domingo, junio 14, 2009

Carlos Castilla del Pino: "La locura es empobrecedora siempre"


En mayo de 2009, además de Antonio Vega, murió Carlos Castilla del Pino, gran psiquiatra español a quien tuve la fortuna de entrevistar en 2002, en Santander.
En su momento la entrevista salió publicada en el diario ABC (en esta entrada tienen insertada la página original, tal cual fue publicada). Sin embargo, por sus ideas políticas (llegó a ser apodado el psiquiatra rojo), El País ha dado más cobertura a su trayectoria.

Mi homenaje a Castilla del Pino es la publicación de la entrevista completa. Que la disfruten.

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Con su experiencia en el estudio del delirio, ¿cree que el mismo está influyendo de una manera decisiva y, quizás, perniciosa en la sociedad actual?

No. Una patología es un problema totalmente distinto a un fenómeno sociológico. Los fenómenos sociológicos algunas veces pueden ser tildados de "delirantes", pero eso no es más que un uso metafórico del término. El término "delirio", en sentido técnico, afecta a un tipo de trastorno mental que es sumamente interesante porque plantea el problema de cómo el sujeto que se encuentra absolutamente impotente frente a la posibilidad de creación de su identidad en una determinada sociedad prefiere el refugio de la fantasía, luego a la fantasía la hace realidad en forma de proyección. Eso es lo que constituye el delirio.

¿Las realidades virtuales pueden ser nocivas en ese sentido?

No, porque mire usted los niños, que son los que fundamentalmente se dedican al juego (no al juego virtual, sino a los juegos, son los que juegan ), juegan muy seriamente. Como decía Freud, el juego es vivido por los niños con una absoluta seriedad. Porque realmente el niño todavía no es capaz de distinguir en un determinado momento entre realidad y fantasía. Lo viven como una realidad, aunque sea un producto de su fantasía. Entonces, para el niño, el jugar, el objeto con el cual juega, es relativamente indiferente. Lo mismo le da un juguete caro que un juguete barato o un taco de madera. Cuando el niño tiene que jugar, lo que hace es proyectar su fantasía, y entonces al taco de madera lo convierte en un avión o en un cohete o en lo que quiera que sea. En realidad, los videojuegos son como el cine: fábricas de sueños. Pero muchas veces no se corresponden con esos sueños que nosotros desearíamos tener.

¿Cree usted que son más peligrosos en el caso de los adultos?

Sí, porque crea un tipo de adicción en forma de mundo autista, mundo desreístico (fuera de la realidad). Entonces, en la medida en que tiene una objetividad, y por lo tanto el simulacro de realidad es mucho mayor, el sujeto se puede encontrar inmerso en un mundo fantástico en el cual se encuentre sumamente a gusto y del cual no sale porque se encuentra mucho más cómodo que en la realidad. La realidad es siempre incómoda. Hay que saber operar en ella, y no siempre es fácil, ni siempre se está capacitado para ello. Entonces, el desentrenamiento del sujeto ante la realidad es un riesgo que tiene muy acentuado aquella persona que se dedica al mundo de los videojuegos. Como al mundo de la escritura o al mundo de la poesía o al mundo de la música. Hay gente inmersa en esos mundos, que naturalmente cuando salen de ellos para vivir en la realidad están desentrenados y pueden tener graves problemas. Lo vemos en la práctica cotidiana, no solamente clínica, cómo hay sujetos -como músicos, poetas, novelistas- que están tan inmersos en su mundo que pierden la capacidad para operar en la realidad.

¿Cree que la tendencia a consumir drogas en España puede ayudar a que sea una sociedad delirante, o ser funcional a este problema?

