lunes, diciembre 17, 2007

Otro chandalero que golpea a una extranjera en el metro

Viernes 14 de diciembre de 2007. Línea 6 de del metro de Madrid.

Un chaval español de unos 19 años, alto, rubio, ataviado con chándal, mantenía un intercambio de opiniones con un boliviano.

El boliviano venía con un amigo; parece que de trabajar.

Alguno de los dos (el español o el boliviano), pisó o empujó al otro, y hubo una discusión con una pequeña trifulca, con algunos golpes y empujones no demasiado violentos.

El chaval español estaba bastante enojado con el boliviano, que más bien lo que quería era evitar meterse en problemas, y el amigo del boliviano, también boliviano, se interponía entre ambos con palabras conciliadoras.

Un colombiano con un afeitado de esos medio dibujados que se hacen algunas personas de estética maquinera, y que conocía al español del barrio, intentaba mediar en el conflicto con palabras dirigidas al boliviano. Por ejemplo: “Te voy a romper esa carita tan linda que tienes”.

El otro boliviano también intentaba mediar, diciendo cosas como “hay que tenerse respeto” y se colocaba frente al español y al colombiano para evitar agresiones contra su amigo.

La situación era de mucha tensión, con todo el pasaje del vagón mirando, en hora pico, pero la violencia física no se salía de control. Alguna cachetada, algún empujón, nada más.

También un señor español de unos 60 años se cansó de la discusión y comenzó a mediar para que se dejaran de joder, y después de unas tres paradas de discusiones absurdas, el boliviano mediador se llevó a su amigo al otro extremo de la fila de asientos, frente a la puerta contigua, en un intento de que la situación se distendiera.

Cuando todo parecía calmado, el joven portador de chándal bajó en la estación de Usera, salió del vagón por la puerta de la discusión y se paró frente a la puerta donde estaban los bolivianos. Antes de que el metro cerrara sus puertas, le metió una patada bastante violenta en la espalda a Liliana, una chica ecuatoriana que venía de hacer las compras, haciéndola caer a ella y a su carrito a los pies de los bolivianos.

Los pasajeros miramos asombrados, pero ninguno hizo nada. Yo no tenía mi cámara conmigo y el móvil estaba apagado, por lo que no me daba tiempo de encenderlo para hacerle una foto al golpeador. Alguno de nosotros podría haber ido a darle una buena paliza al rubio chandalero. Ninguno lo hizo.

Liliana no quedó lesionada. Le pregunté si estaba bien y me dijo que sí, que no estaba dolorida, que lo peor fue el susto.

Cuando le conté la anécdota a una amiga , su opinión fue que el chandalero era un cobarde que le iba a pegar a mujeres, y además a una que iba con un carrito de bebé. Yo le dije que no, que el carrito era de la compra. Y me di cuenta de que al chandalero le hubiera dado exactamente lo mismo.

2 comentarios:

elena dijo...

El último párrafo de tu relato me puso la piel de gallina.
La semana pasada en un colectivo urbano ibamos mi niña y yo sentadas en el primer asiento y fui testigo de un acto de violencia social que me conmivió muchísimo: Cuando el semáforo dio rojo un hombre que iba en una moto insultó a otro de una camioneta éste se bajo de su móvil revoleando un cinturón destinado al hombre de la moto, de otro auto bajo un hombre para separarlos y recibió una trompada de su defendido, comenzaron una verdadera batalla, parecía contagioso y todos querían desatar su ira. Aferré contra mió a mi niña tuve la sensación de pánico, llegué a pensar que alguien sin motivo podía avanzar sobre nosotras, finalmente el colectivo esquivo la gigantesca pelea de todos contra todos. Una de las mujeres llamó desde su celular a la policia. A pesar de mi vergüenza que suelo tener en público grite por la ventanilla:"no puede haber tanta violencia". La sentí rozandome al ver los ojos de mi niña que me miraba con sus hermosos ojos, jamás experimente el significado de tan dulce inocencia que terminó calmandome.

meri dijo...

Suma y sigue!!! Es triste comprobar que cada día que pasa hay más casos como estos que nos cuentas..Siento verguenza por el trato que reciben los inmigrantes en mi país,me indigna que exista gentuza cobarde y ridícula que busca un pretexto para desquitarse con el indefenso, la pasividad de las autoridades, la impunidad de los agresores (pues algunos andan sueltos por las calles en busca de su próxima víctima mientras el agredido ha quedado postrado en una silla de ruedas para el resto de su vida, o lleva el miedo metido en el cuerpo de por vida..), el temor de la gente a levantarse de su asiento de mero espectador y mediar para que este tipo de situaciones cesen de una vez (aunque eso implique llevarse algún guantazo), pero creo firmemente que si todos nos "mojasemos" las cosas podrían cambiar. Ya se sabe aquello de que la unión hace la fuerza!!