martes, diciembre 11, 2007

El chandalero, los negros y la señora china


19:27 Hora pico en el metro de la línea 10 antes de la estación de Batán. La gente viene estresada del trabajo, apretujada, en el ambiente de sofocante encierro se entremezclan perfumes y aromas de mujeres, y olor a sudor acre de hombres.

De repente, pero muy de repente, un chaval de chándal de unos 16 años salta de su asiento y le asesta, a una señora china de aproximadamente 40 años, una brutal patada en plan karateca que la estampa contra una de las puertas del metro.

La señora queda tirada en el piso, y tres negros africanos grandotes que vieron la agresión toman al chaval del cuello, de los brazos, de donde sea que lo hayan agarrado, y con gran exaltación debaten qué hacer con él, mientras la noviecita del chaval, también de chándal, con un piercing dorado sobre su labio superior y bastantes joyas de similar estilo, grita que no le peguen, que es menor. Los pasajeros miran, hablan entre ellos, dicen cosas, íntimamente a la mayoría de ellos les gustaría que el chaval se lleve una buena paliza, pero nadie se quiere meter en un problema que no es suyo.

19:28 Uno de los negros mira a la señora china y observa que la cara se le comienza a hinchar por el golpe contra la puerta. El grafismo de la violencia termina de sacar de quicio al negro, que le arrebata al chaval a uno de sus amigos y toma la justicia por su mano: le revienta la cara contra el cristal de una puerta, que se resquebraja, entre los gritos histéricos de la novia.

19:29 Desconozco los sistemas que tienen los vagones de metro para que el conductor se entere de lo que pasa, pero el tipo enseguida aminoró la velocidad y anunció por los altavoces: “Se informa a los señores pasajeros que debido a incidentes ocurridos en uno de los vagones de este tren, vamos a entrar lentamente en la estación de Batán, a donde espera la policía”. La tensión duró alrededor de un minuto, y los tres negros se apostaron frente a la puerta, listos para salir corriendo en cuanto se abriera para no ser atrapados por la policía.

19:30 Las puertas se abrieron y los negros no salieron corriendo, aunque sí a paso firme, sin mirar a los canas. La gente no dijo nada porque no quería meterse en quilombos que no eran de ellos. La novia del chaval estaba más preocupada en decirle a los canas que el pibe era menor y que lo llevaran al hospital que en continuar la movida con los negros. Seguramente era lo mejor para todos. La policía tomó declaraciones a algunos pasajeros y, por supuesto, a la pobre señora china. Se desconoce el posterior desarrollo del caso.

En España pasan cosas como ésta, pero en realidad, proporcionalmente, son muy pocos los incidentes entre inmigrantes y españoles.

Indudablemente el chaval merecía una reprimenda, pero la violencia no soluciona nada: ¿Qué pasará si este chaval y su pandilla (que por desgracia supongo que existen altas probabilidades que sean un atajo de descerebrados como él) se cruza con algún negrito más joven por ahí, sea un negro 'puro' africano o un mulato dominicano?

De todos modos, lo más habitual es ver a inmigrantes y españoles perfectamente integrados. La interacción en los ámbitos laborales, escolares, académicos o de esparcimiento lleva a que la gente pueda entenderse y acercarse a partir de las cosas que tienen en común, que vistas con un poco de optimismo siempre son más que las que los separan. Incluso creo que el temperamento español en general, más abierto que el de los países del norte de Europa (resalto: temperamento, no mentalidad), favorece la integración de todos.

A veces aparecen tarados como el chaval del chándal que rompe de una patada todos los esfuerzos de acercamiento entre las personas. Pero no pasa a menudo.

2 comentarios:

Yaiza Santos dijo...

De acuerdo con que en mi país no hay demasiados problemas de integración. Pero sospecho y temo que es sólo por ahora. En España, donde se cambió la aristocracia de sangre por la aristocracia de las palancas (o polancas), ¿qué pasará, por ejemplo, cuando las siguientes generaciones inmigrantes quieran acceder a puestos acordes con sus previsibles estudios y los autóctonos lo sientan injusto?

elena dijo...

Una escena más que interesante, para reflexionar. Peri que caso tiene pensar que estos hechos no ocurren a menudo, lo cierto que existen y es detestable.
Pareciera que los gobiernos del mundo no ponen enfásis en medidas de integración racial, ni tampoco social.
Las medidas de seguridad para parar la violencia son la educación y el trabajo. No más represión porque esta provoca frustración y ésta es la generadora de la violencia.