No. Muchas veces la droga cumple tan sólo un cometido de vehículo de comunicación. Cada grupo social tiene unos rituales que hay que cumplir si se quiere estar dentro de ese grupo. Si usted va a una boda y le preguntan qué quiere beber, no querría nunca una jarra de leche. A usted, aunque no le guste el whisky, el vino, la cerveza o la manzanilla, pues tiene que beber algún tipo de esas bebidas. Esos son rituales sociales mediante los cuales uno cumple, por decir así, la regla básica mediante la cual se incorpora a la sociedad. En el momento en el que usted dijera, en una situación así "No, yo un vaso de leche", la gente se quedaría perpleja ante usted. Dirían "¿Qué hace este hombre? No es el momento". Si no le gusta nada, que no tome nada, pero que no tome leche. Lo mismo pasa con las drogas con los jóvenes, aunque tienen su trampa. Que también la tiene el alcohol: lo que empieza siendo a lo mejor un ritual meramente social se transforma luego en una adicción. Y con las drogas pasa igual. Por ejemplo, con el consumo de éxtasis: "Tienes que tomar éxtasis como tomamos todos los demás", "Hay que ponerse a punta", y todo ese etcétera. Lo mismo pasa con el porro. Hay mucha gente que es fumadora de porro de fines de semana. El porro ahí cumple un rito meramente iniciático.

¿En el caso de los adultos el delirio podría ser un adicción que ayude a escapar de la realidad para no enfrentarse a ella?

El delirio es siempre un escape de la relidad. El delirante prefiere vivir en su delirio, donde encuentra una satisfacción a sus deseos. Esa satisfacción es a veces indirecta. Muchos delirantes de persecución ¿cómo pueden satisfacer sus deseos si se sienten perseguidos? Bueno, porque ser perseguido es señal de que se es muy importante. Ser perseguido por la CIA, el FBI, los servicios de información rusos, es algo muy importante.

¿Estos síntomas de delirios se limitan a los afectados por patologías severas, o pueden afectarnos a todos de alguna manera?

Todos somos susceptibles de caer en el delirio. Basta con que, por ejemplo, no se cumpla la condición fundamental de estar despiertos, estar vigilantes. En el momento en que nosotros nos adormecemos, en el duermevela, ya el sueño es una forma de delirio. Cuando una persona está entrando en el sueño, sea el fisiológico o mediante cualquier tipo de droga, necesariamente delira. Pero hay otro tipo de delirio que es el más interesante, el más curioso, que es cuando el sujeto está despierto, en unas condiciones neurofisiológicas perfectamente normales, y sin embargo delira. Transforma la realidad y la realidad de sí mismo, porque no cabe la posibilidad de que yo me imagine que me persiguen sin que al mismo tiempo yo no me considere que soy sujeto de esa persecución en virtud de algo. En virtud de que soy una persona importante, o que posee secretos de Estado, etcétera, etcétera. De manera que la alteración de la realidad no sólo lo es de la realidad exterior sino de la conciencia de uno mismo.

¿Cuál es la función del delirio en el individuo?

Es una función ortopédica. De la misma manera en que hay personas insuficientes del aparato de locomoción que necesitan un bastón, hay otras personas que necesitan del delirio para ser. Por eso muchas veces cuando curamos el delirio, o hacemos que el sujeto deje de delirar mediante fármacos específicos para ello, el sujeto se deprime. Ha perdido la identidad que tenía cuando era delirante.

¿Puede ser que el delirio tenga una función en la sociedad?

La sociedad no delira, la sociedad no es un ente.

¿Pero los delirios individuales no pueden tener una función en la sociedad?

No, está la locura inducida, la foliex a deux que describieron los psiquiatras franceses del siglo XIX, en la que alguien - que es un delirante - consigue que otra persona crea que su delirio es verdad. Por ejemplo, si yo deliro que soy Jesucristo y que soy el salvador del mundo, puedo conseguir que determinada personas crean que yo, efectivamente, soy Jesucristo. Pero ellos no son psicóticos, yo sí. Yo soy el psicótico.

¿En el caso de las sectas se da ese fenómeno?

A veces sí, a veces no. Ese es un problema completamente distinto. No necesariamente tiene que ser un delirante el fundador de la secta. Lutero no es un delirante, ni Calvino.

¿Puede ser inocuo el delirio o siempre es lesivo?

