112, para los ciudadanos de la Comunidad de Madrid (al igual que lo hizo la señora Esperanza Aguirre). Tiene razón, pero hay que aclarar que esto es gracias a sus trabajadores, no a sus gestores.
¿Sabe cual es nuestra situación laboral?
¿Sabe que hay UVIs que salen sin médicos?
¿Sabe que se firman contratos por días , semanas, meses, y por un año , después de llevar más de once en el servicio?
¿Sabe que un técnico cobra una guardia de continuación de jornada a 2 euros de media la hora?
¿Sabe que hay un agravio comparativo en el sueldo de una misma categoría ?
Llevo más de 11 años en el servicio. Partícipe en los atentados de Madrid del 11-M y en el accidente de Barajas de Spanair. A día de hoy, sigo contratada, como otros muchos compañeros. ¿Se lo permitirían a cualquier empresa? ¿Sabe que el gerente y el director de gestión nos tienen presionados ante esta situación y que apenas nos dejan comer o cenar en guardias de 12 o 24 horas? ¿Se ha preocupado de ese personal del que tanto alardea ante la opinión pública?
Tanto usted como otros saben perfectamente que cuentan con un personal amante de las emergencias, y de una calidad humana de la cual sale un trabajo de excelencia. Y de eso se valen ustedes para seguir recortando medios.
Los sindicatos tradicionales nos han vendido. Concretamente, UGT me decía que no "levantara la liebre". Hasta que hace 3 años me planté. Perdí el miedo, y dije que no iba a "levantar la liebre" si no la "madriguera".
Señor González, menos presumir y mas calidad en el servicio, los ciudadanos se lo agradecería .
Carmen del Mazo Hidalgo
Trabajadora Suplente en Summa 112 desde el año 2004

miércoles, febrero 04, 2015

Galatea, vertiginosa y emocionante


¿Cómo se puede escribir ciencia ficción después de Orwell, Huxley, Philip K. Dick, Asimov, Lem, etc.?

¿Cómo puede una periodista española joven especializada en animalismo, madre de dos hijos, escribir un libro de ciencia ficción en nueve meses, en sus ratos libres (o, como ella misma cuenta, mediante el método bolañista de escribir con su hija en su regazo, o algo así)?

Bueno, poder, se puede, y Melisa lo hizo. ¿Y qué tal le salió?

Al comienzo del libro, la autora te introduce en este mundo particular que se inventó, un mundo futurista casi completamente programado, de una manera muy eficiente. Hace una presentación antes de que comience la acción.

Más allá de la agilidad de su prosa, el fresco que pinta la autora de un mundo poco espontáneo y la antipatía que genera, por su carencia de humanidad, la protagonista principal, me generaron un cierto desasosiego.

Aunque no me dejó indiferente: había algo que me decía que Galatea podía ser una gran novela.

La protagonista es una chica gestada mediante selección genética y elegida para unirse a una colonia humana en un planeta inhóspito, al que llegarían después de un viaje de doce años. Pero la cosa se tuerce debido a que su módulo (el robot asignado a su asistencia) comienza a tomar decisiones autónomas y fastidia el plan de la Comandancia (que aquí no les explicaré cuál es). La protagonista, a quien el robot obedece (él sólo tiene libertad para decidir sus acciones cuando ella no lo manda -o al menos eso parece-), toma las riendas de la situación.

Más allá del rechazo que ha generado en mí la protagonista (no se dice su nombre en toda la novela), quizás muy (pero muy) en el fondo, nos identifiquemos con ella. Y eso nos molesta.

En ese sentido, la autora mete el dedo en la llaga de nuestra propia humanidad: superficialmente, nos identificamos con los humanos que habitaban Galatea, un planeta al cual ella llega de una manera un tanto particular, y donde no es bien recibida: ella responde de manera impiadosa.

Eso nos lleva a plantearnos algunas cuestiones. ¿En el fondo, estando en su mismo lugar, haríamos lo mismo? ¿No somos vengativos, acomodaticios, crueles (más precisamente, insensibles al dolor ajeno que no sea de nuestros seres queridos), ombliguistas, inescrupulosamente ambiciosos? ¿No buscamos incesantemente justificaciones mentirosas para nuestros actos más cobardes, no disfrazamos nuestra pusilanimidad permanentemente? (Eso hace el personaje para justificar algunos actos terribles que comete).

En el capítulo 9, por ejemplo, hay una escena en la que se hace mención a las cosas que piensa la protagonista mientras hace ejercicio: esa persona que poco antes había sido calificada de «monstruo» y que en el mismo capítulo anterior había admitido haber perdido la cuenta de cuántos humanos había hecho matar (¡y que le daba igual!), al final es un ser humano con las mismas preocupaciones pequeñas que cualquier otro. Piensa lo mismo que todos pensamos cuando salimos a correr (los que salimos a correr): nimiedades. ¿Todos podemos ser monstruos?

La complejidad de este personaje y sus circunstancias es una de las grandezas de esta novela. Otra es la humanidad de otros personajes que irán apareciendo.

Galatea cumple varias de las máximas que exigimos a una novela: no te deja indiferente, es profunda a la vez que divertida y ágil (el ritmo es, perdón por el lugar común, trepidante: en pocas páginas pasan siempre un montón de cosas, sin que se aprecien por ello lagunas), habla de la vida y de la muerte.

Es ciencia ficción clásica. Están los proletarios de Orwell, los robots de Asimov, el planeta inhóspito y arenoso de la saga Dune, las naves-ciudad de Star Trek. Pero Galatea es original, porque la historia se lee como una historia nueva. Porque lo es.

La novela dura lo que tiene que durar, 400 y pico de páginas que se leen como si fueran 150.

Me atrapó y logró algo que agradezco enormemente a los autores cuando me hacen ese regalo: me emocionó, me hizo reír de tan buena que es. Eso es algo que me pasa más bien poco: no es risa provocada por el humor, es una risa de placer porque algo que te ha conmovido profundamente.

Es una sensación que, cuando me pasa, me digo que, si fuera escritor, querría lograr eso en mis lectores. Y juro que sólo con eso me daría por satisfecho.

sábado, junio 07, 2014

¿El último combate de Martínez y Cotto?


El combate de este sábado 7 de junio el Madison Square Garden de Nueva York entre Sergio "Maravilla" Martínez y Miguel Cotto podría ser el último para el que pierda.

Esta posibilidad es más cierta para el caso del argentino, quien tiene 39 años y ya se ha visto muy afectado por diversas lesiones (mano, rodilla, hombro) en sus últimos combates, que logró ganar merced a su talento, profesionalismo y, sobre todo, su coraje.

Cotto, con 33, aún podría recuperarse. Sin embargo, se trataría de la tercera derrota en sus últimas cuatro peleas, por lo que no sería descabellado que se pusiera a pensar en no seguir mancillando su gran currículum.