Es lesivo para el sujeto, porque al mismo tiempo que está delirando, está en la realidad. Y si no está entrenado para la realidad y no acepta la realidad, la realidad le puede. El sujeto delirante es un sujeto que no puede estar con los demás. Es un sujeto al cual los demás marginamos, porque entre usted y yo hay un consenso, una reglas de juego, y el delirante no las sigue, tiene las suyas propias. De manera que el delirante para sí mismo es lesivo, por eso tratamos de curarle, de que el delirio cese. Y respecto a la sociedad, el delirante puede ser a veces agresivo para la sociedad. Pensemos, por ejemplo, en la cantidad de personas que padecen delirios de infidelidad -esos que se llaman impropiamente delirios de celos- que muchas veces cometen homicidios, asesinatos, en virtud de estas supuestas infidelidades con las cuales deliran.

¿Cree usted que el delirio ha aportado cosas positivas en el terreno del arte?

No. La locura es empobrecedora siempre. La obra de arte es un proceso muy complicado que exige una lucidez extraordinaria. Todos los grandes creadores han reconocido el enorme trabajo que significa la creación. Por otra parte, una obra de arte es una obra que se está haciendo a lo largo del tiempo, que necesita corrección, y solamente quien está absolutamente lúcido a este respecto es el que puede llevarla a cabo.

martes, mayo 19, 2009

La ultraderecha es terrorismo: en memoria de Carlos Palomino

Hace aproximadamente un año y medio, en noviembre de 2007, tras el asesinato del adolescente antifascista Carlos Palomino en Madrid, escribí un artículo para un blog colectivo llamado Madridean, hoy discontinuado.
En ese momento reflexionaba sobre la falta de coherencia de un gobierno (del partido Socialista para más inri, aunque lo mismo sucedía con el gobierno centroderechista del partido Popular) que autorizaba manifestaciones de grupúsculos políticos contrarios a la convivencia, la paz, la tolerancia, el respeto y los derechos humanos, a la vez que ilegalizaba a otras formaciones políticas de similares tendencias, la llamada izquierda abertzale vasca, idéntica en el desprecio a la vida y a esa mayoría que es diferente a ellos.
Rescato ese breve artículo como homenaje a Carlos Palomino, días después de que se hicieran públicos los videos del metro de Madrid a través de los cuales queda clara la utilización deliberada y fría de técnicas para matar del militar profesional fascista que asesinó al joven, que tenía 16 años.

¿Un crimen por motivos políticos no es terrorismo?
Antes, dicen, había dos Españas. Ya no. Al menos no como hace 70 años.Hay una España de gente que trabaja, que crea, que se rasca la barriga, y que comparte un montón de características comunes. Una España que comparte pasiones, un país, una geografía, comidas, cañas, tapas y juergas.

Sigue habiendo en España puntos de vista diferentes, pero razonablemente respetuosos con el prójimo, con el marco de convivencia, con la Constitución, con la ley. Con sentido común.

Sin embargo, hay un puñado de energúmenos que, aburridos de sus propias impotencias personales, reviven fantasmas del pasado, sentimientos de odio pasados de moda, y dicen que hay que seguir defendiendo a España de los invasores. Son muy ruidosos y atraen la atención de los medios con mucha facilidad.

¿Quiénes son estas personas? Unas quinientas se reunieron el pasado fin de semana en la Plaza de Oriente para recordar a su caudillo. Otros tantos lo harán este 20 de noviembre en Moncloa para marchar hasta el Valle de los Caídos.

¿Y de qué amenaza externa tienen que defender a España, ahora que no existe el comunismo internacional ni la Unión Soviética? De los inmigrantes, de los trabajadores que vienen a robar el trabajo desde el exterior, de los delincuentes que llegan a sembrar de pánico las calles españolas. De los moros pueden volver a conquistar España por medio de la inmigración.

Los que se manifiesten en Madrid este 20-N para recordar a Francisco Franco no lo harán sólo pensando en la guerra que ganó (si es que en una guerra se gana) su caudillo hace más de medio siglo, sino que trasladarán sus ideas al presente. Y culparán de sus males al Gobierno, que permite la entrada de inmigrantes.

La televisión e internet nos vienen informando hace un tiempo sobre algunas agresiones racistas, como la sufrida por el economista congoleñó Miwa Bene, de 42 años y padre de dos hijos (tetrapléjico tras ser golpeado en la nuca por el español de 29 años Roberto Alonso de la Varga, por ser negro); o la padecida por una joven ecuatoriana agredida en un tren de cercanías catalán por el joven Sergi Xavier M.M.; o el colombiano Jaime F.R., de 53 años, lleno de magulladuras y con un brazo escayolado tras ser apaleado por un grupo de neonazis en Las Rozas. Este tipo de incidentes no pueden ser completamente desvinculados de motivaciones políticas.

Los pequeños movimientos ultraderechistas españoles se están envalentonando en los últimos meses, a medida que se acercan las elecciones, azuzados desde partidos legales como Democracia Nacional. Mientras el Gobierno no pone fuera de la ley a formaciones que deberían estarlo, son los grupos de militancia antifascista los que salen a plantarles cara.

Todos nos enteramos hace dos fines de semana que, antes de un mitin que Democracia Nacional iba a celebrar en Legazpi, un soldado de las Fuerzas Armadas Españolas que asistía al acto como particular se topó con un grupo de antifascistas que iban a manifestarse en contra del acto. Que atacó a varios de ellos con un cuchillo, y que mató a un joven de 16 años. Esto mereció la condena de los más diversos sectores de la sociedad, pero sólo consiguió que se manifiesten en el centro de Madrid unos pocos miles el domingo 11 y otros pocos miles el sábado 17. La mayor parte de ellos, militantes de algún colectivo de izquierdas. Pero no se oyó la condena unánime de toda la sociedad española.

¿Por qué ante una muerte por parte de ETA salimos todos a la calle, y no por la muerte de un joven por motivos pura y exclusivamente políticos, a manos de una persona con formación militar, proporcionada además por el Estado español?

¿Esto no es terrorismo?

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A continuación, comparto con ustedes dos versiones de las grabaciones de esos trágicos momentos. Una versión más corta, con audio y una frase final que comparto ("Los fascistas son terroristas, no gamberros"), y otra más larga y completa, con explicaciones.




La versión larga, con explicaciones:

martes, mayo 12, 2009

Hasta siempre, Antonio

Foto: FT.
Hoy murió Antonio Vega. Un grande.
Mucho se ha hablado sobre la movida madrileña de los ochenta y sobre los grupos que se formaron en ese ambiente. Estoy leyendo un libro en el cual se cita a Alaska diciendo que no existía una movida como tal (algo que en general comparten todos los que vivieron esos años), y que si el grupo en el que estaban gente como Nacha Pop (el grupo de Antonio), Los Secretos u Hombres G eran la movida, el grupo de gente con el que solía juntarse ella (Tino Casal, Fabio McNamara, Pedro Almodóvar, los Costus, etc.) no era la movida. Ya querrían los de Hombres G el talento de Antonio. Como ya querrían Alaska y los Pegamoides el talento de Tino Casal.
Hace unos años, en abril de 2005, Antonio Vega volvía a tocar en Madrid después de varios años de ausencia de los escenarios, y yo escribí esto sobre ese concierto, en el que también hice algunas fotos. Se trata de una crónica de agencia. Le hice un par de correcciones de estilo porque había un par de cositas que, leyéndola ahora, no me gustaban. No es un gran reportaje, pero quise rescatarlo en este día como un humilde homenaje a un grande.