El principal interrogante es en qué nivel llegará el argentino a esta pelea. En igualdad de condiciones física, Martínez es muy superior a su rival, y así se lo reconoce el mundo boxístico: pese a que hace un par de años su nivel deportivo está notablemente mermado por las lesiones, se lo sigue considerando entre los mejores libra por libra. El ránking de referencia mundial de los mejores libra por libra, el de la revista The Ring, lo sigue manteniendo en su top ten.

El enigma Sarmiento

Desde que el mentor pugilístico de Martínez, Gaby Sarmiento, dejara de comandar su esquina, en marzo de 2011, tras recibir una condena a prisión en España, el boxeo de Martínez sufrió una involución, aunque la estricta conducta deportiva del argentino logró que salga airoso de peleas contra púgiles como los ingleses Darren Barker y Martin Murray, el irlandés Mattthew Macklin, y el mexicano Julio César Chávez Jr.

El motivo por el cual Gaby Sarmiento dejó de entrenar a Sergio fue una condena de cárcel por agresión a un joven a la entrada de una discoteca en Alcalá de Henares (España). Gaby se autoinculpó para proteger al verdadero autor de la agresión, su hermano Orlando (quien por entonces vivía en España sin la residencia legal) en un incidente que terminó con la víctima con lesiones irreversibles.

Tras el ingreso en prisión de Gaby, Sergio, en un intento de mantenerse lo más cerca posible de sus exitosos métodos de entrenamiento, eligió como reemplazante a otro de los hermanos Sarmiento, Pablo, quien carece de la capacidad como entrenador de Gaby. La inteligencia y profesionalidad de Sergio le permitió mantener un excelente estado de forma, pero sin la capacidad excepcional de Gaby, sus planes de combate no fueron los mismos.

Después de la pelea con Martin Murray, que Sergio ganó en Argentina por puntos en un fallo polémico, muchos compatriotas y colegas, que poco antes lo adulaban, comenzaron a criticarlo públicamente de manera exagerada e inmerecida, llegando a calificarlo de invento mediático y poniendo en duda la legitimidad de un triunfo que, si bien fue muy ajustado, considero que fue justo.

Tras recibir la libertad condicional en España, Gaby volvió a preparar diariamente a Sergio para su pelea con Cotto, con lo que Martínez espera volver a reconstruir la fórmula que lo llevó a sus cotas deportivas más sobresalientes.

Gaby dirigió obsesivamente la carrera de Sergio desde que éste llegó a España a comienzos de siglo como inmigrante ilegal, hasta que se convirtió en uno de los mejores boxeadores del mundo. En 2010, Sergio y Gaby fueron nombrados, respectivamente, boxeador y entrenador del año, después de los espectaculares triunfos ante Paul Williams y Kelly Pavlik, dos de los mejores y más temidos boxeadores del momento.

Después llegó el ucraniano Sergei Dzinziruk, la última gran actuación sólida de Martínez, el 12 de marzo de 2011. Gaby Sarmiento dirigió toda la preparación de ese combate, aunque ocho días antes de la misma, la policía estadounidense lo encarceló para deportarlo a España. Sin embargo, el plan de pelea estaba desarrollado y trazado, y le fue fácil a su hermano Pablo ocupar una esquina en la que, de todos modos, no parece haber hecho demasiada falta, ya que Sergio nunca vio comprometido su triunfo (que llegó por nocaut en el octavo asalto).

Además del bajón de nivel boxístico que experimentó Martínez después de la pelea con Dzinziruk, el argentino comenzó a tener serios problemas físicos. Tras la pelea con Barker (1-10-2011), dijo que se había fracturado la mano derecha, y que venció al inglés tras pelearle todo el combate con una mano.

Después vino Macklin, un boxeador con un estilo agresivo, ideal para el boxeo de Maravilla, quien brilla especialmente ante los púgiles más ofensivos, aprovechando al máximo los espacios con su estilo contragolpeador.

En esa pelea, Macklin decidió cambiar su estrategia de combate más usual, y "boxeó" con Martínez en gran parte de la pelea, en un claro intento de que el argentino tuviera que cambiar una plan de pelea que parecía claro. Esto pareció confundir bastante a Sergio que, a pesar de no haber visto comprometido su triunfo en ningún momento, no parecía encontrar la forma de apabullar al irlandés, a quien sólo encontró en los últimos rounds, para noquearlo categóricamente en el undécimo.

La pelea contra Chávez Jr., un boxeador muy fuerte pero lento y sin una buena preparación, fue dominada desde el comienzo hasta el final por un Martínez que exhibió su profesionalidad y que, al final, hizo alarde de la que es una de sus principales cualidades: el coraje. Tras recibir en el último asalto un golpe que, según sus propias palabras, "le apagó las luces" y terminar en la lona, se levantó y contra todo lo recomendable, acabó la pelea haciendo frente y lanzando golpes.

La peor de las peleas de Martínez fue la última, en Argentina, el año pasado, contra Martin Murray, cuando se mostró lento y tuvo apuros para vencer al inglés, un púgil fuerte pero muy limitado técnicamente, que no tuvo ni la valentía ni la capacidad para aprovechar su ventaja física.

Hace pocos días, Martínez reveló que 48 horas antes de esa pelea, sufrió una cadena de lesiones que a cualquier boxeador le hubieran impedido subir al ring. Pero con la expectativa que esa pelea había suscitado en Argentina, "Maravilla" decidió arriesgarse.

Según Martínez, se le desprendió la tibia y se le desplazó el menisco, además de sufrir una severa lesión en un hombro. A todo eso se habría sumado una fractura en una mano en la segunda vuelta. En esas condiciones, un triunfo hubiera sido imposible, ni siquiera siendo local, ante un púgil más inteligente y dotado técnicamente que Murray. Tuvo suerte de que el rival elegido fuera ése. El mismo Murray admitió tras la pelea la justicia del triunfo de Martínez, y reconoció que él no tuvo el temple necesario para hacerse con la victoria.

Pese a ello, lo ajustado de la victoria en una pelea con unas expectativas desmedidas hizo que gran parte del mundo pugilístico argentino considerara que las cualidades boxísticas de "Maravilla" estaban sobredimensionadas.

"Ustedes le dicen 'Maravilla', para mí no es ninguna maravilla", dijo el mítico Juan Domingo "Martillo" Roldán cuando le preguntaron su opinión sobre Sergio. Hasta Omar Narváez, considerado hasta entonces por Martínez un amigo (¿lo seguirá considerando así?), deslizó que "Maravilla" había sido ayudado por los jueces, a diferencia de él, cuyas victorias calificó de "verdaderas".

Después de tantas lesiones, Martínez pasó más de un año lejos de los cuadriláteros poniéndose a punto físicamente: a su edad las lesiones ya no se recuperan como antes. Se ve de cerca el retiro, y buscaban una pelea prestigiosa y con una buena bolsa. Lo encontraron en Cotto.

¿El rival ideal para Martínez?