Volvió el mejor Antonio Vega, en andas de su música y sus musas

Antonio Vega demostró el sábado en Madrid que su música está más viva que nunca, y que sus talentosas musas no han dejado de visitarlo ni de bendecir sus creaciones.
El ciclo Veranos de la Villa organizado por el centro cultural Conde Duque hizo posible el reencuentro de Antonio Vega con su
público, meses después del lanzamiento de su disco “3.000 noches con Marga”, título que rinde homenaje a su mujer recientemente fallecida
Miles de seguidores llenaron el patio de butacas del Conde Duque para presenciar su concierto, una armoniosa mezcla de canciones de su último disco - el primero que Vega lanza en solitario tras cuatro años de silencio - y de sus clásicos.
El espectáculo comenzó poco antes de la diez de la noche, con la oscuridad avanzando sobre el cielo que cubría el patio. La balada
Anatomía de una ola fue la encargada de comenzar el recital, e inmediatamente dio paso a la primera canción de su último disco, Pasa el otoño, un homenaje al Madrid otoñal y lo que éste evoca en el artista.
Tras esas dos primeras canciones quedó claro que el patio contaba con un sonido más que aceptable, y que la voz de Antonio Vega estaba tan bien como siempre.
El tercer tema,
Me quedo contigo, fue el primero en recibir una respuesta efusiva del público, tras el cual siguió otra canción del último disco, Ángel de Orión, en el cual tanto la banda como él una excelente compenetración.
El concierto se movió siempre en clave de canciones nuevas intercaladas entre sus clásicos, con una presentación impecable cuya intensidad musical fue de menor a mayor.
Antonio Vega estuvo muy activo con varios solos de guitarra, tanto eléctrica como acústica, y aunque el cantautor madrileño no se caracterice por una gran efusividad ni por jugar con el público en sus actuaciones en vivo, nunca dejó de estar completamente concentrado en su papel interpretativo.

CONCIERTO VARIADO
El repertorio varió desde canciones más lentas y emotivas como
Se dejaba llevar por ti o El sitio de mi recreo, a otras con ritmo más roquero, como La última montaña o Pueblos blancos.
El solo de guitarra más refinado de Vega en la noche fue en esa última, cuando los músicos lo dejaron solo con su solo varios minutos, manteniendo una intensidad envolvente.

Después anunció la entrada de cuatro instrumentistas de viento para dar más fuerza a la última parte del concierto.
Durante todo el concierto Vega mostró una gran versatilidad, cambiando muchas veces de guitarra y manteniendo siempre una solidez musical que contrastaba con su apariencia de fragilidad física.
Sobre el final del concierto - antes de los bises- Antonio se animó incluso a bailar y a estimular al respetable al ritmo de la música en
Cada sombra en la pared, jugando con la concurrencia y con sus músicos.
Océano de sol puso el punto final al concierto antes de los obligados bises con otro solo muy logrado de un Vega con guitarra roja particularmente grande.
Su actuación culminó con dos bises muy intensos en los que cantó en todo momento con la misma gran guitarra roja sobre su pecho.

El primero de los dos últimos temas fue la popular La chica de ayer, presentada por Antonio como “una para que cantemos todos”, y en la que se lo vio muy emocionado, aunque tranquilo, demostrando que no perdió las tablas ni el talento pese a los cuatro años lejos del público.
El final de este concierto que nos hizo reencontrar con el mejor Antonio Vega fue Llena de papel, tras la cual el público puede haber, tranquilamente, pensado en que hay Antonio Vega para rato, veinte años después de sus apasionados y agitados ochenta.

Foto: FT.

domingo, abril 26, 2009

El Zar de Vallecas

Petia Petrov posando con su mamá ante la placa de su peña, en Vallecas.
Foto: FT.

Petr Petrov, Petia, llegó a los 16 años a España desde Stravopol, en el sur de Rusia, cerca del Cáucaso, y desde entonces se dedica a un trabajo que ni siquiera tiene su correspondiente codificación en la lista de ocupaciones de la administración: boxeador.

Con 24 triunfos, dos empates y dos derrotas, podría aspirar a ser campeón de España de la categoría superpluma (entre 57 y 59 kilos), pero aún no tiene la nacionalidad española, por lo que no puede competir por ese título. Todos los nacionales de un país que no haya sido colonia española necesitan diez años de residencia legal en España para poder solicitarla. Los ciudadanos de países latinoamericanos que alguna vez fueran colonia española, al igual que Guinea Ecuatorial y Filipinas, sólo necesitan dos años.

Ahora que ha cumplido los diez años en España, Petia comienza el trámite de nacionalidad, que puede tardar entre un año y medio y tres años. Mientras tanto su padre, que vive en Rusia, intenta moverse para que tenga la posibilidad de competir por el título de su país.

Sin embargo, aunque no tenga aún la nacionalidad española, Petia ya es considerado un vallecano más, lo que queda demostrado por el hecho de que los miembros de la Asociación Cultural Rompe y Rasga, Grupo Castizo de Chulapos de Madrid, de Vallecas - uno de los barrios más tradicionales de la capital - hayan decidido que este centro sea la sede de su primera peña de aficionados.

Así, entre chotis y pasodobles, cervezas y picoteo, y una pantalla gigante en la que se proyectaban fragmentos de sus peleas, quedó fundada la primera Peña Petia Petrov "El Zar".
Los seres humanos siempre estamos más adelantados que nuestras leyes y nuestra burocracia. Por ejemplo, un amigo suyo, Luciano Cuello, argentino y de La Plata, que peleó en México contra Julio César Chávez Jr., el hijo del multicampeón mexicano, no pudo venir a entrenar para ese combate a España porque no le permitieron la entrada por cuestiones de papeles. Fue entonces Petia quien viajó a Argentina para ayudarlo a entrenar. Aunque después fue a él a quien no dejaron entrar a México por motivos similares. (La actuación de Cuello, aunque perdiera por puntos, fue muy elogiada en el país azteca, en una pelea que fue seguida con preocupación por el mítico Chávez padre). Otro amigo y colega de Petia, Gabriel Campillo, es un negro alto con pinta de dominicano quien, cuando le pregunto de dónde es me dice que de Madrid, que nació aquí.

Así que hoy escribo de esto porque me gusta que, de vez en cuando, el sentido común venza a la estupidez. Porque me parece estupendo que una asociación cultural tradicional de Madrid reconozca como uno de los suyos a un ruso que es tan madrileño como cualquiera de nosotros, que también somos madrileños aunque seamos americanos.

viernes, abril 24, 2009

Los verdaderos protagonistas

Mi nombre es nadie. El viaje más antiguo del mundo es el título de un libro con cuatro CDs de audio, con treinta reportajes radiales dedicados a esas personas que arriesgan su vida lanzándose en precarias embarcaciones, desde diversos países africanos, para llegar a España, donde consideran que tendrán más posibilidades de lograr una meta sumamente ambiciosa: cumplir sus sueños. Más ambicioso es, de todos modos, el hecho de lanzarse a tal viaje arriesgando seriamente su vida.
Una gran obra periodística que, como los mismos autores explican, incluye una introducción para explicar quiénes son los africanos, qué es África, por qué se van, cómo llegan, describe los lugares por lo que pasando en su viaje, los último puntos de partida hacia Europa, el papel de la familia, las asociaciones que intentan que se respeten sus derechos, la especial situación de las mujeres y los menores, las mafias, la actuación de los gobiernos y las autoridades, los regresos y las repatriaciones, la vida de los que llegan, y por supuesto, historias individuales.
Sus testimonios, un rosario de engaños, estafas, violencia y atropellos por parte de los patrones de los barcos y de las autoridades de los diferentes países - en el caso de las mujeres se añaden los abusos sexuales -, permite ponerles una identidad y conocer a fondo un fenómeno del que permanentemente recibimos noticias superficiales, cuyos protagonistas vemos a diario en las calles - aquellos que lograron llegar, que no cumplen sus sueños, pero que no quieren volver a su país - pero del cual sabemos muy poco. Casi nada.
Las fotografías son de Juan Medina, argentino universal, compatriota y compañero, posiblemente quien mejor ha retratado el drama de quienes llegan a España procedentes de países africanos en una odisea en la que se juegan la vida. Y de quienes no llegan pero sí el que fuera su cuerpo, aunque sea para que sea retratada la brutalidad de este asunto.
En una ocasión, Juan me decía, hablando de un premio ganado por un colega de quien yo destaqué cierta valentía para meterse en sitios poco recomendables en busca de las mejores imágenes: "Pero eso no importa".
- ¿Y qué importa?
- Los que salen en las fotos.
Comparto absolutamente ese punto de vista. El periodista no importa. Importan los que salen en las fotos. Desprecio a aquellos colegas que se creen más importantes que los protagonistas de sus historias.
El elogio de esta obra no debe hacernos perder el norte: lo que importan son los verdaderos protagonistas. Aunque los autores de este libro se llamen Carla Fibla y Nicolás Castellano. El cometido de estas producciones periodísticas no es el éxito de sus autores, sino algo mucho más simple e importante: dar voz y poner nombre, dar una identidad, a los protagonistas de sus historias.