Cotto era un rival que su equipo venía buscando hace tiempo porque generaría un buen pay-per-view, y el puertorriqueño encontró en la posibilidad de enfrentarse a Martínez un doble desafío: ser el primer boricua en alzarse con cuatro campeonatos mundiales en diferentes categorías, y tener un rival que relance una carrera algo alicaída tras una derrota poco esperada ante Austin Trout. Pero la apuesta es arriesgada para el pupilo de Freddie Roach: si Martínez está bien físicamente, con un plan de pelea ideado por Gaby Sarmiento, para Cotto podría ser casi imposible evitar la derrota.

El estilo contragolpeador de Martínez, que no es el de Mayweather (ante quien Cotto hizo un excelente papel, perdiendo pero dándole mucho trabajo al estadounidense) parecería ser ideal para vencer a un boxeador como el puertorriqueño, que basa su boxeo en la presión y el ataque continuo.

Si Martínez está en óptimas condiciones físicas, la única posibilidad que parecería tener Cotto es plantear una defensa muy cerrada, que obligue a "Maravilla" a tratar de abrir esa defensa, permitiendo el ataque del boricua: fue lo que le sucedió con Murray, un boxeador mucho más lento y limitado técnicamente que Cotto.

Ante un Martínez como el que se presentó ante el inglés, Cotto ganaría fácil. Aunque se estima que no será ésa la condición física que muestre el argentino en el Madison. Sobre todo, habiendo preparado la pelea con Gaby Sarmiento (aunque esa noche en la esquina esté Pablo, ya que Gaby no puede salir de España por ahora, al estar en régimen de libertad condicional).


sábado, diciembre 14, 2013

¿Aguantará Broner la presión de Maidana?

Este sábado por la noche tendremos en Texas un choque muy esperado, que mucho creen puede terminar siendo la pelea del año: el choque de estilos entre Adrian "The Problem" Broner y Marcos "El Chino" Maidana. Defensa y velocidad frente a pegada y presión.

Hace un par de meses, antes del combate entre Danny "Swift" García y Lucas Matthysse, había hecho un vaticinio diferente al del consenso en ese momento: mientras todos pronosticaban un knock-out del argentino, yo pensaba que todo el mundo estaba subestimando a un boxeador como García, quien podía causare serios problemas a su contrincante.

Por desgracia para el boxeo argentino, así fue: García es un boxeador fuerte y con muchos recursos, que llevó a cabo a la perfección su plan de pelea ante un peleador peligrosísimo como Matthysse, y todo le salió bien. Incluso hizo tocar la lona al argentino por primera vez en los 37 combates de su carrera.

Hoy volveremos a dar la contra al consenso en una pelea entre un estadounidense y un argentino: mientras Broner es el amplio favorito en las apuesta frente a Maidana, creo que el "Chino" será el ganador.

Con reservas, claro: la pelea puede caer para cualquier lado, y Broner es un tipo lo suficientemente rápido y hábil como para noquear a Maidana, o para esquivar sus embates contraatacando hasta legar a los puntos y ganar.

Sin embargo, a la hora de mirar lo pergaminos de uno y otro, salta a la vista que Broner aún no se ha enfrentado a ningún boxeador de la talla de Maidana. Ninguno. Cuando le ganó a un buen boxeador como Daniel Ponce de León, no mostró superioridad en la primera mitad del combate; sí se mostró superior en la segunda, pero tampoco lo avasalló.  Su última pelea, con Paulie Malignaggi, fue muy pareja y Broner ganó en fallo dividido de los jueces.

Broner es un boxeador joven que pretende emular la carrera de Floy Mayweather Jr.: si se mantiene en una buena senda de entrenamientos y no se descarría en el cuidado de su físico, puede llegar muy lejos en el boxeo. Pero aún no ha demostrado nada frente a un rival del nivel de un "Chino" Maidana, más curtido en peleas con retadores de fuste: Amir Khan, Devon Alexander, Alexandriy Kotelnik, Jesús Soto Karrass, Víctor Ortiz, Erik Morales, DeMarcus Corley.

Broner es más rápido y hábil que el "Chino", y lo va a golpear. La clave está en cómo podrá él, que aún no ha recibido golpes en su carrera, resistir los mazazos de Maidana: aunque Broner es un artista del esquive, no es Mayweather (el espejo en el que se mira), y lo más probable es que reciba algún que otro golpe comprometedor del argentino.

Puede suceder que Maidana le llegue poco, Broner lo asimile bien y logre imponerse. Ya sea por puntos o por knock out.

Sin embargo, creo que no logrará resistir bien el castigo al que lo someterá un Maidana que parece llegar más preparado que nunca a esta pelea, y probablemente el prospecto estadounidense conozca por primera vez la derrota.

¿Y ustedes qué opinan?

Acá les dejo los excelentes All Acces de Showtime, las previas de la pelea. Que lo disfruten.
Episodio 1

Episodio 2

lunes, agosto 20, 2012

Marilyn, a 50 años de su muerte, más viva que nunca

“Pobre Marilyn. Aquella mujer tan guapa, tan joven, con el mundo rendido a sus pies, los días que estuvo en México dio muestras de estar sumida en el abismo de alcohol y drogas que en poco tiempo la llevarían al infierno”.

La frase, recogida por Xavier Navaza en su libro El último amante de Marilyn, pertenece a Luis Soto, periodista y eminente emigrante gallego en México, que conoció a Marilyn Monroe cuando la estrella pasó un par de semanas en el país, cinco meses antes del trágico desenlace. Se conocen muchos detalles de lo sucedido la noche del 5 de agosto de 1962, cuando la actriz fue encontrada muerta en su casa del distrito residencial de Brentwood, en California. Sólo que muchos son contradictorios.  

Leer artículo completo en Letras Libres, aquí.

miércoles, julio 18, 2012

My week with Marilyn - Reseña

Voy a escribir de Michelle Williams. Porque esta película es ella.

No la tenía fácil. Interpretar a Marilyn y no caer devorado por el personaje era todo un reto. Marilyn es, probablemente, la estrella de cine a la que más se ha caracterizado en la historia, tanto en pantalla como en producciones fotográficas, y su melena corta platinada es, desde hace décadas, uno de los más reconocibles símbolos de la sensualidad femenina.

Ya sabíamos que lo había hecho bien, y muy bien, debido a que había ganado el Globo de Oro y había sido nominada al Oscar a mejor actriz protagónica, entre otras múltiples nominaciones y premios por ese papel.

Pero queríamos ver si tanto premio, nominación y elogio era merecido.

Leer artículo completo en Letras Libres, aquí.

viernes, junio 01, 2012

Happy Birthday, Miss Monroe

Hoy, Norma Jean Baker, cumpliría 86 años, en un año en el cual vivimos un boom del fenómeno Marilyn Monroe: hasta el festival de Cannes la homenajeó en su cartel oficial.
¿Cómo habrían sido las cosas en caso de que ella no muriera hace 50 años? Nunca lo sabremos, aunque posiblemente no hubiera alcanzado la estatura de mito a la que llegó, al haber muerto a los 36 años sin que su belleza juvenil se haya visto afectada por el paso del tiempo. A las personas nos gustan los cadáveres exquisitos.
Las dotes interpretativas y sensuales de Marilyn eran extraordinarias, y jamás hubo actriz alguna que llenara la pantalla de cine de la manera en que ella lo hacía con su sola presencia. A eso sumémosle su intensísima biografía, y así quizás nos expliquemos la fascinación que su figura ha ejercido y sigue ejerciendo a 50 años de su muerte. ¿Cuál es quizás la mayor prueba de la importancia de Marilyn en la cultura occidental? Que se ha convertido en un género.

Leer artículo completo en Letras Libres, aquí.

martes, septiembre 27, 2011

Lo que quedó tras la batalla mundialista del Zar

Foto: Ramón Cairo, tomada de Fightnews.com.
El viernes, antes de la pelea nuestro amigo ruso Petia Petrov por el título mundial superligero de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) en Argentina ante el campeón, Marcos "El Chino" Maidana, escribía en La Posta que Petrov tenía con qué ganarle a Maidana y que un exceso de confianza podía "jugarle una mala pasada al argentino, ante un pugilista más pequeño físicamente, pero mucho mejor boxeador".
Al final, Maidana no se confió y le peleó a Petrov con sus mejores armas y preparado al cien por cien. Y lo venció con justicia y contundencia, imponiendo su mayor poderío físico.
La crónica completa de cómo vivimos todo el intento del Zar de conquistar un título mundial en un peso superior fue publicada en Letras Libres: La aventura del Zar en Sudamérica.
Aquí rescataré las palabras de Ezequiel Vázquez respecto a la actuación del ruso: "Petrov demostró ambición y guapeza ante, sino el mejor, uno de los mejores boxeadores argentinos del momento. Creo que parar la pelea estuvo bien; Maidana es muy superior a él. Pero como la dignidad no tiene que ver con decisiones arbitrales, si estuviera enfrente del ruso le daría un apretón de manos porque la hombría y el orgullo que desparramó en el ring (ante, repito, un rival de otro nivel) no se ven todos los días".

viernes, septiembre 23, 2011

La gran noche del Zar

El pasado 5 de septiembre, cuando me enteré de que el boxeador colombiano Nacho Mendoza no aceptó la invitación para disputar en Argentina el título mundial de superligeros ante el gran noqueador santafesino Marcos Maidana, lo primero que hice fue comentar el asunto con mi amigo Petia Petrov, ese ruso afincado en Vallecas que llegó a España en 1999 con 100 dólares en el bolsillo y quince días después ya estaba entrenando con el mejor equipo de España, el capitaneado por Ricardo Sánchez-Atocha.

“¿No sería una buena oportunidad para vos?”, le pregunté.

“No”, me dijo, “es muy grande, Maidana”, refiriéndose al mayor peso, tamaño y alcance de El Chino.

Yo no terminé de creerle mucho, porque supuse que Petia, después de tanto esperar una oportunidad, entrenando y sacrificándose tantos años, no quería ilusionarse. Pero conociéndolo, sabía que estaría como siempre, entrenado a full y listo para aceptar cualquier desafío que lo pudiera llevar más cerca del gran sueño de todos los boxeadores: ser campeón del mundo. Y no me equivoqué.

No me sorprendió nada leer, un par de días después, este anuncio en su muro de Facebook: “¡¡¡Llegó la hora!!! ¡¡¡Por fin tengo una gran oportunidad!!! Campeonato del mundo WBA superligero el 23 de septiembre contra Marcos el Chino Maidana en Argentina.¡Al fin tengo una oportunidad!”. ¡Y lo supo sólo quince días antes del combate!

Había vuelto a acertar con Petia, como en su anterior pelea, ante el argentino Hugo Ángel “El Tren” Ramírez, cuando le había vaticinado que iba a propinarle a Ramírez el primer nocaut de su carrera, y acerté: un gancho al hígado, marca registrada de Petrov, dejó al Tren sin combustible en el cuarto round.

Ahora no voy a vaticinar nada sobre la pelea por el título mundial con el Chino Maidana, sólo diré que la pelea no tendrá demasiados secretos: lo que se verá es un duelo de estilos. La agresividad y potencia de Maidana contra el virtuosismo técnico de Petrov.

Está claro que si Maidana logra embocar a Petrov, tiene todas las de ganar. El tema va a ser que lo agarre antes de quedarse sin aire, porque si no puede quedar a merced de la endiablada velocidad y precisión de Petia.

Hay periodistas especializados, como William McKay, de Boxingnews24, que advierten que la elección del Zar como rival del Chino ha sido una muy mala elección de su equipo: “No podrían haber elegido un peor oponente para Maidana, que puede llegar a pasarlo mal en esta pelea”.

Más allá de estilos y preferencias, mi favorito está claro: el viernes pondré la amistad por delante de la patria. Pero está claro que Petrov tiene con qué ganarle a Maidana y que un exceso de confianza puede jugarle una mala pasada al argentino, ante un pugilista más pequeño físicamente, pero mucho mejor boxeador.

Así que la madrugada del viernes estaremos pegados a la pantalla de televisión viviendo una experiencia imperdible, algo muy difícil de que te suceda: ver en directo a un amigo pelear por un título mundial de boxeo. La emoción está asegurada.

domingo, agosto 14, 2011

Cuerpo, de Harry Crews (¿Todavía no lo leíste?)

“¿Dónde estaba el americano[1] que tuviera alguna cosa y no deseara que fuese la más grande de todas cuantas existiesen?”, se pregunta uno de los personajes de Cuerpo, la desopilante y muy ágil novela de Harry Crews, que nos acaba de traer a España la unión entre las editoriales Acuarela Libros y Antonio Machado.

De músculos grandes, y de otras cosas, habla Cuerpo (Body), cuya publicación es un hito en la edición hispanohablante: es el primer libro traducido a nuestra lengua de Harry Crews, autor de culto y referencia de la literatura del sur estadounidense, ese sur que ha hecho posible la aparición de genios como Mark Twain, Eudora Welty, John Kennedy Toole o Carson McCullers.

Crews, que también pertenece a esa estirpe de escritores estadounidenses malditos que nos retratan el lado más oscuro de la opulenta sociedad estadounidense, narra en esta novela las vicisitudes de Shereel Dupont, aspirante al mayor título de fisicoculturismo del mundo, el Miss Cosmos, cuando su carrera hacia lo más alto se ve sacudida por el terremoto que significa la llegada imprevista de su rústica familia sureña (de Waycross, Georgia) para asistir a la consagración de la hija pródiga.