domingo, marzo 08, 2009

Cualquier miércoles soy tuya, de Mayra Santos-Febres

La novela Cualquier miércoles soy tuya, de la puertorriqueña Mayra Santos-Febres, cuenta la historia de Julián Castrodad, un periodista que se queda sin empleo en un periódico y empieza a trabajar en un motel de citas en San Juan de Puerto Rico. Alrededor del tronco argumental se vertebran historias que retratan el día a día más real y lacerante del Caribe: yolas que llegan desde República Dominicana desafiando a los tiburones, inmigrantes ilegales haitianos y dominicanos, tráfico de drogas, cárceles estadounidenses, corrupción, marginalidad, y, como casi todas las novelas en las cuales su protagonista es un periodista con ambiciones de escritor, las tribulaciones de Julián sobre su trabajo, su obra, su vida, sus parejas, el sexo: la vida.
La novela es un excelente fresco de la realidad caribeña, contada desde la primera persona de Julián, con un ritmo ágil y atrapante que nunca va en desmedro de la intensidad y la solidez de sus contenidos. En ningún momento el punto de vista masculino cae en la inverosimilitud ni en lugares comunes, un gran logro para una escritora mujer.
En la edición que leí, de la casa editorial Mondadori, se lee en su contratapa un párrafo de la novela que reza: "Su boca jugosa guardaba dentro saliva con sabor a frutas a punto de pudrirse, algo así como el sabor de una papaya pasada de fecha, pero por lo mismo lista para convertirse en un buen dulce de conserva. Seguí degustando el sabor de la boca de aquella mujer quién sabe cuánto tiempo."
Eso podría hacer pensar a posibles compradores del libro que estamos ante una típica novela ambientada en el Caribe llena de escenas de sexo en la que el imaginario vulgar primermundista sobre esta región campeará a sus anchas, lo mismo que denota la imagen que ilustra su tapa, la de la morena que embellece esta entrada. Sin embargo, la única protagonista sexual de esta novela no es negra, sino blanca, y los principales motores de la historia son el padecimiento, las injusticias y la lucha por una vida mejor, no el placer.
"Entonces esto es un engaño", dijo mi amigo Cristian Vázquez, periodista argentino que todos los días actualiza su blog, en referencia al texto de la contratapa y a la imagen de la tapa. Sí, es un engaño comercial. Quizás positivo: quien compre este libro buscando un pasatiempo liviano de lleno de sensualidad chirle y literatura barata se encontrará con una excelente novela. Aunque, por otra parte, también podría ahuyentar a un posible lector más exigente, privándolo del placer de esta obra.
Así que cabe plantearnos si este tipo de estrategias comerciales valen la pena, aunque echen por tierra la coherencia entre la presentación de un libro y la obra en sí.
Pese a estas cuestiones superficiales, recomiendo vehementemente la lectura de este libro a cualquier persona interesada en el Caribe, en pasarse un buen rato leyendo una historia muy bien escrita y, en definitiva, a los amantes de la literatura. Una demostración de que una obra sólida y con contenido no tiene por qué ser un esfuerzo insufrible para el lector.

martes, marzo 03, 2009

¡¡¡Yo no fui!!!