El certamen de Miss (y Mister) Cosmos tiene lugar en las instalaciones del hotel Blue Flamingo de Miami, concebido expresamente para que sea el paraíso de la tribu de los culturistas. Pero la llegada de los Turnipseed (en inglés, semilla de nabo) lo ha convertido en un infierno.

Los Turnipseed son la familia de Shereel Dupont, quien decidiera enterrar su nombre original, Dorothy Turnipseed, porque, evidentemente, ningún jurado otorgaría el máximo premio mundial a una participante apellidada Semilladenabo. El cambio de nombre, impulsado por su mentor y entrenador, Russell Muscle Morgan, fue abrazado con entusiasmo por la nueva Shereel. Ambos esperan que eso la ayude a superar a su gran contrincante, la escultural y negrísima Marvella Washington, entrenada por el archirrival de Russel Muscle, Wallace The Wall Wilson (autor de la pregunta que abría esta reseña).

La poderosa prosa de Crews (o la muy poderosa traducción de Javier Lucini) nos sumerge en un maremágnum de situaciones hilarantes y absurdas dignas del mejor Tom Sharpe, protagonizadas por un elenco de personajes tan grotescos y logrados que nos recuerdan a los de John Kennedy Toole.

No por ágil (que lo es) ni por divertida (que lo es) carece la novela de Crews de profundidad. Hablando desde la superficie de unas situaciones y unos personajes para los que la imagen es (casi) todo, Crews nos muestra el cariz más sórdido de sus anhelos, la fragilidad de los espíritus que se esconden bajo sus cuerpos olímpicos.

En Cuerpo no faltan el amor, la ternura, ni la tensión sexual. No faltan la violencia, las ambiciones desmedidas ni la sangre. No faltan el humor, el ritmo trepidante ni los diálogos envenenados. No faltan el alcohol, las armas ni las jeringuillas. Falta, sí, el aburrimiento.

Cuerpo nos habla de las bajezas de un heterogéneo grupo de seres humanos mediante la muy efectiva y sanísima tradición anglosajona de contar historias, tan lejos del terreno de las aburridísimas disquisiciones mentales en las que desgraciadamente se ha instalado gran parte de la fauna literaria hispanohablante. Con honrosas excepciones.

Este libro es tan bueno que es capaz de mostrarnos belleza en esos cuerpos moldeados a través de la hipertrofia muscular a nosotros, ciudadanos de a pie que no solemos ver en ellos sino un exceso de carne más cercano a la monstruosidad que al virtuosismo. Dicho de otro modo: Crews sumerge al lector en la piel y en la atmósfera de esta novela, no importa cuál sea la temática. Y a partir de ahí, a disfrutar.

Así que sólo me queda agradecer a los muchachos de Acuarela que nos hayan acercado a Crews. Y que estén preparando la traducción de su primera novela, The Gospel Singer. La esperamos con ansias.


[1] La excelentísima y enormemente lograda traducción de Javier Lucini utiliza el gentilicio “americano” como sinónimo de “estadounidense”, como es ampliamente aceptado en España.

domingo, marzo 06, 2011

Ernesto Bazan, Cuba y Latinoamérica

Hace un tiempo, publiqué una entrevista en la web de Letras Libres a Ernesto Bazan, gran fotógrafo italiano que dejó un muy personal punto de vista sobre la Cuba del Periodo Especial a través del lente de su cámara y que hoy viaja por toda Latinoamérica fotografiando e impartiendo talleres.

Había escrito una redacción basada en esa entrevista, que no se publicó, y que finalmente elijo compartir aquí con ustedes.

Las fotos de Ernesto Bazan son sobrecogedoras, inquietantes, íntimas. Verdaderas. Lejanas a la imagen de esa Cuba sonriente, festiva, exótica o folclorista que se muestra al turismo como un edén de la alegría y la libertad.
 


La Cuba de Bazan es la que día a día sufre las consecuencias de vivir bajo las dos pesadas losas de un bloqueo que les impide desarrollar su economía y de una dictadura que les impide expresarse y vivir con libertad, sin miedo a sufrir consecuencias.


"Ni una sola de las miles de imágenes que existen de Cuba, tomadas por fotógrafos cubanos y extranjeros, se asemejan a éstas. Las imágenes aquí presentadas llevan el nombre del fotógrafo como sello, su percepción, su pensamiento, y cuentan una historia que sólo le pertenece a él", dice la prestigiosa crítica fotográfica Vicki Goldberg en el epílogo de BazanCuba, el libro en el que este fotógrafo siciliano ha dejado resumidas sus sensaciones y sentimientos de catorce años de vida en la isla a lo largo de 280 páginas con 118 fotografías, aderezadas con extractos de su diario personal manuscrito, en una edición cuasi artesanal en la que colaboraron más de 50 estudiantes de sus talleres, y que se vende sólo a través de Internet.


No es la de Bazan, nacido en Palermo en 1959, año de la Revolución cubana, una visión complaciente. Es cruda y desgarrada.


"La Habana está en un estado de descomposición física y mental; parece exhausta y cayéndose a pedazos. Es enorme la degradación. Sueños rotos y desolación por todos lados", escribe en un fragmento de su diario personal correspondiente a 1992, reproducido en su libro.

La Cuba que muestra Bazan está filtrada por la visión personalísima de alguien que está "casi seguro" de haber vivido en la isla en una vida anterior. Muestra el dolor de los cubanos ante las dificultades de la vida diaria, y la presenta desde el dolor que le ha producido el tener que dejar la isla hace ya más de cuatro años, cuando tuvo que exiliarse tras recibir la advertencia de que su familia podía "tener problemas".


Lo curioso es que en un estado policial como el cubano, a veces los problemas no te llegan por desavenencias con el régimen, sino por cosas mucho más mundanas: los vecinos de Sissy, la mujer de Ernesto, no soportaron que ella pudiera darse una vida mejor que la de ellos, y denunciaron las actividades de su marido. Ernesto lo dice claramente: "Mis talleres son caros". Ergo: no aptos para bolsillos de estudiantes cubanos, sólo asistían estudiantes extranjeros.

"Algunos vecinos envidiosos de mi esposa, que tenía un nivel de vida más acomodado, como no tienen nada que hacer en todo el día, empezaron a escribir cartas anónimas y convirtieron algo muy bonito, como lo de mis talleres fotográficos, en un crimen de Estado", resume.


Así fue que en 2006, tras 14 años de vida en una isla que siente como suya, donde se reencontró con la atmósfera de esa Palermo que lo vio nacer en 1959 (el mismo año en el que nació la Revolución Cubana), Ernesto tuvo que dejar la isla.


"Cuando tienes esposa e hijos cubanos, no puedes permitirte jugar con el régimen", dice. La excusa fue que el reglamento del Centro Internacional de Prensa cubano establece que un extranjero no puede impartir clases de periodismo, aunque sí lo pueda ejercer. "La acusación fue que yo era fotoperiodista y estaba dando talleres de periodismo. Según el reglamento del Centro de Prensa Internacional, yo puedo sacar todas las fotos que quiera, pero no puedo dar clases de periodismo. Es una de las tantas estupideces que hay en un mundo regido por ese tipo de reglas", dice.

"Yo he dejado de ser fotoperiodista hace muchos años. Los míos son reportajes de mucha introspección", dice, pero sabía que no podría convencer de eso a las autoridades que decidieron que sus talleres eran de periodismo. Pese a intentarlo.
"Obviamente, fue un momento duro, porque teníamos una casa, cosas materiales... Pero cuando llega el momento en que sientes que estás a punto de perder la libertad de escoger lo que quieres hacer en tu vida, estaba dispuesto a entregar hasta mis cámaras para que mi familia y yo saliéramos sin problemas", cuenta. Pese a ello, no hace de su situación un drama ni se victimiza. Reconoce que es un privilegiado.

"En comparación con lo que les pasa a los cubanos, siempre digo que lo que me pasó a mí es algo muy pequeño", dijo. "Mi familia ha tenido la suerte de poder regresar hasta la fecha a visitar a su familia; entonces, para mí, no es nada del otro mundo", cuenta.


De privilegiado a expulsado
La maledicencia y la envidia de unos vecinos con mucho tiempo libre en el estado policial de los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) pudieron más que la simpatía que el trabajo de Bazan llegó a despertar en algunas autoridades cubanas.

Hasta el propio Raúl Castro (por entonces jefe de las Fuerzas Armadas) tuvo el gesto inédito de dejarle fotografiar una semana al Ejército cubano cuando Bazan lo solicitó en una carta, y luego el gobierno lo invitó a exponer esas fotografías en el Museo de la Revolución.


"El gobierno cubano sabía exactamente lo que yo hacía, porque controlan e-mails, teléfonos... Tenía una relación normal con el gobierno sin tener que lamerle el culo a nadie...", dice y se detiene a pensar.  


"En realidad, era privilegiada", dice, "el mismo Raúl Castro pidió que yo hiciera una exposición del trabajo que había hecho a lo largo de una semana en el Museo de la Revolución. ¡Y no me pidieron nada! Yo dije: “Voy a hacer la exposición con las fotos que tengo”. Que son fotos muy personales. La única cosa que me pidieron y accedí porque me pareció un buen pedido, es que incluyera algunas fotos de mujeres soldados. Y fue una situación totalmente surrealista: en el Museo de la Revolución -que era el ex palacio presidencial de Batista- rodeado por todos esos generales, la secretaria de Raúl Castro llamándome por la mañana a mi casa deseándome éxito con mi exposición...", rememora.
 


"Ellos eran conscientes de que mi fotografía sobre el Periodo Especial [los años que siguieron a la caída de la Unión Soviética, especialmente duros para Cuba después de que Rusia manifestara que no seguiría enviándole ayuda] mostraba la dureza, las dificultades del día a día de los cubanos, y a pesar de eso me abrieron las puertas. Veían que trato de fotografiar siempre al hombre con mucha dignidad, a pesar de las dificultades que tiene que encarar. Y eso creo que le gustó al régimen cubano y por eso me permitieron entrar en muchos lugares, lo que ayudó mucho a que mi proyecto llegara donde yo quería", admite, y al final, se muestra agradecido de su destino.

"Al final, créeme, es como se dice en Italia: “Se cierra una puerta y se abre un portón”. Era parte de mi destino. Yo tengo dos niños varones: si me hubiera quedado en Cuba, a los 17 años tendrían que haber hecho dos años de servicio militar obligatorio, y ni hablar del lavado de cerebro que recibían cada día en la escuela... Entonces, creo que ha sido mucho mejor que hayamos salido de la isla", confiesa.

 

Los amigos y la infancia
Los principales amigos que Bazan dejó en Cuba son campesinos, quizás por eso de que los ambientes rurales de la isla aún no están contaminados de la picaresca de las grandes ciudades propiciada por el turismo y las necesidades materiales, un fenómeno social común a todas las grandes ciudades latinoamericanas (y quizás todas las del Tercer Mundo en donde los habitantes suelen ver a los turistas europeos como verdaderos euros andantes) y del cual La Habana es unos de sus mayores exponentes. Pero no quiere meter a todos en el mismo saco, y prefiere recordar los grandes amigos que allí dejó.

"Estaba feliz de haber encontrado mi niñez siciliana en el campo, y hubiera podido fotografiar muchos años más, pero el destino quiso que tenga que salir", dice. La Cuba de la que Bazan se enamoró, es la Cuba campesina, que le recordaba a la Sicilia de su juventud, no la Cuba habanera en la cual se ha instalado una carrera por acaparar más bienes materiales que ostentar ante el vecino, de lo que les llega principalmente por medio de los turistas o el contrabando, a una Habana donde paulatinamente los valores primigenios de la revolución se han visto desplazados por el ansia de acceder al negocio de los chavitos, los pesos cubanos convertibles a dólar. Esa Cuba habanera que fue la que lo expulsó.

"Ahora mi nueva Habana se llama Salvador, y mi nueva Cuba es el estado de Bahía, donde llevo muchos años fotografiando, y estoy feliz... en toda América Latina hay miles de lugares donde fotografiar que me encantan: quiero dedicar el resto de mi vida a fotografiarla", cuenta con satisfacción.

El arte de ser un "dinosaurio"
Bazan no se siente periodista, se siente artista. Quizás por eso siga trabajando con lentitud en sus proyectos de largo aliento, sin dejarse seducir por la velocidad de la fotografía digital.

Sigue con sus rollos de película y la artesanía de lo analógico en una época en la que tanto la fotografía de laboratorio como los libros de fotos están siendo dejados atrás por la fuerza de lo digital. Y sigue editando libros cuidadosamente trabajados, como objetos de culto, pese al avance abrumador de los formatos virtuales.


"Como soy un dinosaurio, no tengo que trabajar para la prensa, no tengo entregas abrumadoras, estoy encantado de la vida, estoy feliz. En Oaxaca [donde imparte talleres del Día de los Muertos todos los años] me esperan cinco estudiantes y mi impresor, que ha revelado sesenta rollos de Salvador que hice este verano, y ahora le voy a entregar otros sesenta rollos que acabo de hacer en Perú, y me encanta esa vida... Después con calma, con mi lupita, con un mezcalito, empezar a mirar, a deprimirme un poquito... Pero al final ojalá pueda surgir algo bueno. Y así es mi vida como fotógrafo, no tengo ninguna prisa, y mis libros se demoran años para nacer", señala.