Como esta entrada va de cordobeses, y de mi amigo Luciano, pongo una foto bebiendo ferné en una jarra de Talleres en su propia casa
Recuerdo que en la escuela era un chico bravo (de esos de los que se decía "¡Qué chiquito bravo, este, che!"), solía ser algo difícil para las maestras que no me sabían llevar, pero también fui muy injustamente perseguido por las malas profesoras. Aún guardo por ello cierto resentimiento, pero se me pasa cuando pienso en las profesoras que me comprendieron y me trataron bien (como correspondía, o sea).
Escribo esto así porque fue lo que me vino a la cabeza después de poner el título de esta entrada.
He decidido escribirla porque hace mucho que no actualizo el blog y ha ocurrido un episodio gracioso que me sirve como excusa para poner algo y no comerme demasiado la cabeza con la calidad de la entrada, su contenido, su originalidad, y demás futilidades.
Resulta que mi amigo y fotógrafo Luciano Menardo recibió de mi parte, años ha, un correo electrónico de esos graciosos que andan dando vueltas por ahí. No suelo mandar esas cosas, pero hace años, cuando lo hice, se ve que era más propenso a tales actividades. Además el texto no carecía de gracia (ni de posibilidades), como se comprobará en breve.
Resulta que mi amigo y fotógrafo Luciano Menardo, con la gran imaginación que lo caracteriza (es un talentoso artista multifacético: literatura, música, fotografía), creó un hecho: que yo estaba escribiendo un tratado de gramática cordobesa. Y ese tratado era el que yo mandaba en el mencionado correo electrónico.
Así se lo transmitió a su amigo Alejandro Rozitchner (autor de un blog seguido por mucha gente; columnista televisivo; autor de libros; amigo de personas importantes como el propio Luciano Menardo, Andrés Calamaro o Tomás Abraham; músico que tiene una banda con Juan Acosta, el actor; padre de niños) quien lo publicó en su ultraleído blog, previa autorización de Luciano Menardo, el creador, mi amigo, también padre.
He aquí una breve historia del asunto, pasada mi pesada introducción.
Recibo mail de mi talentoso amigo Luciano Menardo:
"Hola Feli. Hace como tres años le envié un escrito tuyo al Alejandro Rozitchner y parece que lo encontró recién ahora. Ayer él me preguntó si lo podría publicar en su blog y yo supuse que te agradaría la idea y le dije que sí. Espero que no te moleste. Nos vemos."
Aquí está la entrada en el blog de Alejandro Rozitchner.
A mí para nada me molestó, al contrario, me encantó y la confusión me resultó divertida. Pero una vez más, como me sucedía de niño en la escuela, me vi compelido a declarar, a grito pelado: "¡¡¡Yo no fui!!!".
Así que le escribí a Alejandro Rozitchner que pusiera eso, por favor.
"Estimado Alejandro, Es un honor para mí que me cites en tu blog, y una gran forma de promoción, gracias a tu popularidad en el mundo virtual. Ahora tendré 20 visitas por día en el blog, no las 4 o 5 de costumbre. (Normal, si no lo actualizo nunca) Pero ese texto no es mío: Luciano tiene una imaginación tan poderosa que me atribuyó la autoría de un texto que sólo es uno de esos mails que andan pululando por internet, que me pareció gracioso en su momento y que envié a mis amigos. Ni me acuerdo de dónde lo saqué. ¿Podrías hacer una modificación en tu post para que no aparezca yo como el autor del texto? (No por nada en especial, sino simplemente porque no lo soy). Gracias, che. Un abrazo, Feliciano".
A eso, él me respondió:
"Aclarado Saludos Alejandro".
Y de hecho, hizo en su blog las aclaraciones pertinentes. Es que en materia de creación artístico-literaria, no me gusta quedarme con lo que no es mío. En otras materias, sí, como todo el mundo.