Ese romanticismo le ha llevado también a rebelarse contra las editoriales y fundar su propia firma para publicar sus libros: BazanPhoto Publishing.
"El mundo editorial te friega mucho. Pierdes mucho los derechos, el control del libro, te pagan una miseria... La única cosa que tenía por cierta cuando salí de Cuba es que no quería que las editoriales me jodieran otra vez un libro, como me había pasado en los dos primeros. Y me siento un privilegiado porque tuvimos (en plural, con mis estudiantes), el control pleno, la plena soberanía sobre cada palabra y cada fotografía. Todo lo elegimos juntos. Y por eso quiero seguir así. Si dentro de algunos años alguna editorial me pide publicar mis libros, lo voy a hacer sólo si aceptan mis condiciones. Porque nosotros somos los que creamos las fotografías de los libros, y nos cuesta mucho trabajo, no solamente en términos económicos, sino también por el esfuerzo de tener la capacidad, la salud, el tiempo, para volver muchas veces a al mismo lugar... A este libro le entregué catorce años de mi vida... ¡Catorce! Entonces, considero que tiene que ser así, porque ese trabajo lo hice yo", sostiene.

BazanCuba, impreso sobre en papel mate alemán con tintas hechas especialmente para esta impresión, es un buen ejemplo del romanticismo que impregna el trabajo del siciliano.

martes, julio 20, 2010

Reflexiones desordenadas tras la borrachera futbolera


Los amigos de la excelente revista Cronopio me han invitado a escribir una colaboración para su 12ª edición. La publicación en esa revista esta aquí. Si quieren hacer un comentario, mejor hacerlo en la entrada de Cronopio. De todos modos, en esta entrada también les pego el texto completo (en la edición original que mantiene una redacción levemente más "argentina"), por si quieren leer acá mismo.


"El fútbol es de todos", leo en una pintada por 'JP Evita'1, que me lleva a pensar en ciertas noticias del año pasado, cuando el gobierno argentino abolió la concesión del fútbol de primera división que tenía la empresa Torneos y Competencias (TyC), que ostentaba así los derechos en exclusividad del fútbol. (Se había llegado a una situación tan ridícula como la de que los canales no pudieran pasar hasta después del domingo por la noche ninguna imagen de los partidos de fútbol de ese fin de semana, ni siquiera de los partidos jugados el viernes o el sábado, porque TyC no las cedía hasta que las hubiera emitido en el programa de ese horario, un clásico de la televisión argentina llamado Fútbol de Primera). 


A cualquier aficionado al fútbol, el hecho de que las emisiones de este deporte pasaran a ser propiedad de la televisión pública y, por lo tanto, fueran parte de la programación libre y abierta, le debería hacer saltar de alegría y un sentimiento de justicia debería hacerle henchir de orgullo. 


Sin embargo, yo mismo, muy aficionado al fútbol, me sorprendí sintiendo algo más parecido al enfado que a la alegría, al sentir que el gobierno estaba dedicando tiempo y dinero a una cuestión absolutamente superficial y que carece absolutamente de importancia al lado de la gran cantidad de problemas serios, profundos y de extrema gravedad a los que tendría que hacer frente el gobierno: educación y salud deficientes o criminalidad, por citar un par de ellos. 


Me sorprendí a mí mismo pensando que, en definitiva, no me parece tan mal que quien quiera ver fútbol pague por ello, puesto que no se trata de una necesidad, sino de un placer: de algo que no le aporta demasiado a la sociedad, salvo a los que forman parte de esta industria. 


Se me podrá rebatir que el fútbol es una industria más del país, que además es muy poderosa y de mucho calado en la sociedad, y que entonces no está mal que el gobierno dé ayudas a los diferentes sectores de actividad económica de un país. Sin restarle razón a este argumento, no dejaré de sentir que hay en la Argentina asuntos mucho más importantes de los que ocuparse antes de pensar en dar ayudas al fútbol, o de invertir decenas de millones de dólares en hacer posible que el fútbol llegue de manera gratuita a todos los hogares que tengan televisión. Creo que esas decenas de millones de dólares podrían ser más útiles si se dota de más recursos a escuelas y hospitales, y que destinar esas sumas al pago de los derechos de la televisación del fútbol es una obscenidad. 


Lo malo no está en pagar por el fútbol, lo malo está en pagar por el fútbol cuando hay tantos asuntos desatendidos relacionados con el cumplimiento de los derechos humanos: que cada chico o chica tenga una alimentación completa y saludable, que reciba una educación de primer nivel para poder salir a competir con sus semejantes en condiciones de igualdad cuando le toque ganarse la vida, que pueda dedicarse a jugar y a estudiar y no tenga que salir a trabajar, que no le falte la salud de manera evitable a todos y cada uno de los habitantes de nuestro país. Y estamos muy lejos como país de poder dar cumplimiento a eso como para ocuparnos de que el fútbol sea gratis.

"¡Pero si todo eso sucedió hace varios meses ya ¿Por qué salís con esto ahora?!", podrán decirme muchos, en un país con un nivel de crispación y de división de opiniones en la sociedad que lleva a que muchas veces, criticar cualquier aspecto relacionado con la actuación de nuestros representantes, cualquiera sea su bandería política, es tomado como un ataque  directo al modelo de sociedad que se promueve, sea desde el campo que se llama a sí mismo progresista como desde el que se llama a sí mismo liberal: en el actual estado de cosas, ni unos son una cosa ni los otros son la otra. 



Y se me ocurrió escribir sobre esto porque vi esa pintada mientras estaba pasando un mes en Argentina, donde hace ya varios años que no vivo, pero que sigue siendo mi país (más aún siendo la emigración, como es, una parte constitutiva de la argentinidad). Y porque estaba ni más ni menos que en el mes del Mundial.


Tuve una discusión en una mítica pizzería de la calle Corrientes con un fotógrafo que sostenía que el fútbol era en Argentina una institución social y que, como tal, un gobierno debía hacerse cargo de que el pueblo pudiera acceder a ella. No niego la importancia del fútbol como manifestación deportiva que incluso es generadora de cultura (literatura, canciones, ritos, lenguaje), como importante actividad económica, ni como puente de unión entre sociedades muy diferentes entre sí que pueden, a través del hecho de compartir su pasión por este deporte, generar entre sí lazos de empatía. Pero vuelvo a repetir lo mismo, como un disco rayado: "¿No hay otras cosas más importantes de las que ocuparse antes?".


Como decía, todas estas reflexiones desordenadas se me vinieron a la cabeza en un mes que pasé en Argentina, en junio de 2010, mes de Mundial de fútbol en Sudáfrica. No recordaba, después de haber vivido casi diez años y dos mundiales en Europa, con cuánta intensidad se vive este evento deportivo en el país más austral del mundo. Al salir de España rumbo a la Argentina me alegraba alejarme de una presencia mediática del fútbol que consideraba excesiva: creo que en realidad lo que me alegraba era alejarme de la presencia mediática de la selección española y cambiarla por la selección argentina. 


La cantidad de horas de radio y televisión, y de hojas de periódicos dedicadas al Mundial en Argentina me pareció aún más excesiva que en España, y aunque no puedo ni quiero sustraerme a la fascinación que el Mundial ejerce sobre las personas, sí me choca más que esto se dé en un país que se ocupa tan poco de la salud y la educación de calidad públicas y de acceso universal.


Los problemas sociales a los que se enfrenta la sociedad argentina son tan serios que frivolizan y dejan en ridículo a cualquier tipo de información deportiva que pueda comunicarse; pero precisamente por esto parece que fueran más importantes para una sociedad que necesita creer más que nunca en ella misma. Y ver que gente como vos, con la que en tanto compatriotas compartís muchísimas cosas, pueden ser los mejores del mundo en su especialidad -mucho más si esa especialidad se nutre de la pasión de la competición deportiva en defensa de los colores patrios-, hace que cada uno de nosotros deseemos que ellos, nuestros alter egos, ganen el Mundial a los otros. 


Aunque ellos hayan llegado a ser millonarios y a sus veintipico años ya no tengan que preocuparse de ganarse el pan y tengan el futuro de sus hijos y nietos asegurados. Los que están en Argentina se sienten identificados con ellos, y los que emigramos porque priorizamos una serie de oportunidades que -erróneamente o no- creímos que Europa podría brindarnos nos sentimos identificados con un Lionel Messi que dejó la Argentina no sólo para poder hacer una carrera en el fútbol, sino porque en Barcelona le iban a costear un tratamiento de salud relacionado con su crecimiento que en su club de Rosario, Newell's Old Boys, le negaron: sin el éxito de ese costoso tratamiento no hubiera llegado a ser el mejor jugador del mundo.


Y estos sentimientos no son privativos de países en vías de desarrollo. También en España el triunfo de su selección en el Mundial ha servido para que los españoles puedan volver a confiar en su potencial en medio de una severa crisis económica que ha llevado ya al país a una tasa de desempleo del 20 por ciento, unos cuatro millones de trabajadores desempleados. 


Algunas estimaciones han llegado a calcular que el campeonato mundial logrado por la selección española podría llegar a elevar el crecimiento de su producto interior bruto (PIB) en un 0,7 por ciento, debido a una mejor imagen de la marca España en el mundo, a la llegada de más turistas, o simplemente a un mejoramiento del ánimo y la confianza en sí misma de la gente que podría llegar a fomentar el consumo y la productividad de los españoles. Si este grupo de muchachos españoles fueron capaces de conquistar el mundo con trabajo, talento, tesón y humildad (porque de todo eso han hecho gala los jugadores de esta selección), ¿por qué todos y cada uno de nosotros no seremos capaces, con un poco de suerte, de cumplir nuestros sueños?


¿Será la improvisación y la apelación a la suerte, a los golpes de fortuna o de inspiración fortuita y al talento desordenado -la verdad sea dicha: el talento por sí solo nunca triunfa si no es ayudado por algo de disciplina: el equipo de México '86 con el que Argentina conquistó la Copa del Mundo era un conjunto cuya disciplina dio soporte al colosal talento de Diego Armando Maradona-  de la que hizo gala nuestro director técnico la responsable de una eliminación tan temprana? ¿Será el carismático e irresponsable Maradona el más patente reflejo de lo que somos como país? No son pocos los que sostienen esta idea. Nada está perdido, entonces: todo es cuestión de que encontremos un poco de disciplina.


1 Juventud Peronista Evita.

viernes, junio 11, 2010

Mi candidato es Sudáfrica



Por la épica.
Quien haya visto la película Invictus, del maestro Clint Eastwood, o haya leído Playing the enemy de John Carlin (traducida en español como El factor humano), la novela que inspiró la mencionada película, se habrá dado cabal cuenta del carácter épico del triunfo sudafricano en el Mundial de Rugby de 1995.

Aquél histórico evento deportivo unió a toda una nación en torno a los Springboks, la selección de rugby del país, el equipo verde y oro que antes de 1995 era odiado por la mayoría negra, y que fue conducido al título bajo el liderazgo de su capitán, Francois Pienaar, un jugador blanco (como todos los de la selección ese año, con la excepción de Chester Williams) que hizo suyos los valores de unión de la nación del arco iris, y que dedicó el triunfo al conjunto del país, incluida la mayoría negra.

En una entrevista tras la consecución del título, Pienaar dijo: “No tuvimos a 60.000 personas alentándonos” (en referencia a los asistentes esa tarde de 1995 en la final del Ellis Park de Johannesburgo) “Tuvimos a 43 millones”.

Quince años después, hay seis millones de sudafricanos más, y el país tiene ante sí una apuesta más ambiciosa: la organización de un Mundial de Fútbol es un desafío de magnitudes muchas veces superior a la de su hermano menor, el Mundial de Rugby. Esta vez, los sudafricanos -además de unir de nuevo a blancos y negros detrás de su selección - quieren demostrarse que pueden superar desafíos en un país que los tiene mucho más serios que una competición deportiva: la mitad de su población sumida en la pobreza, índices de delincuencia y de tasa de prevalencia de VIH de los más altos del mundo, y una de las más sangrantes cotas de desigualdad social del planeta con una corrupción rampante.

En lo deportivo, a pesar de que los Springboks no eran candidatos a ganar la Copa Webb Ellis en 1995, sí estaban en el grupo de países potencias del rugby mundial. Eso no sucede con los Bafana Bafana, la selección de fútbol, históricamente identificada con la minoría negra, así que, por ahora, los sudafricanos no parecen plantearse quedarse con la Copa

Pero esta vez hay otro Pienaar liderando la selección. Se trata de Steven, y es negro. Y aunque diga que quiere ir paso a paso, seguramente sueña con repetir la historia de su antecesor blanco.

Otra vez, como hace quince años, los sudafricanos están unidos detrás de un deseo común. Y otro Pienaar levantando una Copa del Mundo el próximo 11 de julio sería la guinda del postre. Verde y oro u oro y verde, blanco y negro, el orden de los factores no altera el producto.

Otra vez, los países que se enfrenten a Sudáfrica deberán enfrentarse al empuje de 49 millones de almas. Por no hablar de sus vuvuzelas, mucho más concretas que un espíritu alentador.

No me imagino que el triunfo de un país organizador pueda ser más épico que un hipotético campeonato de los anfitriones en 2010. El padre de esta criatura llamada Sudáfrica, Nelson Mandela, perdió a su bisnieta en un accidente de tránsito tras la ceremonia inaugural, y por ese motivo no pudo asistir al primer partido, que enfrentó a su selección con México y que terminó con un empate a un gol. Zenani Mandela, de 13 años, murió cuando volvía del concierto de música que precedió al Mundial el jueves 10 de junio, en un accidente que sufrió junto a su bisabuela, Winnie, la más famosa esposa del líder sudafricano. A ella le dedicará Madiba el triunfo, que mancha de sufrimiento y dolor lo que para él hubiera sido la coronación de una vida dedicada a su país.

Por eso mi candidato es Sudáfrica: por la épica. Si los Bafana Bafana se llevan la Copa, Clint Eastwood tendrá que filmar la segunda parte de Invictus.